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¿Es cierto que crujirse los nudillos provoca artritis?

José, socio de eldiario.es, nos pregunta sobre los posibles peligros de esta costumbre

Muchas personas adquieren el hábito de crujirse dedos y nudillos, así como muñecas y brazos sin que se conozca muy bien el origen del mismo

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Imagen: Jaysin Trevino

Imagen: Jaysin Trevino

José, un socio y lector de eldiario.es, nos escribe el siguiente correo: "El artículo de hoy [el martes pasado] sobre la onicofagia me lleva a preguntarles sobre el hábito de crujirse los nudillos: ¿puede afectar a las articulaciones o causar algún tipo perjuicios severos? ¿A partir de qué frecuencia o tiempo? ¿Qué puede hacerse para eliminar tan persistente hábito una vez adquirido?".

Pequeñas explosiones

José se refiere al hábito que tienen algunas personas de hacer crujir las articulaciones de sus dedos y sus nudillos, así como las muñecas o incluso los codos, y que molestan a otras personas. Tradicionalmente se le ha achacado a este hábito la responsabilidad de futuras artritis, enfermedades de inflamación y dolor de las articulaciones en edades avanzadas.

El chasquido que produce esta costumbre, curiosamente, no es provocado por ningún fenómeno físico de roce entre huesos, o hueso y cartílagos, sino por un fenómeno de oclusión y liberación de gases. Tal como suena: el ruido que se da al crujir un dedo no es en realidad un crujido sino una expansión gaseosa, una pequeña explosión, debida a la reducción del espacio en la bolsa sinovial que hace de cojinete en cada articulación. 

En otras palabras, al 'crujir' la articulación, apretamos la bolsa con el líquido sinovial dividiéndola en dos, de modo que los gases que contiene -sobre todo nitrógeno, oxígeno y CO2- se ven empujados fuera de la solución líquida y salen de esta con una pequeña explosión. En realidad son dos simultáneas, una por cada división de la bolsa. Después, al regresar la bolsa a su posición inicial, los gases volverán a disolverse en el líquido en el término de una media hora.

El siguiente vídeo explica el proceso:

Los fisioterapeutas lo desaconsejan

Así que no: el crujir las articulaciones no provoca desgaste en la zona donde se aplique y por tanto en un principio no se le puede achacar a este hábito la responsabilidad de futuras artritis. No obstante, los colegios de fisioterapeutas de Catalunya, País Vasco, Galicia, Madrid y Navarra lanzaron en 2016 un vídeo en el que recomendaban evitar o eliminar esta práctica porque además de liberar los gases de la bolsa sinovial, al 'crujir' la articulación forzamos ligeramente tendones y ligamentos.

Si tenemos este hábito muy pronunciado, este ligero y continuo 'forzar tendones y ligamentos' se puede convertir en una deformación crónica de estos elementos de la articulación que la desestabilicen y le hagan perder fuerza. Al perder estabilidad y fuerza, las molestias en la articulación nos pueden llevar a hacernos crujir más los dedos para aliviar las molestias y finalmente sí podríamos incurrir en inflamaciones crónicas.

Este es el vídeo de los colegios de fisioterapeutas

El vídeo también incide en que otra cosa es que un profesional nos haga crujir una articulación porque esté inflamada o fuera de sitio y de este modo se recoloca y se libera la tensión que sufría, lo que genera alivio. De este modo, detrás de esta costumbre podría estar algún dolor o inflamación latente. Es decir que más que provocar artrosis, el hábito indicaría síntomas de futuros problemas.

Sin evidencia científica

Sin embargo, no hay evidencias científicas de esta teoría y de hecho los pocos estudios que hay al respecto indican que no se puede establecer relación entre el hábito de crujirse las articulaciones y a artritis. En 1975 Robert Swezey estudió el estado de los nudillos de 28 ancianos aquejados de la costumbre desde edades tempranas y no encontró un significativo desarrollo de artrosis más allá de la media estadística.

Por otro lado, el científico Donald Unger se utilizó a sí mismo en un experimento que duró 60 años, para probar sí el crujir de nudillos provocaba artritis, tal como le repetían su madre y su abuela. Unger se hizo crujir regularmente los nudillos de la mano izquierda mientras que dejó tranquilos los de la derecha. Finalmente comprobó que no había desarrollado artritis y publicó el estudio con todo rigor en una revista de la Sociedad Estadounidense de Reumatología. El mismo le valió un premio IG Nobel por lo absurdo del estudio.

Finalmente estudios de la Universidad de Harvard y de la Johns Hopkins, entre otros, desmienten a los fisioterapeutas y dictaminan que el crujir los nudillos no se puede relacionar, de momento, con la artritis ni con ningún problema articular en la tercera edad.

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