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Defensa y lucha por la muerte digna

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Bélgica se convierte en el segundo país en despenalizar la eutanasia en menores

El parlamento belga fue el segundo en despenalizar la eutanasia en menores.

Estas últimas semanas la muerte y en concreto la eutanasia en Bélgica ha tenido grandes titulares en los medios de comunicación. El parlamento belga ha incluido a los menores de edad como sujetos a los que también puede afectar  la ley de eutanasia aprobada en 2002. La medida no ha sentado demasiado bien a ciertos sectores conservadores -por no decir reaccionarios-  españoles,  pero hay que reconocer que Bélgica tiene una vida democrática  de muchos años a diferencia de nuestra situación política. Pero, aunque no nos podamos comparar en lo que se refiere a la muerte digna, el nuevo paso que han dado nos obliga a pensar en nuestra propia situación. Y así debemos preguntarnos en qué situación estamos y qué pensamos.

Las dos caras de la muerte digna

La noticia de una muerte o de que un familiar,  un amigo está por enfermedad en sus proximidades no es algo grato. Y todavía es peor cuando hemos tenido la experiencia de que la muerte de un familiar ha sido poco digna por las circunstancias que le han rodeado.  No solemos  argumentar en la conversación ordinaria que tenemos derecho a una muerte digna, pero sí somos conscientes y deseamos morir cerca de los nuestros, hacerlo en paz y serenidad y a poder ser sin dolores. Por eso a veces decimos con cierta satisfacción que el enfermo, el anciano “se apagó con suavidad”. Y, aunque no lo digamos con esas palabras, sabemos en la práctica  que tenemos derecho a un muerte digna y deseamos que tal derecho se cumpla.

Pero el derecho a una muerte digna va algo más allá de lo que he dicho. En la ley de Autonomía del Paciente promulgada en 2002 se dice claramente que todo acto médico ha de tener el consentimiento del paciente  sobre el que se actúa ya que el paciente es dueño de su vida y de su salud. Pero esta autonomía que la ley reconoce en la práctica la retira cuando el enfermo llega a la fase del morir y ya no es libre para  determinar a su vida el tiempo y el modo de acabar; para morir y tendrá que atenerse al ritmo que marque la naturaleza de su organismo que es la que marcará el momento y el modo de morir. Pues bien, cuando la asociación DMD (Derecho a Morir Dignamente) habla de la muerte digna, se fija en las dos facetas que he explicado de la muerte digna y, como la segunda está hasta ahora  prohibida por el Código Penal, DMD lucha por el cambio legal y la conquista de la autonomía plena de la persona. Es lo que ha ocurrido en estas décadas en países europeos como Holanda, Bélgica, Luxemburgo; Francia está en un proceso de maduración  y la provincia de Quebec ha presentado en su parlamento un proyecto de ley regularizador de la eutanasia y el suicidio asistido...

Y nosotros, qué

Si nos preguntamos por España y las actuaciones eutanásicas, no podemos echar las campanas al vuelo a pesar de que países de nuestro entorno se han abierto o se abren a regularizar y legalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Recordemos que recientemente el parlamento belga ha ampliado la aplicación de la eutanasia también a los niños y adolescentes cuando tienen capacidad de discernir su situación y de desear libremente la muerte y esto con el consentimiento de sus padres.  Pero en nuestro país parece ser que por el momento nos encontramos en un movimiento de retroceso (véase el caso de la ley del aborto impulsada por el ministro Gallardón) y el ambiente conservador no propicia ni siquiera un debate abierto y público. Pero la sociedad está preparada para la eutanasia y se ha manifestado en diversas ocasiones  abierta a la regulación. 

En la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del año 2009 la sociedad  se muestra con madurez moral y política bastante superior a la que están demostrando los partidos y los políticos en el Congreso. La sociedad está preparada para la eutanasia lo mismo que lo hizo para comprender la ley de divorcio y para la libertad de tendencia sexual. Una ley reguladora que permitiera la eutanasia sería el reconocimiento de la autonomía del paciente para disponer de su vida, pero no supondría ninguna imposición legal; supondría únicamente la creación de un espacio de libertad donde cada cual actuaría según sus convicciones y libertad de conciencia. Ser autónomo en la vida significa poder ejercer la libre elección que es lo que ha ocurrido con otras leyes  y el ciudadano es libre para divorciarse o para formar pareja con una  persona del otro sexo o del  mismo sexo o lo sería –en el caso de la eutanasia- para marcar el tiempo de su muerte cuando se encuentra en unas condiciones trágicas por su enfermedad, sus dolores refractarios o por su fuerte invalidez. Por ello esto significa que no solo es ley de vida que tenemos que morir sino que es importante que como ciudadanos consideremos que la muerte es un asunto que merece nuestra atención y que no podemos dejarla en manos de otros si es que queremos una muerte digna.




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