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Siete cosas a tener en cuenta al elegir una bicicleta plegable

Hay que tener claro cuándo, cómo y para qué usaremos la bicicleta si queremos acertar en la marca y el modelo que nos harán felices.

Ni todas las marcas ni cualquier modelo dentro de cada marca tienen por qué adaptarse a las necesidades de cada usuario. 

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Imagen: Joyce cory

Imagen: Joyce cory

Comprar una bicicleta plegable demasiado barata puede ser un error tan lamentable como pagar de más por un modelo que supera nuestras expectativas y objetivos. Una bicicleta barata puede acabar saliendo cara si no puede  llevarnos de un punto A a otro B sin excesivas complicaciones y sin deformarse o romperse por las soldaduras.

Del mismo modo, la bicicleta más cara -y en materia de plegables los precios pueden subir mucho- puede ser un derroche si lo único que queremos es salir a pasear ocasionalmente. Para eso tenemos una infinita gama de modelos baratos que además podemos guardar en la calle sin que nos los roben. 

Hay que tener en cuenta, además, que las plegables están pensadas para circunstancias atípicas: caber en los sitios más inverosímiles,  poderse llevar plegadas, etc.  En consecuencia, a la hora de escoger una plegable, deberemos ponderar los factores que afinarán nuestra elección. Los siguientes son a nuestro juicio los más importantes por los que deberemos preguntar al vendedor

1. El peso

El material con el que se hacen las plegables -que a pesar de ser más pequeñas suelen ser más pesadas que muchas compactas- puede afectar a su transportabilidad. Las queremos para guardarlas en casa, en el cine, en la oficina, etc., y esto implica que en algún momento deberemos plegarlas y arrastrarlas, aunque sea en tramos cortos, y entonces notaremos el peso.

El peso medio va desde los 9 kilogramos de la Brompton más ligera a los 14 kilogramos de los modelos más pesados, como el modelo Hoptown que vende Decathlon. Obviamente menos peso significa más tecnología y precio final. Pero si no tenemos necesidad real de moverla plegada, por ejemplo porque nos cabe en casa o en el ascensor extendida, podemos optar por modelos de más peso si queremos ahorrar dinero. 

Imagen: Flurin

Imagen: Flurin

2. El tamaño

Consideramos el tamaño tanto extendida como plegada en este tipo de bicicletas por diversos factores. El primero es que modelos de pequeño tamaño, que se pliegan bien y no abultan apenas, pueden resultar extendidos demasiado incómodos para personas altas, que se sientan inestables o ridículas. Por lo tanto es importante medirnos en una bici extendida y ver qué tal nos vemos.

Del modo contrario, no valoremos solo el aspecto que damos o las sensaciones si necesitamos un modelo pequeño porque vamos a tener que guardarlo en casa, en el trabajo, llevar en el autobús, entrar en el ascensor, etc. Si nos prima la portabilidad, deberemos optar por el modelo que nos dé mejor resultado plegada, que quepa en el menor espacio y que muestre el menor peso.

3. El plegado

No es ninguna tontería el valorar el sistema de plegado de la bici en la propia tienda abriéndola y plegándola varias veces. Si lo sentimos rápido, sencillo, eficaz, estable, cómodo de transportar y somos de los que nos llevamos la bici hasta al ir al baño, ese es nuestro modelo. El plegado es uno de los factores que más suben el precio de la bicicleta, porque ahí juegan factores como los materiales, las soldaduras o el diseño general respecto a la respuesta al pedaleo.

Por lo tanto, si no tenemos necesidad de acarrear la bici a todos lados todo el tiempo -por ejemplo trabajamos en casa, nos cabe en el ascensor, no la llevamos a la oficina o nos la dejan entrar extendida, debemos relativizar el plegado y pedir que guarde unos mínimos estéticos, de comodidad y estabilidad. Ganaremos mucho en el precio final que paguemos. 

Imagen: Dahon North America Inc.

Imagen: Dahon North America Inc.

