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Giménez Bartlett: "No creo que la literatura sirva para tomar conciencia"

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Giménez Bartlett: "No creo que la literatura sirva para tomar conciencia"

Giménez Bartlett: "No creo que la literatura sirva para tomar conciencia"

La escritora española Alicia Giménez Bartlett es escéptica, no cree que la literatura "sea un elemento de presión social y de toma de conciencia" al dar el salto a América Latina, un continente con el que entró en contacto cuando sus grandes autores vivían en Barcelona.

"Por desgracia los escritores hace tiempo que dejamos de ser influyentes, eso también es una suerte porque no tenemos ninguna responsabilidad", dijo Giménez Bartlett, ganadora del Premio Planeta 2015, en una entrevista con Efe en Bogotá.

Ante esa situación se preguntó a quién le importan valores como la literatura, lo que refleja en el caso de Javier, protagonista de "Hombres Desnudos", la novela que ahora presenta en Colombia.

La novela es un retrato de la situación española actual en la que Javier, profesor auxiliar de literatura, termina sumergido en el mundo de la prostitución masculina como única solución al desempleo.

Y todo ello pese a que a la autora no le "gusta nada hacer novelas simbólicas o metafóricas", aunque reconoce que los personajes "son reales, apegados a una realidad que vivimos" en la que imperan "valores tan pequeños y miserables como poseer dinero, triunfar, las chicas, un coche llamativo, un apartamento que esté bien, vestir de marca".

Esos son, en su opinión, "los valores que ha tenido la sociedad (española) durante la época de bonanza económica" en la que "no había más, no hubo un intento de culturizar a las personas".

Sin embargo, Giménez Bartlett saltó a la fama como autora de novela policíaca gracias a la saga de Petra Delicado, una detective sobre la que ha escrito diez novelas y a la que retornará tras "Hombres desnudos".

Dejar a Petra es para su madre como abandonar su zona de confort, pero también "es una forma de estar vivo", ya que considera que si "un escritor no busca sus propios retos nadie se los exige".

"Mis mayores éxitos literarios han venido con Petra Delicado, pero si el cuerpo me pide otra cosa hay que hacerlo, si no es muy aburrido y de vez en cuando el cuerpo me pide retos, igual que me pide volver a Petra", subrayó.

Esa es una forma también de reivindicar el genero policíaco que le "da muchas posibilidades de crítica social, de humor, de testimonio de lo que está sucediendo".

"La novela nació como testimonio de una época, ahora tenemos periódicos, televisión y redes sociales (...) sucede que ha habido una larguísima época en que críticos, intelectuales y lectores si dabas testimonio en tus obras decían que hacías puñetero costumbrismo y en la novela policiaca sí se permite hacerlo", comentó.

Pero Giménez Bartlett, doctorada en Literatura Española, comenzó su carrera en un ambiente privilegiado, el de la Barcelona que alojó a los grandes autores del "boom latinoamericano" y tuvo durante años a Carmen Balcells como agente literaria.

De esa época atesora experiencias con muchos de ellos, como Gabriel García Márquez, a quien conoció en una cena con Balcells.

"Maestro, después de conocerlo ya me puedo morir", recuerda que le dijo. "No se muera porque sería muy desagradable y además los muertos no sabemos si son simpáticos o antipáticos", le respondió el nobel colombiano.

Todavía estudiante, también tuvo ocasión de conocer a otro futuro nobel: el peruano Mario Vargas Llosa, sobre quien hizo su tesina de licenciatura.

"Era guapo como un dios. Ha ido evolucionando en la fama y no siempre bien", recordó.

Unos años después de su primer encuentro el escritor le llevó un libro dedicado porque recordaba cuando se conocieron, pero en la última ocasión en que le vio, el 80 aniversario de Balcells, ya casi no sabía quién era ella.

"Es un hombre que su gran éxito y su trayectoria política quizá le ha apartado un poco de lo que para mí es un escritor", comentó.

Sin embargo, la anécdota que recuerda con más cariño es cuando conoció al mexicano Carlos Fuentes, también en una cena organizada por la agente literaria de todos ellos.

La cena comenzó y cuando iban a servir los postres Fuentes, que no había llegado, anunció que estaba cerca, Balcells hizo entonces recoger los platos y que los camareros volviesen a servir como si no hubieran comido nada para que se sintiera cómodo.

"Que poco comen estos españoles", dijo Fuentes extrañado al ver que los asistentes apenas probaban bocado de la "segunda cena", recuerda Giménez.

Por Gonzalo Domínguez Loeda

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