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El vino orgánico une a más de una treintena de “familias”

La recién creada asociación Spanish Organic Wines acude a Fenavin como parte de sus primeras andaduras, después de asistir a Prowein el pasado marzo.

Su representante, Ignacio Bidegain, señala que los principales retos del sector del vino ecológico es el consumo interno en España.

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Vinos orgánicos expuestos en Castilla-La Mancha

A finales de 2014 se creó la asociación Spanish Organic Wines, que reúne a 33 bodegas a lo largo del país. Navarra, Cataluña y La Rioja acumulan la mayoría de los participantes, pero Castilla-La Mancha tiene también una de las más grandes, Mureda. La empresa es tan grande que en FENAVIN participa con stand propio, no con el colectivo de la asociación.

Después de asistir a Prowein en sus últimas fechas, la asociación ha decidido participar en FENAVIN no sólo como expositores, sino también dentro de las jornadas de exposición y difusión que organiza la feria. “Spanish Organic Wines: 34 bodegas familiares de todos los rincones de España estamos tejiendo una nueva cultura del vino” fue el título de la presentación de Ignacio Bidegain, representante de la asociación y sus miembros.

El principal objetivo del colectivo es, por supuesto, promocionar el vino ecológico producido en España. Y todo viene desde las familias, ya que todas empezaron como una iniciativa empresarial a “pequeña escala y artesanas” si bien algunas ya se han expandido fuera de estos términos. Bidegain explica que el mundo de la producción ecológica, con excepciones, parte de un trabajo más bien vocacional y artesanal que se ajusta más a la perspectiva familiar, más que empresarial.

El vino orgánico no es uno de los productos más solicitados en España, y esto los lleva a fomentar la exportación “por suerte o por desgracia”. El país es el primer productor mundial de vino ecológico, pero no es “ni de lejos” uno de los principales consumidores del mismo: el primero es Alemania. En este sentido, empresarios como Spanish Organic Wines debe apuntar a otro tipo de mercados, que llegan incluso hasta Japón o Estados Unidos.

¿Por qué no existe una cultura de consumo de vino orgánico? Ignacio Bidegain se aventura al señalar que falta una suerte de falta de conciencia de lo propio. “La paradoja estriba en que al ser un país netamente bodeguero, se cree que ya hay vino suficiente y la gente no piensa en las diferencias”, señala el navarro. Lo que puede aportar el vino orgánico es más cuidado, más mimo y la falta de químicos en la producción.

Las diferencias que ofrecen los productos ecológicos pasan por la falta de elementos sulfurosos, que pueden llegar a ser muy intensos en los vinos condicionales que finalmente acaba “por afectar la cabeza”, tal como afirma sonriente Bidegain. Sin embargo, en el caso de los vinos ecológicos, el sabor es limpio  al no haber pesticidas ni herbicidas en ninguna parte del proceso de elaboración. La gama de uvas que usan estas bodegas también son mucho más amplias, y juegan con una paleta diferente, por lo que el producto final puede llegar a ser más variado.

Bidegain puntualiza también que no es necesario ser un conocedor del vino para poder disfrutar de su versión orgánica, sino que basta con tener en cuenta los gustos del consumidor. Sin embargo, el representante de Spanish Organic Wines ha afirmado también que la sociedad actual nos ha llevado a “simplificar los gustos” para estandarizar la producción de los alimentos y las bebidas. “Es todo más dulzón, más simplón y salado” señala el navarro, pero el vino orgánico sólo necesita una “educación del gusto” para calar en el público.

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