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La "Biblia del cine" se abre a la modernidad

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La "Biblia del cine" se abre a la modernidad

La "Biblia del cine" se abre a la modernidad

Si todavía se le llama la "Biblia del cine" es porque el libro que recoge las conversaciones entre Alfred Hitchcock y François Truffaut en verano de 1962 es la aproximación más certera hasta la fecha al oficio de realizador.

Consciente de eso, el crítico Kent Jones, uno de los más reputados del mundo, quiso ampliar este diálogo y hacer que en él entrasen algunos de los directores que podrían reclamar con justicia el trono de herederos del maestro del suspense y del genio de la "nouvelle vague".

Martin Scorsese, David Fincher o Wes Anderson dan la cara frente a realizadores franceses como Olivier Assayas o Arnaud Desplechin en el documental "Hitchcock/Truffaut", estrenado en la ventana que abre el Festival de Cannes a los clásicos.

El resultado es una gozosa mirada a los cambios que ha sufrido el proceso creativo, a las innovaciones que aportó Hitchcock al ejercicio de director y, sobre todo, a la trascendencia del cineasta británico en las vidas de algunos de los más grandes realizadores actuales.

"¿Qué queda por decir que no se haya dicho hasta ahora?", se cuestiona Jones en voz alta entrevistado por Efe. "Sentí que quería continuar aquella conversación añadiendo a más gente y hablar de cómo las cosas han cambiado desde que escribieron el libro. Porque ahora son muy distintas..."

Pese a los cambios a lo largo de los 50 años que tiene la obra (fue editada en 1966), lo que le otorga vigencia y actualidad es, según Jones, que aúna "pasión y práctica".

"Ya lo dice Fincher en el documental: el libro explica los fundamentos de la dirección de la forma más simple. Realmente habla sobre lo más básico a la hora de hacer películas, lo cual no suele suceder en este tipo de diálogos entre críticos y cineastas", considera el crítico.

Para Jones, Hitchcock se muestra "extremadamente claro sobre las elecciones del director, la construcción de las historias, el espacio, y un poco menos claro sobre la actuación...".

Precisamente, a juicio del director, ese último es el mayor cambio que se ha registrado respecto a los tiempos de Hitchcock y Truffaut, cuando el trabajo con los actores era de una naturaleza muy diferente.

"Lo que Paul Thomas Anderson o Scorsese hacen en sus películas no puede estar más alejado de lo que Hitchcock hacía en las suyas. Es absolutamente lo opuesto. Ellos están explorando con los actores", indica.

Todo cambió con la llegada del "método", del Actor's Studio, de Marlon Brando o James Dean. Hitchcock ya estaba para entonces de vuelta de todo, y se las vio tiesas con uno de los jóvenes intérpretes que no simpatizaban con esa manera de trabajar, Montgomery Clift, durante el rodaje de "I confess".

Pero, recuerda Jones, hay que situar las cosas en su debido contexto: "Así es como era entonces. Tampoco es que John Ford se hubiese dedicado a explorar los personajes con John Wayne en sus películas...".

Hitchcock, además, sembró su conversación con el francés de menosprecio hacia la labor de los actores, a quienes dirigía hasta en el gesto más nimio.

"No creo que su relación con los actores fuese tan distante y fría como él mismo dice que era. Eso eran trucos publicitarios. Creo que estaba muy implicado con ellos, pero para conseguir que hicieran lo que él deseaba en cada pequeño detalle", explica Jones, que leyó el libro con doce años.

El documental aporta las pinceladas de grandes nombres del cine actual pero siempre acaba volviendo a Hitchcock, principio y fin de una obra que no esconde su devoción.

Y aunque no desvela datos hasta ahora desconocidos o grabaciones inéditas, se beneficia de la brillante aportación documental del crítico francés Serge Toubiana, director de la Cinemateca francesa, que devolvió a la luz los telegramas que intercambiaron entrevistador y entrevistado.

Tal vez afligido por su encasillamiento como un director que solo busca entretener con sus películas, Hitchcock le escribe a Truffaut para mostrarle sus dudas: "Igual me habría gustado trabajar de forma diferente, pero si Mondrian un día quisiese pintar como Cézanne, ¿le dejarían?

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