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José María Gallardo y Miguel Ángel Cortés dialogan con sus guitarras

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José María Gallardo y Miguel Ángel Cortés dialogan con sus guitarras

José María Gallardo y Miguel Ángel Cortés dialogan con sus guitarras

José María Gallardo del Rey y Miguel Ángel Cortés son abanderados de la guitarra española pero uno al estilo clásico y el otro al flamenco. Se han encontrado y han compuesto "Lo Cortés no quita lo Gallardo", un glosario estético a cuatro manos que recorre bulerías y guajiras, adagios y oberturas.

La diferencia fundamental entre ambas, explica a Efe Gallardo, es la técnica de la mano derecha, tanto en la colocación como en el ataque a las cuerdas, ya que la flamenca va defendiendo la melodía y el rasgueo y otras cuestiones rítmicas y la clásica, las texturas y los contrapuntos, sobre todo.

Los clásicos se apoyan en un pedal y los flamencos cruzan la pierna y esa es quizá la diferencia más evidente cuando se sientan en un escenario pero "todos guitarristas" y amantes de la "sonanta" española, subraya.

Gallardo y Cortés han estado dos años trabajando juntos en el proyecto, que se llama como se llama por hacer un juego de palabras con "lo cortés no quita lo valiente" y porque "todo suma".

"Esa idea de que es muy difícil la convivencia de una guitarra clásica y una flamenca se destierra con este trabajo. Hemos puesto un arte común y una técnica distinta a favor de la guitarra", detalla.

Los temas del disco los han compuesto los dos, "tanto" que los han registrado en la Sociedad General de Autores (SGAE) "al cincuenta por ciento" porque ya no sabían muy bien qué era de uno y qué era de otro, se ríe Gallardo.

Han compuesto las bulerías "Portola Sicomoro" y "28 de mayo", los tangos "Monterrey Ciprés", la guajira "Del Porvenir al Sacromonte", el adagio terminado por tangos "Sueño de un torero".

Además, Gallardo toca el solo "Zapateado a la barroca" y Cortés hace lo propio con "Tagrabú", para terminar con "Obertura de Silverio".

Mención aparte merece la nana "Canción de Cuna", cantada por Esperanza Fernández, y la marcha procesional "Amargura", que a ambos les trae recuerdos de su infancia en Andalucía.

"Pero es que además -rememora Gallardo- nos conocimos en un espectáculo en el que se tocaba ese tema y nos hacía mucha ilusión recuperarlo y darle nuestro aire".

No considera "especialmente complicado" pasar de un estilo a otro, lo que sí ve "muy difícil" es ser brillante en los dos a la vez, porque "son muy diferentes y hay que trabajar mucho en lo que se está haciendo" y, de hecho, apunta, él estudia y ensaya diariamente cinco horas.

Un guitarrista, dice, puede ser muy mayor, como lo eran Andrés Segovia (1893-1987) o Pau Casal (1876-1973), y seguir tocando con maestría. El problema es si aparece una lesión cervical o lumbar, que pueden ser totalmente invalidantes.

Su "mito" es Paco de Lucía pero no comparte lo que él decía sobre la guitarra, "es una hija de p...", sostenía, por lo que le tiranizaba.

"A lo mejor su padre le obligaba demasiado, le esclavizaba con el estudio de la guitarra, pero para mí la guitarra ha sido una liberación y lo mejor que me ha pasado en la vida", revela.

Sí es verdad, admite, que el escenario tiene un altísimo nivel de exigencia final: "Te juegas en hora y media lo que haces toda la vida. Te pasas la vida debutando".

Su sueño es seguir despertando cada día "con la ilusión de ser músico, de vivir de adulto un sueño de crío".

"Se habla tanto del éxito y al final el éxito es gustar a la gente que te gusta y que te quiere", sentencia.

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