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Camus y el concepto de prestigio

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Camus y el concepto de prestigio

Camus y el concepto de prestigio

Mario Camus, el prestigio y el taxista. Dice el cineasta cántabro que no sabría decir la película que más le ilusiona de su amplia filmografía, reconoce que a sus 81 años le ilusiona más que un taxista no le cobre el viaje porque le hizo disfrutar con su cine y para él "eso es el prestigio".

A Camus (Santander, 20 de abril de 1935) no le gusta que la gente hable de él ni que le alabe, su humildad es aparente y real, no soporta las alfombras rojas, las celebridades o los focos y admite participar en charlas porque se limita a "dejarse llevar", siempre y cuando tenga en la cabeza que mañana vuelve a casa.

"No más de un día, necesito pensar que tengo mi sitio cerca, esperándome", asegura con una mirada cómplice y sencilla pese a que detrás de sus gafas hay todo un mundo por descubrir.

Y es que reconoce, con una firmeza aplastante, que vive en el lugar "más estupendo del mundo", una localidad cántabra pequeña y tranquila en la que no hace muchas cosas. "Es mi lugar, con gente ya mayor, yo me he quedado solo y paseo, leo o veo películas porque es lo que me gusta, ya estoy en edad de hacer lo que me de la gana", afirma con rotundidad.

Tanto hace lo que le apetece, sin pararse en afinidades u opiniones, que hoy ha mezclado pantalón vaquero con americana de vestir, corbata azul y una bufanda de ir por la montaña, poco le importa ya la moda o las tendencias.

Eso sí, al hablar de cine se pone serio, aclara que no hace distingos y que ve de todos los tipos. "Es para ponerme al día de la vida y me pasa también con la literatura, leo todo tipo de libros, leer me lleva mucho tiempo".

Asegura que ya no se hacen películas como La Colmena o Los Santos Inocentes porque "no se escriben esa clase de novelas y no hay personas que quieran hacer adaptaciones o, simplemente, porque a la gente ya no le interesa eso".

Trabajó durante seis décadas y confiesa que se lo pasó muy bien. "Tuve suerte porque me tocaron cosas que me apetecía hacer y otras veces yo las busqué, recuerdo mis seis décadas de trabajo como algo muy laborioso pero a la vez divertido".

Unas cosas las hizo porque se le ocurrían o le apetecían y otras eran encargos que le permitían sobrevivir y seguir haciendo lo que quería. Así, pone como ejemplo de encargo La Colmena o alguna serie.

Además, ha dirigido películas como "Los farsantes" (1963), "Esa Mujer" (1969), "Los pájaros de Baden Baden" (1975), "Los Santos Inocentes" (1984), "La Casa de Bernalda Alba" (1987), "Adosados" (1996), "El Color de las Nubes" (1996), "La Ciudad de los Prodigios" (1999) y "La Playa de los Galgos" (2002), entre otras muchas que atesoran varios galardones.

Estrenó su último filme en 2007, "El prado de las estrellas", una historia filmada en su Cantabria natal y que trata sobre la vida de un joven ciclista interpretado por Óscar Abad, que guarda cierto parecido con el excampeón del mundo Óscar Freire.

Sin equipo ni patrocinadores, un viejo maestro hace de ese ciclista aficionado no sólo un gran campeón sino también una gran persona. A Camus le gusta el ciclismo y, sobre todo, estas historias de "buenas personas que, al final, triunfan en la vida".

Sorprende su osadía cuando afirma que, camino de los 82 años, no le importaría hacer ahora una película, aunque reconoce que "es muy difícil" por la situación del cine español en la actualidad.

"Más que pensar en el trabajo de hacer la película, me da más pereza pensar en lo de alrededor, hablar con el ministerio o la comunidad autónoma para la subvención o reunir todos los requisitos", refiere el veterano director sin que ello suponga, aclara, que "dimite" del cine más actual.

Y es que respecto a la cinematografía de género asegura que hay películas que discrepan un poco de las historias que a él le gustan pero subraya: "Las veo casi todas y algunas me divierten, aunque no las veo ya desde un punto de vista crítico porque no debo".

Además de cine, Camus hizo series para Televisión Española como Los Camioneros o Curro Jiménez con las que disfrutó mucho. "Si estaba en Madrid con un frío de mil demonios y me tenía que bajar a Almería a grabar episodios de Curro Jiménez iba encantado y a toda castaña", subraya con sarcasmo e ironía.

Tras estas declaraciones, el director, escritor y guionista ha intervenido esta tarde en el curso "Cine y Patrimonio" que ha organizado la Universidad de Valladolid. Allí ha vuelto a hablar de su concepto "relativo" de prestigio, ese taxista que no le cobra el viaje porque le ha hecho feliz.

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