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Un nuevo informe suspende la “débil” economía del conocimiento en Castilla-La Mancha

La monografía de la Fundación BBVA y el Ivie sobre la competitividad de las regiones sitúa a esta comunidad autónoma en los puestos más bajos

Las comunidades menos intensivas en conocimiento registran también "los menores niveles de productividad y renta"

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Europa Press

La economía del conocimiento ha permitido a las comunidades autónomas que la han desarrollado con mayor intensidad “resistir mejor la crisis en términos de renta, productividad y empleo”. Esta es al menos una de las conclusiones del estudio ‘La competitividad de las regiones españolas ante la economía del conocimiento’, dirigido por el investigador del Ivie y catedrático de la Universitat de Valencia Ernest Reig. El informe analiza la relación entre el uso del conocimiento que hace cada comunidad autónoma mediante el empleo de factores que lo incorporan, y su capacidad de generar renta y riqueza.

El informe de la Fundación BBVA y el Ivie,  articula la economía del conocimiento en torno a tres componentes principales: el capital físico de base tecnológica (maquinaria y, especialmente, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)), el capital humano de alta cualificación; y el desarrollo de actividades de I+D+i. Como en la mayoría de los estudios donde se incorporan variables relacionadas con las TIC, Castilla-La Mancha no queda en muy buen lugar.

A partir del estudio de los tres ejes básicos y del resto de factores que influyen en el desarrollo de la economía del conocimiento, los autores consideran un conjunto de variables que agrupan para construir cinco Indicadores Sintéticos de Competitividad: conocimiento y capital humano, innovación y TIC, factores de entorno, tejido empresarial, y resultados. El mapa resultante revela que solo tres regiones logran alcanzar un nivel alto en varios de los indicadores: Comunidad de Madrid, Navarra y País Vasco.

Intensificación "desigual"

Según el informe, en líneas generales, el uso del conocimiento se ha intensificado en todas las regiones españolas, pero de manera muy desigual, lo que explica sus diferentes desempeños tanto a la hora de reducir las consecuencias de la crisis como de reactivar la recuperación. Las diferencias en el peso de los activos basados en el conocimiento en el PIB regional tienen “una importante capacidad explicativa de las diferencias en el PIB por habitante”: a mayor empleo de capital humano y capital tecnológico, mayor productividad y mayor renta per cápita.

En productividad del trabajo destaca el País Vasco, con un nivel situado un 26% por encima de la media, seguido de Madrid, con un 19,8%. En el lado opuesto, las comunidades en las que la economía del conocimiento ha penetrado "más débilmente" -como Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura- presentan las cifras más bajas de productividad y renta per cápita.

El informe explica asimismo que a pesar de los avances en inversión y uso de las nuevas tecnologías, la economía española sigue estando especializada en sectores no intensivos en TIC, que generan más del 72% de la producción nacional. Además, está fuertemente concentrada a escala regional y de esa concentración se derivan algunos de los rasgos más diferenciadores de las “dispares ventajas competitivas de las regiones”.

Fuente: Monografía de Fundación BBVA sobre competitividad

Fuente: Monografía de Fundación BBVA sobre competitividad

Madrid es la comunidad en la que adquieren más peso esos sectores que usan ampliamente las TIC, aportando actualmente más el 40% del Valor Agregado Bruto (VAB) regional, lo que la sitúa claramente por encima de la media europea (35,3%). Por detrás de ella, solo en Cataluña y País Vasco los sectores intensivos en TIC consiguen acercarse al 30% del VAB y superar la media nacional de este indicador, situada en el 27% en 2015. Castilla-La Mancha ocupa el último lugar en este sentido.

Por otro lado, el estudio también se detiene en que el uso y aprovechamiento de las TIC requiere personas dotadas de los conocimientos y las competencias apropiadas. Por ello, la penetración en las regiones de la economía del conocimiento resulta condicionada por sus dotaciones de capital humano y la capacidad de sus empresas de atraer y retener talento. En este caso, Castilla-La mancha también ocupa el penúltimo  lugar.

El mejor aprovechamiento del capital humano depende de la existencia de un tejido empresarial que permita utilizarlo productivamente y para ello es determinante la formación de los empresarios y la profesionalización de la dirección de las empresas. El perfil educativo de los empresarios ha experimentado una gran transformación, pero todavía son minoría los que acreditan estudios superiores. También en este ámbito las diferencias regionales son significativas. Madrid (50%) País Vasco, Cataluña y Navarra (más del 40%) cuentan con los porcentajes más elevados de empresarios con titulación superior, mientras Castilla-La Mancha ocupa la última posición.

Finalmente, esta monografía concluye que a partir de la información proporcionada por los indicadores parciales para el año 2014, las regiones se agrupan en tres tipos de territorios según sus sistemas de I+D+i: las que tienen un alto nivel de innovación son Comunidad de Madrid, Cataluña, País Vasco, Comunidad Foral de Navarra y Aragón; las que disponen de un nivel medio son Comunitat Valenciana, Galicia, Castilla y León, Cantabria, La Rioja, Andalucía y Principado de Asturias; y las de nivel bajo son Murcia, Castilla-La Mancha, Canarias, Illes Balears y Extremadura.

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