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La Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina vuelve a cerrar el Carnaval

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La Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina vuelve a cerrar el Carnaval

La Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina vuelve a cerrar el Carnaval

Los Carnavales han llegado hoy a su fin y el desfile de la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina ha mantenido su vigente tradición para despedirse de Don Carnal, protagonista de las fiestas de carnaval, y dar paso a Doña Cuaresma.

Las viudas han compungido sus rostros entre falsos llantos y real alegría y se han vestido con sus mejores galas de luto para seguir esta centenaria tradición porque "no las podemos olvidar", han asegurado a Efe Luisa y Antonia, quienes pertenecen a la asociación Los Castizos y "no se pierden ninguna real festividad madrileña".

Una procesión encabezada por cuatro cabezudos ha iniciado una marcha que, como correspondería a un entierro, debería haber sido fúnebre, pero el ritmo de las batucadas y el alcohol ha animado este día en el que el frío no ha impedido que los madrileños se echarán a la calle para despedir el carnaval.

El ataúd de la sardina, que se ha tambaleado y girado al ritmo de una marcha fúnebre que se ha tornado en una fiesta de alegría, ha recordado que es su aniversario y ha sido decorado con el cuadro "El entierro de la sardina", del pintor Francisco de Goya, el primer cofrade honorífico.

Los cofrades, vestidos de riguroso negro con sus negras capas, sombreros de copa e insignias -con forma de sardina que muestran las "denuncias sociales" que transmiten año tras año- no se han despegado de sus puros ni de las bebidas etílicas, mientras a su vez han repartido caramelos y sardinas de chocolate entre los niños.

La sepultura del pez también ha tenido su protagonismo esta mañana en el Ayuntamiento de Madrid ya que la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, ha recibido una chocolatina con forma de sardina hecha con más de 100 kilos de chocolate negro.

Disfraces de personajes de animación, brujas o animalitos han corrido al ritmo de la música y también han llorado por el cierre del carnaval y la despedida de la sardina pero, pronto se les ha pasado, cuando los cabezudos han comenzado a bailar a su alrededor.

Antes de "rezar un último requiem" por la sardina, este año también han sumado fuerzas con nuevos novicios, a pesar de que este término podría incurrir juventud, ocho "nuevos incautos novicios" de edad avanzada se han unido a la Cofradía y han recibido sus primeras insignias y "chisterazos" de bienvenida.

"Sardina, sardina, sardina te vamos a enterrar, pero jamás te podremos olvidar"; o "diga lo que se diga, que bonito es un entierro...", han gritado entre risas y devoción los cofrades.

La Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina se formó por un centenar de personas y se remonta al año 1942 cuando un anticuario del Rastro hizo la primera sardina, el desfile del singular cortejo ha arrancado de la plaza de San Antonio de la Florida y, tras salvar el río por el puente de la Reina Victoria, se ha adentrado por las calles del barrio de la ribera del Manzanares.

La tradición del entierro de la sardina, que se sigue en muchos rincones de España, podría remontarse al siglo XVIII, en el reinado de Carlos III, según cuentan los cofrades, cuando durante la Cuaresma llegó a Madrid una partida de sardinas procedentes del norte del país, que se pudrieron por el calor y fueron enterradas en la Casa de Campo por orden del entonces corregidor de la capital.

El rito se repitió año tras año hasta perderse con Franco, que prohibió cualquier acto de carnaval, pero con la vuelta de la democracia esta fiesta pagana volvió a instaurarse en todos los rincones de España.

Antes de proceder al entierro de la sardina, los cofrades han prendido el fuego de sus antorchas, con las que la sardina se convertiría en cenizas, para marchar y cortar brevemente la M-30 al tráfico para guiar a la comparsa hasta la fuente de los Pajaritos de la Casa de Campo.

Allí, una fogata donde la sardina se ha convertido en ceniza y el casi centenar de presentes han lanzado "sus deseos" y donde más de uno ha recordado las hogueras de San Juan y ha saltado sobre las llamas ante el disgusto de aquellos que, año tras año, rinden homenaje a la sardina.

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