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Enrique Reche, un pintor en libertad condicionada

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Enrique Reche, un pintor en libertad condicionada

Enrique Reche, un pintor en libertad condicionada

Una nueva dimensión al realismo pictórico que profesaba "como un primer mandamiento" ha dejado en la obra de Enrique Reche la impronta temática y técnica de Antonio López, una especie de "kilómetro cero" en su trayectoria artística como se aprecia en la exposición inaugurada hoy en Valladolid.

La aportación de ese maestro del realismo "ha sido inmensa", ha reconocido Reche (Valladolid, 1965) durante la presentación, esta mañana, de la exposición "Obra en los talleres de Antonio López", una selección de sus cuadros de los últimos años, fechados entre 2013 y 2016.

Fue en 2013, con motivo de un taller impartido por López en Valladolid, el arranque de este punto de inflexión, "un kilómetro cero donde todo cambió de forma radical, incluso de sentido, no sólo la temática y la pintura sino también la forma de ver la vida", ha explicado delante de la concejala de Cultura, Ana Redondo.

Naturalezas muertas dotadas de un gran realismo, intensidad dramática incluso, destilan las series dedicadas a los despojos de animales: chuletas de ternera sanguinolientas, pescados con las vísceras colgando y el ojo interrogante, huesos de jamón con restos del hachazo que los ha destazado, cabezas y corazones de vacuno y caprino, entre otras sugerencias pictóricas.

No sólo admite y justifica la influencia de Antonio López en esta nueva etapa de su obra, sino que Enrique Reche presume de ella desde el lema que identifica la exposición hasta el repertorio gráfico dentro del catálogo donde posa en varias ocasiones con el sobrino de Antonio López Torres.

"Es una temática de difícil ejecución y de llegada al público", ha reconocido este artista que expuso en solitario, por vez primera, en 1989 dentro de la sala del BBVA.

El maestro de Tomelloso, ha insistido, le ha aportado "absolutamente todo: de la pintura y de la vida en general" a través de conversaciones y sobremesas que ha recibido como una "enseñanza vital", convencido como está de que siempre "hay que aprender de la sabiduría y el saber estar de un gran maestro".

Reche se adentra en un mundo que no por regla no se quiere ver, la crueldad del necesario sacrificio de las reses o del despojamiento, almacenamiento y troceado de frutas como calabazas, granadas y lombardas abiertas con jugos y colores que remiten a la sangre.

"No se si me he confundido o no con este sometimiento, creo que no, pero en cualquier caso he hecho lo que quería hacer y además la libertad de que gozo es plenamente absoluta", ha insistido.

La exposición consta de los óleos y dibujos que Reche realizó en 2013 durante el taller que impartieron Antonio López y Cristóbal Toral, además de otros en los que participó en varias partes de la geografía española, también bajo la dirección del pintor manchego.

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