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Masajes de playa sobre la toalla: seis razones para rechazarlos

Los masajes en plena playa aplicados por personas no profesionales pueden tener diversas consecuencias negativas para nuestra salud. 

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Foto: Angelo Juan Ramos

Foto: Angelo Juan Ramos

Este año también: a pesar de las repetidas advertencias de cada verano, los masajistas ambulantes siguen presentes en las playas de la mayor parte de España. Se trata de personas sin formación que recorren la arena en busca de clientes ociosos y desinformados a los que vender un servicio aparentemente barato y lúdico. El precio medio de un masaje improvisado suele ser de un euro por minuto y su duración, de unos 20 minutos. 

Es decir que, por 20 euros, tenemos un servicio que aparentemente nos relajará el cuerpo y la mente. Sin embargo, de nuevo lo barato puede salir caro, incluso muy caro. Los masajes playeros no profesionales comportan numerosos riesgos derivados tanto de la falta de condiciones que ofrece el entorno como de la poca profesionalidad de quieres prestan el servicio. A continuación se enumeran seis razones para no aceptarlos.

1. La higiene es cuando menos dudosa

Las personas que prestan estos servicios suelen ir de bañista en bañista masajando las distintas partes del cuerpo de estos. En este sentido, actúan como vectores infecciosos muy activos, llevando de unos a otros posibles enfermedades contagiosas de la piel o las mucosas. Si a un cliente le manipulan profusamente los pies, zona muy frecuente de infecciones por hongos, en otro pueden aplicarse en la cabeza, llegando a tocar los ojos o los oídos y transmitiendo posibles infecciones. 

Los masajistas no solo no se lavan entre un cliente y otro, pues no tienen agua y jabón para desinfectarse, sino que además aplican aceites de masaje de origen no certificado, que pueden formar una película que acumule patógenos. Esta película se transmite de un cliente a otro, con los potenciales microbios dérmicos, y queda pegada y expuesta al calor, que puede hacerlos prosperar.

2. Se aplican sobre una piel ya sensible por la exposición al sol

Si el anterior punto es motivo suficiente para rechazar este tipo de servicios, cuando se tiene en cuenta que la piel del bañista ha estado, y seguirá estando, expuesta al sol, los riesgos aumentan. Una piel insolada está deshidratada y es más sensible a las agresiones y las fisuras por donde pueden entrar agentes patógenos.

El aceite que se aplica pretende tener un efecto reparador de la agresividad del masaje, pero como ya se ha comentado, la falta de higiene lo hace potencialmente más peligroso al facilitar la adherencia de los patógenos procedentes de las manos del masajista. Si además se mezclan de granos de arena, un agente altamente abrasivo, la posibilidad de lesiones cutáneas aumenta todavía más. 

Foto: Jean Francois Lucci

Foto: Jean Francois Lucci

3. No se dan las condiciones adecuadas

Un masaje profesional se da sobre una camilla acondicionada o una silla profesional, pero nunca sobre una superficie irregular como son los montículos de arena sobre la que se extienden las toallas. La manipulación corporal en estas condiciones no permite un control de las zonas afectadas por el masaje y aumenta el riesgo de lesiones.

Hay que tener en cuenta, además, que un cuerpo que lleva rato echado sobre la arena presenta cansancio muscular porque la irregularidad del terreno hace que unos músculos tengan que trabajar más que otros para mantener la postura. En tales condiciones, un masaje intenso dado por un no profesional sobre un músculo cansado puede provocar graves lesiones.

4. Nos los da gente sin titulación y por tanto sin conocimientos

Los masajistas ambulantes playeros son personas que no tienen ninguna titulación y probablemente tampoco conocimientos de anatomía humana como para dar este tipo de masajes, que suelen ser muy intensivos. Desconocen dónde deben aplicar la presión o si en el miembro que manipulan puede haber haber algún tipo de lesión susceptible de empeorar.

No se puede realizar el masaje si hay un proceso infeccioso o tumoral, fiebre, hernias o lesiones agudas o si se toman medicaciones como los anticoagulantes, pues al practicar maniobras agresivas hay posibilidad de crear hematomas por rotura de capilares. 

Foto: Gareth Williams

Foto: Gareth Williams

 

5. Son masajes intensos que pueden provocar o acentuar lesiones ya existentes

Este tipo de masajes suelen aplicarse con gran intensidad sobre la musculatura, más con el objetivo hipotético de relajar que con fines terapéuticos. Los masajistas pueden presionar inadecuadamente sobre hernias discales y zonas con problemas degenerativos de las articulaciones -en personas mayores de 40 años-, con lo que pueden agravar lesiones de carácter crónico o provocar elongaciones musculares o de tendones que nos obliguen, entonces sí, a acudir a la consulta de un fisioterapeuta profesional. 

6. Fomentamos la explotación de personas por parte de mafias

Si nos fijamos en las personas que dan este tipo de masajes veremos que son de origen asiático y que pasan en la playa muchas más horas de las que nosotros podríamos soportar al calor del sol. Podemos colegir de ello que no están por gusto y que sus condiciones son de explotación laboral, normalmente por mafias que les traen desde sus países de origen y les obligan a trabajar.

Aceptando este tipo de masajes justificamos este tipo de explotación y fomentamos su éxito económico, con lo que perpetuamos la injusticia que se comete con estas personas. Quizá sea ilusorio pretender arreglar esta situación mediante una denuncia, pero sin duda es un cinismo aprovecharse de ella sin más. Debemos ser conscientes de que el dinero que ganan los masajistas ambulantes playeros nunca va a parar a sus bolsillos sino al de sus explotadores.

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