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China rescata al almirante Zheng He para inspirar la Nueva Ruta de la Seda

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China rescata al almirante Zheng He para inspirar la Nueva Ruta de la Seda

China rescata al almirante Zheng He para inspirar la Nueva Ruta de la Seda

China se ha propuesto que la Unesco reconozca como Patrimonio de la Humanidad los astilleros donde se construyeron los barcos del almirante Zheng He, una figura que quiere rescatar para que sirva de inspiración a la Nueva Ruta de la Seda.

En pleno lanzamiento de la iniciativa "Yi dai, Yi Lu" ("Un cinturón, una ruta"), con el que el Gobierno chino busca aumentar la presencia internacional de sus empresas imitando el antiguo circuito comercial que recorría Asia, África y Europa, Pekín quiere estrechar los lazos con esas regiones también en el plano cultural.

Para ello ha recurrido a un personaje que evidencia que los vínculos de China con sus vecinos asiáticos, así como con las más lejanas tierras europeas y africanas, se remontan a hace siglos.

Zheng He (1371-1435) recibió a principios del siglo XV el encargo del emperador chino de explorar los mares y, a lo largo de siete viajes repartidos en 28 años (entre 1405 y 1433), visitó India, Egipto, el golfo Pérsico, Arabia y la costa oriental de África, además del sudeste asiático.

En todos esos lugares, el pionero explorador realizó transacciones comerciales y estableció numerosos contactos, anticipándose en varias décadas a la llegada a esta zona de los navegantes ibéricos, como Fernando de Magallanes o Juan Sebastián Elcano.

"Usamos la historia como espejo", dijo en un reciente encuentro con periodistas en Nankín (este de China) He Yunao, profesor de historia de la Universidad de Nankín y coordinador de la propuesta para entrar en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Esta tentativa llega en un momento en el que China está adaptando al siglo XXI la Ruta de la Seda para integrar su economía, más si cabe, en el contexto internacional, y particularmente con los países euroasiáticos y africanos, por lo que trata de hermanarse con ellos, además de en lo económico, en lo cultural, social o educativo.

"Históricamente, Nankín ha sido el punto de convergencia de las rutas de la seda marítima y terrestre y en la moderna versión de 'Un cinturón, una ruta' también lo será", señaló He.

En el proyecto que las autoridades chinas planean presentar a la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2016, se propondrá proteger los espacios de Nankín y otras cinco ciudades de la provincia de Jiangsu (este) que acogieron los astilleros donde se fabricó la flota de Zheng y también fueron el punto de partida de sus expediciones.

De esos sitios, que forman parte del catálogo de patrimonio cultural del Consejo de Estado chino desde 2006, se han recuperado en los últimos años más de 2.000 piezas que se piensa que pertenecieron a los barcos de Zheng, incluidos anclas o timones.

Según los registros históricos, en total partieron más de 27.800 marineros en 200 barcos, con tamaños que llegaron hasta los 150 metros de eslora, mucho mayores que los navíos europeos de la época.

"Que los barcos construidos para Zheng resistieran siete viajes demuestra que, antiguamente, la tecnología china era muy avanzada", explicó el director del museo dedicado al explorador en Nankín, Zhang Chengqing, quien aseguró que algunas de esas técnicas se utilizan hoy en los buques de la Marina estadounidense.

Las hazañas de Zheng han llegado a generar especulaciones sobre si fue el almirante chino el primero en llegar a América, tal y como defendió el historiador británico Gavin Menzies en el controvertido libro "1421", donde también aseguraba que las expediciones del navegante asiático alcanzaron Australia e incluso la Antártida.

Sin embargo, los historiadores chinos no van tan lejos y dicen que las rutas de Zheng se limitaron a Asia, Oriente Medio y África.

El encargo de buscar vasallos y oportunidades de negocio más allá del territorio chino fue, según Zhang, resultado de las ambiciones de grandeza del emperador Zhu Di, el tercero de la dinastía Ming (1368-1644), uno de los periodos de mayor esplendor de China.

Y ahora las autoridades del país quieren rescatar ese legado para construir sobre los lazos del pasado un futuro en común más próspero.

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