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Reconocer a Palestina es un buen comienzo

Reconocer al Estado palestino es la forma de retomar un camino que debió haberse iniciado hace muchos años

No es definitivo, pero es un paso adecuado para garantizar el respeto del Derecho internacional y de los derechos de los palestinos por parte de Israel

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Cuando el Parlamento español vote el reconocimiento de Palestina, sus parlamentarios se enfrentarán a una pregunta muy simple: ¿Apoyan el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino o no? A estas alturas ya no quedan excusas para dilatar un reconocimiento que no es más que la reafirmación de la que ha sido la posición oficial de España durante décadas. Desde 1948 -o, si se prefiere, desde 1917 con la Declaración Balfour- el pueblo palestino ha vivido una tragedia debido a decisiones tomadas por la comunidad internacional. Por ello hoy se pide que sea la propia comunidad internacional la que asuma su responsabilidad para terminar con la ocupación israelí y lograr así la consolidación de dos Estados soberanos y democráticos, Palestina e Israel.

El reconocimiento de Palestina es un buen comienzo para asumir la responsabilidad que tiene la comunidad internacional. Sin embargo, no es lo único que debe hacerse. Reconocer a Palestina es un deber moral, legal y político para todos los países que han reconocido a Israel; un país que fue creado a través de una resolución de Naciones Unidas que hablaba de dos Estados, no solo de uno. Pero más allá del reconocimiento, la comunidad internacional, en general, y Europa, en particular, han fallado durante décadas a la hora de implementar sus políticas sobre el terreno. ¿A qué se espera para que los productos de las colonias ilegales israelíes no puedan entrar en los mercados europeos? ¿A qué se espera para que las empresas que participan directa o indirectamente de la colonización de Palestina sean sancionadas por tribunales nacionales? ¿Qué hace falta para que se condicione la continuidad del acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel al respeto por parte de este Estado de los derechos humanos, tal y como indica el propio art. 2 de dicho acuerdo?

Ciertamente, la ola de reconocimientos no ha detenido la cultura de impunidad garantizada por la comunidad internacional y que ha incentivado la violación sistemática del Derecho internacional por parte de Israel. Sin embargo, es un símbolo de cambio que probablemente haya de servir como momento de inflexión para que muchos países, 47 años después de iniciada la ocupación, hagan lo que deberían haber hecho hace décadas. Los palestinos, ya sea en el exilio o bajo ocupación, siguen viendo cómo Israel es tratado como un Estado por encima de la ley a pesar de sus violaciones. Reconocer a Palestina es, por ende, un gran gesto que va más allá de lo simbólico: es devolver en parte la dignidad a un pueblo que en 1948 lo perdió todo y que, poco a poco, ha podido levantarse ayudado únicamente por su perseverancia.

El secretario de Estado norteamericano John Kerry se reunió en Jordania con el rey Abdallah, con el presidente Abbas y el primer ministro Netanyahu. Como era de esperar, Israel lo recibió aprobando en la víspera 200 nuevas unidades en el asentamiento ilegal de Ramot, una de las colonias construidas para separar a Jerusalen Oriental del resto de Palestina (en este caso, con Ramallah). Las conversaciones se refirieron principalmente a cómo calmar las tensiones en Jerusalén. Netanyahu se comprometió a lo más fácil: respetar el statu quo de la Explanada de las Mezquitas y no restringir la edad de quienes pudieron rezar el viernes en la Mezquita de Al Aksa.

Pero, al parecer, no hay compromiso en respetar sus restantes obligaciones, tales como detener las colonias y reabrir las instituciones palestinas en Jerusalén cerradas desde el 2001. Si bien las tensiones se apaciguaron por un día en la ocupada capital palestina, la situación de vulnerabilidad de los palestinos en esta ciudad, así como la continuación de las ilegales políticas de colonización israelíes, permiten asegurar que la crisis no ha acabado. Lo que queda claro es que intentar detener con aspirinas ciertos síntomas de la enfermedad, como por ejemplo la violencia en la Ciudad Antigua, solo detiene parte del dolor por instantes, pero no ha de curarlo. Reconocer a Palestina es el comienzo de una cirugía mayor.

Un voto positivo por parte del Parlamento español el martes para el reconocimiento de Palestina es consistente con la lógica de dejar de tomar aspirinas. El reconocimiento no asegura el buen fin del tratamiento, pero ciertamente representa un comienzo alentador. Es de esperar que quienes dicen aspirar a que existan dos Estados, Israel y Palestina, entiendan que un cambio de rumbo es necesario. Se requiere un nuevo rumbo que dé esperanza a los esfuerzos diplomáticos y que aísle a quienes creen que pueden imponer una visión totalitaria que no respete los derechos de todos. Es tiempo de que todos asuman su responsabilidad. El reconocimiento es la forma de empezar.

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