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The Hives y Arctic Monkeys desatan la tormenta en Santiago de Chile

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The Hives y Arctic Monkeys desatan la tormenta en Santiago de Chile

The Hives y Arctic Monkeys desatan la tormenta en Santiago de Chile

Lo único que podía calmar esta noche la sed de los miles de fans que abarrotaban el MoviStar Arena de la capital chilena era la tromba incesante de rock que las bandas The Hives, como teloneros, y Arctic Monkeys, como plato fuerte, tenían preparadas para su público. Y no defraudaron.

La banda sueca fue la encargada de refrescar a los asistentes del caluroso ambiente que envolvía el recinto, y solo le hizo falta disparar una vez su tema "Come on" para explicar por qué es un grupo imprescindible para disfrutar en directo.

Los chicos de Pelle Almqvist, vestidos con sus característicos trajes de chaqueta, demostraron que les sienta como un guante encabezar un festival (Lollapalooza 2013), tocar ante su público (Caupolicán 2008) o incluso ser el actor secundario de los británicos Arctic Monkeys, como tocaba en esta ocasión.

Por el escenario desfilaron temas clásicos de la banda "Take back the toys", "Walk idito walk", "Main Offender" y "Go right ahead", sello de su estilo grunge garage que recuerda en la ejecución de sus directos a The Clash o al Black Sabbath de los mejores tiempos.

"¡Te amo Chile!", gritó hasta la saciedad el extravagante Almqvist, que en cada actuación se pasea por el escenario con un desparpajo digno de Mick Jagger, con unas décadas menos, y que enganchó hoy por más de una hora al público chileno.

La tormenta se desató con el hit "Tick tick tick boom" y no hubo forma de contenerla hasta el final de la actuación, que The Hives cerró con su tema más consagrado "Hate to say I told you so".

Si se puede poner algún pero a la banda de rock más importante de Suecia, que se deja los restos en cada actuación y anima a los asistentes como pocas, es su escasa producción musical, con tan solo cinco discos de estudios en sus 17 años de carrera, que sabe a poco a fans y críticos.

Para saciar a los ávidos de nuevos temas, los de Fagersta presentaron dos nuevas canciones que suenan tan irreverentes como sus anteriores trabajos pero experimentan un rock más melódico, con tintes psicodélicos.

Tras el aluvión musical de The Hives, todo hacía presagiar una noche para el recuerdo en Santiago de Chile, porque una vez calentados los ánimos a Arctic Monkeys solo le quedaba salir el escenario y hacer las cosas como saben, al menos de manera sobresaliente.

Por segunda vez en este año, la banda de Sheffield aterrizó en tierras chilenas con su quinto proyecto bajo el brazo, "AM", que experimenta con ritmos funk, jazz, soul o drum and bass entre otros.

Para abrir, Arctic Monekys pisó sobre seguro con el primer sencillo del disco "Do I Wanna Know?", que sonó rotundo con un tempo similar al del latido de un corazón, seguido de "Snap out of it" y "Arabella" también incluidos en el último álbum.

Precisamente "Arabella" es el ejemplo perfecto de la metamorfosis que ha sufrido la banda desde sus inicios, cuando con su primer LP ("Whatever people say I am, that's what I'm not") lograron las ventas más rápidas en la historia de la música británica, superando a The Beatles.

Atrás ha quedado el 'look' de banda indie para adolescentes con ritmos pegadizos, que ha dejado paso a un sonido mucho más rotundo, trabajado y sopesado que da más protagonismo a la voz versátil de Alex Turner.

Con el símbolo de "AM" de fondo, una enorme onda de sonido en blanco, los británicos hicieron sonar el álbum casi al completo con descargas eléctricas puntuales como "Brainstorm", "I bet you look good on the dancefloor" o "Fluorescent Adolescent".

Para el final del recital reservaron algunos de los temas estrella de los últimos tiempos "505", "One for the roads", donde Turner experimenta con el falsete, "I wanna be tours" y "R U Mine" como última bala.

Arctic Monkeys ha pasado de tener "el peor nombre para una banda" según Noel Gallagher a llenar festivales en todo el mundo, habiendo logrado superar la "pubertad" musical con una madurez alabada por la crítica.

Prueba de ello es el público asistente de hoy, mezcla de adolescentes y no tan jóvenes, y también su repertorio, consolidado en su nuevo sonido pero sin miedo a rescatar los temas que los hicieron famosos, un contraste acertado.

The Hives fue un lluvia incesante de rock duro y Arctic Monkeys reservó una descarga eléctrica para iluminar la noche, cuestión de detalles, ver a ciertos grupos en un festival tiene ventajas, disfrutarlos con su producción y su público es la tormenta perfecta.

Cristina García Pérez

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