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Alérgicos primaverales: 14 consejos para sobrevivir a 'la estación del amor'

Se calcula que las alergias primaverales, principalmente al polen, afectan al 30% de la población y en diez años alcanzarán al 50%. 

El asma, cuyo día mundial se celebra hoy, es una de las principales consecuencias.

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Foto: Brooke Novak

Foto: Brooke Novak

Para muchas personas la primavera es símbolo del despertar de nuevo a la vida en el exterior tras los rigores del invierno: el día se alarga, el calor aumenta paulatinamente y el campo se llena de verde y flores. En consecuencia recibimos más sol, lo que aumenta los niveles de vitamina D en nuestra sangre, así como de endorfinas y testosterona.

El resultado es un aumento del deseo sexual que hace que numerosos poetas hayan dado a conocer la primavera como 'la estación del amor'. Este hallazgo de la lírica queda más o menos corroborado por los datos de la Asociación Estatal de los Profesionales de la Sexología (AEPS) de España, que asegura que a partir de marzo su clientela aumenta en un 20%.

El suplicio nuestro de cada año

Sin embargo, no pocas personas podrían suscribir el verso de inicio del poema 'La tierra baldía' de T. S. Eliot que reza: "Abril es el mes más cruel". Para aproximadamente una tercera parte de las españolas y españoles, la primavera se traduce en un suplicio de escozor de ojos, la nariz llena de mucosidades, dificultades para respirar, oídos tapados, mal descanso nocturno y, como consecuencia, dolores musculares y cansancio que puede acabar en una ligera depresión estacional

Foto: Pixabay

Foto: Pixabay

Este grupo de afectados, que varía según la zona y la vegetación que les rodee, son los llamados alérgicos primaverales, que ya suman un 30% de la población y crecen año a año espoloneados por la polución, la alimentación incorrecta y el empobrecimiento de la flora intestinal entre otras causas. Se calcula que para 2025 puedan llegar a ser alérgicos en algún grado a la primavera, que es lo mismo que decir al polen, el 50% de las personas del Estado.

Polen, ese pequeño bastardo que nos atormenta

El polen tiene la culpa del 80% de las alergias primaverales y además activa la sensibilidad para sufrir el otro 20% de ataques autoinmunes. Es decir, el polen, esos cuerpos microscópicos tan necesarios para la perviviencia vegetal y la sostenibilidad del planeta, es el enemigo con el que tenemos que aprender a convivir tanto los que habitamos en el campo como en las ciudades.

Su agresividad varía según la planta que origine la alergia y las concentraciones de la misma, y además no afecta igual a todas las personas; a algunas apenas les provoca estornudos y otras incluso pueden sufrir un choque de asma o una conjuntivitis severa. Para acabar de liarlo todo, solo un 10% de las personas alérgicas lo es a un único tipo de polen: no hay escapatoria. 

Foto: Dartmouth Electron Microscope

Foto: Dartmouth Electron Microscope

De todos modos, se considera que el más agresivo es el de los olivos -sobre todo en Andalucía, Castilla La Mancha y Extremadura-, seguido de las gramíneas -en toda la península- y los plátanos de sombra -árbol por antonomasia de las capitales españolas. Después viene el polen de la parietaria -una planta de los caminos y muros frecuente en el litoral mediterráneo y Canárias- y en la cornisa cantábrica y Galicia el de los abedules.

Cada uno tiene su periodo de floración y polinización anemófila, es decir mediante el viento, que es el que hace que el polen flore ante nosotros. La mayoría van de marzo a mayo, aunque las hay que florecen en enero y febrero, como es el caso de los cipreses, y conviene consultar en la página de la Sociedad Española de Alergología cuál es la previsión de niveles de polen cada año, así como el recuento de pólenes por provincia.

14 consejos para aminorar la alergia primaveral

  1. Evitar la naturaleza en épocas de polinización de la planta que nos afecta. En las web antes comentadas podemos conocer los niveles de polen y así evitar llevarnos un disgusto.
  2. Si tenemos alergia por contacto, algo no tan frecuente,  evitemos cortar el césped o la hiedra, así como estar en jardines donde se pode.
  3. Los días de sol y viento no son idóneos para los alérgicos, pues la humedad es baja en el aire y ello favorece la dispersión del polen. Mejor quedarse en casa.
  4. En el hogar, sobre todo en las habitaciones y en contra de la norma, no ventilaremos o al menos evitaremos hacerlo en las horas de sol. Si acaso lo haremos al atardecer. Por la noche, aunque apriete el calor, cerraremos las ventanas. Además, no es mala idea humedecer la habitación con un spray antes de ir a dormir para hacer que el polen se precipite.
  5. Hay que aplicar la aspiradora con rigor en alfombras y moquetas, usando filtros HEPA antiácaros.
  6. Sacudiremos bien las cortinas, mantas o edredones de plumas y otros materiales que retengan polvo y los lavaremos con frecuencia.
  7. Los peluches, si tenemos hijos pequeños, también los lavaremos a menudo.
  8. Y nuestros familiares de cuatro patas -perros, gatos, conejos, etc.-, sobre todo si son de pelo largo, se abstendrán de entrar en las habitaciones durante la primavera, ya que en su pelaje es seguro que el polen se ha acumulado. No es mala idea en esta época lavarlos con algo más de frecuencia, dado que también frecuentan más la naturaleza.
  9. La ropa a la secadora y si no, en un tendedor dentro de casa; si la secamos fuera, será como un caballo de Troya: nos meterá el polen en casa.
  10. Si somos alérgicos nuestro aparato respiratorio estará más sensible y en consecuencia no debemos frecuentar ambientes contaminados de humo de tabaco.
  11. El dormitorio ha de estar una temperatura algo baja y seco, ya que los ácaros del polvo son muy persistentes -el polen puede aumentar la sensibilidad a ellos- y se multiplican mejor cuando hay una humedad del aire entre 75% y 80% y una temperatura de 21 °C o superior. Son escasos en lugares secos y mueren cuando la humedad del aire baja de entre el 40% y el 50%.
  12. No conduciremos con las ventanas abiertas y si vamos en moto lo haremos siempre con gafas de sol o la visera del casco bajada.
  13. En la calle, llevaremos unas gafas envolventes que nos eviten el contacto de los ojos con el polen, y si tenemos problemas respiratorios usaremos una mascarilla de pintor.
  14. No descartemos acudir a un alergólogo, ya que puede recetarnos un medicamento o vacuna que neutralice los efectos del polen y de paso haga que los pasos explicados anteriormente sean innecesarios. 

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