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Bustamante, el Oso para el debutante que colocó a Guatemala en la Berlinale

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El rumano Jude y la polaca Szumowska comparten el Oso de Plata al mejor director

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El director guatemalteco Jayro Bustamante acudía con una película, "Ixcanul", que era un doble debut -su primer largometraje y la primera película de Guatemala a concurso- y cazó hoy el Oso berlinés que le coloca en el palmarés del festival.

"Ixcanul", un filme de corte indigenista, obtuvo el Oso de Plata Premio Alfred Bauer de la 65 edición de la Berlinale, cuyo máximo galardón, el Oso de Oro, fue para el iraní Jafar Panahi, con "Taxi".

América Latina arrasó, ya que, además del galardón a Bustamante, obtuvo el Oso de Plata Gran Premio del Jurado el chileno "El club", de Pablo Larraín, mientras que "El botón de nácar", de su compatriota Patricio Guzmán, ganó el de mejor guion.

Bustamante, nacido en 1977, había asumido el mero hecho de estar entre los 19 filmes a competición como un compromiso hacia su país y hacia el cine indígena, uno de los ejes temáticos de esta Berlinale.

"No sé qué querrá decir cine de corte indígena, como lo llaman aquí. Pero si la denominación ayuda a mi película y al cine guatemalteco, bienvenida sea", apuntó Bustamante, en entrevista a Efe cuando se estreno en la Berlinale "Ixcanul", centrado en una muchacha kaqchiquel a quienes sus padres abocan a un matrimonio concertado.

Su inclusión a concurso se produjo en un año en que la Berlinale apostó claramente por lo indígena en el ciclo "Native", dedicado íntegramente a América Latina.

"Coincidencia o no, con ello ponemos Guatemala en el mapa de la Berlinale. Claro que me alegraría igual estar aquí si cada año hubiera una película de mi país a competición. Pero ser el primero da una doble alegría", afirmaba el cineasta.

Rodada entre los cafetales de las laderas del volcán, Bustamante centra su historia en una muchacha - María Mercedes Coroy - y su madre - María Telón - Va de lo tierno a lo duro, puesto que se trata de reflejar "la poética y las asperezas indígenas".

Del matrimonio concertado se pasará a un embarazo que echa al traste los planes de los progenitores, mientras que, como trasfondo a la situación de las muchachas obligadas a casarse con hombres a quienes no quieren, aflorará otra tragedia: la de los bebés robados.

"Quería hacer una historia de seres humanos, que ocurre en una cultura determinada y para lo que tenían que mostrar cómo es el mundo en que se mueven esos núcleos", explicó el director.

Los padres que entregan a sus hijas "a cambio de que el futuro marido les asegure que podrán seguir trabajando la tierra que no les pertenece", no son desalmados, sino que se mueven entre unos códigos de conducta determinados.

Al desamparo de estos núcleos se suma la absoluta indefensión del indígena ante los estamentos públicos del país, puesto que ni ellos hablan español ni, a la inversa, ahí va a atenderles nadie "que entienda su lengua".

"Hay una incomunicación recíproca, más allá del idioma. Incluso los que llegan a hablar español no saben manejarse ante esos estamentos, porque sus códigos son distintos", añadió.

Bustamante buscó a sus actrices por procedimientos algo atípicos: "un día puse el cartel de 'casting' ahí donde queríamos rodar, pero no vino nadie. Al día siguiente puse otro con la frase 'se ofrece trabajo' y en horas tenía una fila de gente dispuesta".

A María Telón, la madre, la encontró "actuando en una obra de teatro de su pueblo" y la siguió, cuenta el director, a lo largo de la gira que hacía su compañía hasta convencerse de que encarnaba "la fuerza abrasadora" que precisaba para su filme.

A María Mercedes, la hija, la eligió por el procedimiento del "casting" más convencional "porque todo su cuerpo respiraba pudor, como yo quería, pero nunca bajaba los ojos".

El director acudió a la Berlinale junto a estas dos actrices que, a diferencia de él -formado entre Guatemala, Francia e Italia- nunca habían salido de su país.

Azoradas, en el estreno como en la gala final, ambas recordaban a más de uno otro filme que indagaba en lo indígena y que en 2009 se llevo el Oso de Oro: "La Teta asustada", de la peruana Claudia Llosa, en esta edición miembro del jurado.

Por Gemma Casadevall

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