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Arte urbano y militante del Bronx para unir Cuba y EE.UU. en fase de distensión

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Arte urbano y militante del Bronx para unir Cuba y EE.UU. en fase de distensión

Arte urbano y militante del Bronx para unir Cuba y EE.UU. en fase de distensión

Un centenar de obras de arte urbano, político y militante del Museo de Bronx de Nueva York aterriza en La Habana en el primer intercambio entre pinacotecas de EE.UU y Cuba, un aporte cultural para incidir en los nexos y contribuir a la reconciliación de dos países que fueron enemigos más de 50 años.

La muestra "Ruido Salvaje", que se gestó hace tres años, se inaugurará mañana en el Museo de Bellas Artes de La Habana, e incluye piezas de conocidos artistas de la vanguardias de los setenta como Vito Acconci o David Hammons; de otros más ligados a la comunidad del Bronx como Tim Rollins, Willie Cole o Sophie Calle; e incluso una selección de las famosas polaroids de Andy Warhol.

Un total de 54 artistas cuyas obras buscan subrayar los puntos de confluencia de la vida urbana del Bronx y La Habana, dos poblaciones "muy fuertes y poderosas", muy ricas culturalmente gracias a su carácter mestizo y la fuerte influencia de la comunidad afrodescendiente, explicó hoy a Efe en La Habana la directora del Museo del Bronx, Holly Block.

"El Bronx ha sido refugio de emigrantes desde hace más de 100 años. Algunas veces cuando estoy en el Bronx tengo la sensación de estar en La Habana porque compartimos arquitectura, tenemos conexiones culturales similares y un número importante de la población es bilingüe en español", precisó.

Aunque la idea de este proyecto surgió antes del 17 de diciembre, cuando Cuba y EEUU anunciaron el restablecimiento de sus relaciones, Block consideró que este intercambió cultural -que se sellará con otra muestra de artistas cubanos en año próximo en el Museo del Bronx- va a sentar un "precedente" para establecer una "colaboración formal entre instituciones de ambos países".

"El cambio es inminente, definitivamente va a suceder. La pregunta es cuánto tiempo tomará esta transición, pero al menos esto puede servir de ejemplo para que otros museos de Estados Unidos. Por eso es tan importante lo que está sucediendo hoy aquí, estamos haciendo historia", afirmó Block, que casualmente vivió en La Habana ese 17 de diciembre, un "día lleno de felicidad".

Como símbolo del histórico deshielo entre los dos países, sobre la fachada de la sede del Museo de Bellas Artes se izará una enorme bandera afroamericana, obra de David Hammons, que representa las barras y estrellas estadounidenses, pero en los colores negro, verde y rojo, propios de la cultura africana, una herencia notable tanto en Estados Unidos como en Cuba.

"Fue muy interesante constatar las comunidades culturales que tenemos, estando aparentemente tan lejos, en dos países que han vivido un disenso histórico memorable durante tantos años. Sin embargo ha habido más comunidad que diferencia", señaló por su parte Corina Matamoros, comisaria del Museo cubano de Bellas Artes y promotora de esta iniciativa que se le ocurrió hace cinco años.

Además de la bandera de Hammons y las polaroids de Warhol, destacan en la exposición piezas como la de Willie Cole, una pizarra escolar en la palabra "America" se convierte en un acrónimo del que desencadenan otros conceptos que definen el continente y aluden a la emigración, el mestizaje y la multiculturalidad.

También hay espacio para la lucha por los derechos de los afroamericanos de los años sesenta y setenta tan importante para EE.UU y el Bronx y en honor a esa época está la pieza "X", un 'collage' de Tim Rollins, creado con páginas de la biografía del activista Malcom X, sobre el que hay pintada una enorme x en negro.

La obra de Rollins está especialmente vinculada al palpitar del Bronx, fruto de la interacción directa con la comunidad, sobre todo con jóvenes con problemas de conducta; igual que la de Sanford Biggers, presente en la muestra con un grabado de una espectacular peineta 'afro', que es puño cerrado en la parte superior y desemboca en un montón de raíces, una alusión a sus orígenes africanos.

También hay espacio para la fotografía con una selección de retratos de la francesa afincada en Nueva York, Sophie Calle o Jamel Shabazz, quien ha retratado las calles de la ciudad desde que su madre le regaló una cámara con sólo 13 años.

Una bicicleta tejida en fibras vegetales del brasileño Grover Lopes; un curioso retrato de Mao Tse-tung del artista chino Zhang Gong, quien sobre una tela barnizada con salsa de soja y carmín rojo recortó el espacio que corresponde al rostro del líder de la China comunista; y dos lienzos de artistas cubanoamericanos como Ana Mendieta y Emilio Sánchez también destacan en la muestra.

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