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El Festival de San Sebastián llega a su fin en una jornada sensible

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El Festival de San Sebastián llega a su fin en una jornada sensible

El Festival de San Sebastián llega a su fin en una jornada sensible

El Festival de San Sebastián llega hoy a su fin con una gala siempre sensible, porque se conoce el palmarés con los ganadores, y hoy especialmente porque la casualidad ha querido que coincidiera con las horas previas a la convocatoria, en Cataluña, de una jornada que mantiene en vilo al país.

De hecho, se ha notado en las calles de Donostia una mayor presencia policial, si bien aquí las miradas se las llevan las estrellas de cine que, afortunadamente, siguen paseando por la ciudad en busca de los mejores restaurantes.

Aún así, y teniendo en cuenta que las referencias a la cuestión catalana han partido siempre de los periodistas (muchos cineastas catalanes, algunos verdaderamente afectados, rogaban incluso que se pasara el tema por alto), la dirección del Festival ha enviado una nota en la que comunican refuerzos en las medidas de seguridad de la gala.

En la misma nota piden al público que no acudan con mochilas ni bolsos grandes al Kursaal.

En cualquier caso, es la noche de John Malkovich, el presidente del jurado. Entre los favoritos de la crítica, James y Dave Franco, los hermanos californianos que presentaron al gran público a Tommy Wisau con "The Disaster Artist", provocando risas y relajando un poco el ambiente dejado por el griego Alesandros Avranas y su maltratadísima protagonista de "Love me not".

Como es habitual, ha habido pequeñas joyas, delicadas y dolorosas, divertidas y surreales, denuncias de tráfico de niños, de autores capaces de cualquier cosa con tal de escribir una obra maestra, o de un gigante de casi dos metros y medio, medio humano, medio mito.

La sorpresa ha sido la rumana "Pororoca", un susto para los periodistas que se enfrentaban a 152 minutos de cinta, y salieron encantados. A Constantin Popescu sigue Manuel Martín Cuenca, que propone los desnudos más atrevidos del festival en "El autor", y después, "Alanis", de la argentina Anahí Berneri.

Punto, set y partido para el danés Janus Mezt, director de "Bjorn/McEnroe", que se sorprendió de ver tanta gente joven en Donostia; en su agencia de viajes le habían dicho que era un destino para la tercera edad. Pero cambió de idea la misma noche de su llegada.

Mención aparte merecen "los Javis", Javier Calvo y Javier Ambrossi, jovencísimos directores de "La llamada" que revolucionaron el Zinemaldia.

Y la queja más generalizada: "Morir", de Fernando Franco, debía haber competido por la Concha de Oro.

Cinematográficamente, este año se ha notado que el Zinemaldia ha hecho un esfuerzo por programar cine donde las mujeres, sus historias, sus problemas y alegrías, sus demencias y su arte han tomado las salas.

Aunque, de momento, no hay paridad, las "chicas" ganan en los premios Donostia: Agnes Varda y Monica Bellucci, contra Ricardo Darín y su espectacular melena plateada, exigencias del próximo guion.

Este año, también como novedad, el festival ha decidido poner las guindas en el plato más grande, el Velódromo, que ha acogido uno de los estrenos más esperados, el de "Fe de etarras", de Borja Cobeaga, por la publicidad previa y porque el tema y el director son muy de la tierra; no ha decepcionado el vasco, que ha sacado carcajadas a su público.

También recogió allí su Donostia la 'glamourosa' Bellucci, tan diva y tan etérea que casi se va del escenario al estilo Robert de Niro, con poco más que el obligado "gracias".

Y esta tarde, guinda y media con Penélope Cruz y Javier Bardem, que pasarán como una estela-dadas las circunstancias, ya que su película "Loving Pablo", se proyecta al tiempo que se conoce el palmarés.

Vistos y no vistos, como el director de "Au revoir la-haut", Albert Dupontel, que se enfadó porque vio pocos periodistas en su rueda de prensa y se fue, nada más llegar.

Nada que ver con el bulle bulle que se vive en el hotel María Cristina, donde en un pasillo de menos de cincuenta metros y una decena de mesitas redondas con sus sofás y sus sillas correspondientes, se mezclan periodistas, jefes de prensa, gráficos, cámaras de televisión, camareros, traductores y, por supuesto, las estrellas.

Las hay incluso que acuden con sus perros, aunque sean callejeros -tres- y ni siquiera sea la famosa, sino la esposa de un famoso director.

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