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Préstamos personales: siete cosas en las que fijarse para no caer en cláusulas abusivas

Los préstamos personales aparentemente ventajosos pueden contener numerosas cláusulas, comisiones y penalizaciones que los pueden convertir en un mal negocio. 

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Los préstamos personales suelen esconder cláusulas, comisiones e intereses ocultos.

Los préstamos personales suelen esconder cláusulas, comisiones e intereses ocultos.

Deseamos cambiar el coche, el sofá, el televisor, el ordenador, el móvil o simplemente financiarnos las vacaciones y por ello pensamos en un préstamo personal. Los ofrecen en televisión, en la publicidad digital o incluso los anuncia nuestra entidad habitual cuando abrimos su aplicación bancaria: 3.000, 5.000 euros o incluso más. Parece un dinero fácil de verdad, que apenas costará devolver. Pero ojo...

Nadie regala dinero sin beneficio, menos, las entidades financieras y, mucho menos, los prestamistas. Tras los mensajes amigables, simplistas y que ponen tu objeto de deseo a pedir de boca, se esconden cláusulas, comisiones e intereses ocultos que si no sabemos detectarlos, nos pueden amargar el préstamo e incluso llevar a la ruina. Este artículo explica siete aspectos en los que debemos reparar atentamente para saber sí el dinero que nos quieren dejar tiene gato encerrado.

1. Las posibles comisiones

El anuncio de nuestra entidad bancaria normalmente nos dirá que nos presta el dinero en cantidades no muy grandes pero tampoco pequeñas, con un determinado interés que nos puede parecer razonable. Al fin y al cabo todos asumimos que debe haber negocio para que el préstamo sea viable.

Ahora bien, ojo a las comisiones, porque a veces las comienzan a aplicar solo por pedir información. No suelen gravar grandes cantidades por si solas -a veces proporcionales a la cuantía del préstamo, otras no- pero todas juntas, y se pueden aplicar varias, pueden hacer que no merezca la pena el dinero.

Las principales son las de estudio de la viabilidad, en las que pagas para que el banco decida si se fía o no de tus finanzas; comisiones de apertura, por las que pagas por el papeleo de apertura del préstamo, notarios si los hay, etc.; comisión de cierre anticipado, por la que, en caso de cancelar el préstamo antes de tiempo, debes pagar una compensación a la entidad, y comisiones por modificación de las condiciones.

Estas últimas se dan cuando pides cambios en los plazos o montos mensuales, algo que le sucede a muchas personas cuando se dan cuenta de que el ritmo de devolución es excesivo para ellas o las cuotas demasiado grandes. Puede que el banco le acomode el préstamo, pero a cambio de una penalización que resultará dolorosa. Lo mejor es estudiar muy bien el contrato, preguntar por estas comisiones y otras que pudiera haber antes de firmar ningún papel.

2. La contratación de servicios vinculados

Muchas veces, al conceder un préstamos, las entidades obligan a contratar servicios adicionales como seguros o  tarjetas de crédito o débito ligadas a un cuenta donde se deposita el préstamo o desde donde se paga. Son requisitos que no se publicitan en los anuncios, pero no son infrecuentes. Hay que estudiar qué comisiones y costes anuales implican estos servicios para saber si compensan las condiciones del préstamo.

3. La TAE

La TAE, que significa Tasa Anual Equivalente, es el indicador en el que deberemos fijarnos para saber si el préstamo merece la pena o no. Se trata de un cálculo que resulta de reunir todos los costes del préstamo y compararlos respecto al dinero que pedimos. Así, evalúa el total que se deberá pagar si se tienen en cuenta todas las comisiones y el resto de gastos.

Aunque muchos anuncios publicitan en grandes letras el TIN (Tipo de Interés Nominal), este índice solo calcula el precio al que hay que devolver el dinero prestado, pero sin añadir los gastos de la 'guarnición'. La TAE lo incluye todo y también debe figurar, por ley, en el anuncio: aunque esté en letra más pequeña, debemos buscarlo para poder comparar con otras ofertas que contemplemos. Además tiene la ventaja de que se calcula igual en toda la Unión Europea, lo que nos permite ampliar el rango de ofertas a entidades extranjeras.

4. Los intereses de demora

Los intereses de demora han sido durante mucho tiempo objeto de abusos por parte de prestamistas y entidades financieras. Y es que cada vez que el cliente no podía devolver a tiempo su cuota mensual, se aplicaban unos intereses desorbitados, de modo que entraba en una espirar de endeudamiento que podía terminar en la ruina.

Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo de 2015 estableció que los intereses de demora no podían superar en dos puntos al interés pactado en el préstamo personal. De otro modo, podría ser considerado abusivo y por tanto recurrible. Es decir, que si pactamos un 15% TAE, el interés de demora puede alcanzar un 17% de la mensualidad, no más.

5. Mucho ojo con los microcréditos

No son pocos los prestamistas que nos ofrecen créditos de 100 o 200 euros a devolver en treinta días a una cantidad de 130 euros, por ejemplo. Puede que nos sirva en un momento determinado, pero cuidado con lo que firmamos, porque esta deuda se puede multiplicar en pocas semanas y donde hubo 200 puede haber 1.000 euros. Los microcréditos escapan a la Ley de Contratos de Crédito al Consumo y por tanto a la sentencia del Supremo.

Suelen presentar una TAE enorme, a veces cercana al 4.000%, ya que el préstamo esconde numerosas comisiones. Además, los intereses por demora son salvajes y cobran por cada aviso que recibimos cuando nos retrasamos elevadas cantidades. La mayoría de microcréditos son abusivos, por lo que si no estamos seguros de poder devolverlos según lo pactado, mejor olvidarse de ellos.

6. Tenemos derecho a desistir

Una vez concedido el préstamo, podemos echarnos atrás y dejar sin efecto el contrato. Para hacerlo tenemos un plazo de catorce días desde el momento en que suscribimos el contrato o bien, si fuera posterior, desde la fecha en que recibimos las condiciones contractuales. La entidad no puede castigarnos y no tenemos obligación de explicar los motivos del desistimiento. Solo deberemos pagar el capital y el interés acumulado entre la fecha en que nos prestaron el dinero y la fecha en que lo devolvemos.

7. Un comparador, la mejor defensa

Una vez que contamos con toda la información sobre el préstamo (interés, comisiones, gastos asociados y, sobre todo, la TAE) podemos utilizar comparadores para saber lo que vamos a abonar realmente por el dinero que nos dejan y cómo varía la cantidad que vamos a pagar en función del tiempo en que devolvamos el préstamo. El simulador mostrará todas las posibilidades.

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