4. El cambio de marchas

Hay bicicletas plegables sin cambio de marchas, pero son altamente desaconsejables a no ser que pensemos en ir siempre en llano. El motivo es que el esfuerzo de pedaleo que hacemos con una bicicleta plegable es mucho mayor que el que realizamos con una compacta dado el diámetro de rueda, que aumenta mucho el vector de fuerza. Así que sin cambio de marchas, sufriremos mucho al mínimo desnivel y perderemos velocidad. Y no nos compramos una plegable para sufrir...

Ahora bien, hay cambios de marchas mejores y peores, y también más baratos o más caros. Los modelos más caros tienen cambios de marcha internos, mucho más estables y resistentes a las tensiones, pero los exteriores también pueden dar buenos resultados. Valoremos los desniveles que tendremos que afrontar, si solo usaremos la bici en trazados urbanos o también en senderos rurales, si la usaremos mucho, etc.

5. El diámetro de las ruedas

El diámetro de las ruedas determinará tanto la comodidad y tamaño de la bici una vez plegada, como el esfuerzo que hay que hacer en el pedaleo. Hay principalmente dos tamaños: 20 pulgadas y 16 pulgadas. Las 20 darán una bici plegada más armatoste, pero pueden dar mejor resultado en el pedaleo, en desniveles y en firmes irregulares, aunque de las bicicletas plegables no se pueden esperar grandes velocidades. 

Imagen: Flurin

Imagen: Flurin

Sin embargo, las ruedas de 16 pulgadas, si son de calidad y tienen una amortiguación adecuada, pueden dar buena respuesta y a cambio dan una bici plegada mucho menor y más manejable. Como referencia, las ruedas de las Brompton tienen siempre 16 pulgadas. A este respecto, es importante valorar también la presencia de amortiguación, que suele darse solo en las gamas altas, pues la notaremos a la hora de subir y bajar aceras o superar baches.

6. El precio

Como hemos dicho al principio, por poco más de 100 euros nos podemos comprar una castaña lamentable, y a partir de los 1.000 euros tenemos todo un mundo donde elegir, sobre todo en Brompton. Pero cuidado, que este no es un sector de blancos y negros. Por precios asequibles tenemos muchos modelos aceptables de marcas como Mizano, Tern, Benotto, Ori Bike, etc.

Por más precio podemos optar a gamas superiores como Dahon, con un gran número de modelos que van desde los 400 a los 2.000 euros, o Brompton en el top. Ahora bien, debemos ser conscientes de que una bici cara es objeto de deseo de todos los cacos de la ciudad y nunca jamás podrá quedarse aparcada en la calle.

La deberemos llevar a rastras a todos sitios e implorar en todos los bares, oficinas y cines que nos la dejen entrar. ¿Es eso lo que queremos? Quizá una algo más barata ni se pliega tan bien ni cabe en todos sitios ni pesa como una pluma, pero nos da la libertad de la despreocupación al dejarla en la calle. 

Imagen: Eric Santaona

Imagen: Eric Santaona

7. Que sea de tu talla

Parece broma pero no lo es: no te dejes llevar por la pasión por un modelo si eres un tío o una tía alta y grande. Puede que la bicicleta de tus sueños no se ajuste a tus medidas y para ir cómoda, por ejemplo, tengas que alargar la tija (tubo) del sillín demasiado, de modo que puedas deformarla. O que dado tu peso puedas acabar por romper las soldaduras... (en serio: no se necesita ser obeso para ello)

Ten en cuenta que en este tipo de bicis la suavidad de encaje entre las piezas es fundamental en el momento de plegarlas: tienen que coincidir perfectamente las unas con las otras. Además, soportan unas tensiones enormes en comparación con su pequeño chasis. Las bicicletas más baratas, como la Hoptown de Decathlon, no contemplan tijas para personas de más de 1,80 metros. A tales efectos deberemos ir a modelos más caros; léase Dahon o Brompton.  

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