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La obra de Martín Chirino se abre al mundo desde sus raíces canarias

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Cultura hará una aportación "significativa" a la Fundación Martín Chirino

Cultura hará una aportación "significativa" a la Fundación Martín Chirino

El Castillo de la Luz, que acoge la exposición de la colección permanente de Martín Chirino y la Fundación de Arte y Pensamiento del escultor, es la fortaleza más antigua de Canarias, de factura medieval, que el artista ve como espacio natural para su obra de raíces aborígenes.

"Mi deseo es que mi obra pueda ser observada con naturalidad, como si siempre hubiese estado allí", ha manifestado a Efe el escultor, que cree que sus espirales en este espacio "adquieren otro significado" e "intentan contarnos historias prácticamente desconocidas para las generaciones actuales".

La fortaleza, construida a finales del siglo XV, al mismo tiempo que la fundación de la ciudad, atacada por el corsario Drake y los piratas holandeses, encuentra, por su ineficacia histórica en la defensa de la ciudad, su definición metafórica en el título de una obra de Martín Chirino: "Herramienta poética e inútil".

Dos esculturas de la serie de este título, "Herramienta poética e inútil", en hierro forjado, fechadas en 1956/1957, y una de ellas colgada del techo en uno de los numerosos recovecos de la construcción, son las que reciben al visitante cuando accede a la fortaleza que acoge las 25 obras esenciales del artista, representativas de las distintas etapas de los 60 años de creación del artista.

"Es el mejor espacio para albergar la obra de Martín Chirino -ha asegurado a Efe el director de la Fundación, Jesús María Castaño-. El resultado de la intervención de los arquitectos Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano es una arquitectura que busca a la escultura de Chirino, y ésta también va al encuentro de aquella. Serán indisociables. Logran lo que se denomina una armonía en la integración de las artes".

La serie "Herramienta poética e inútil", considerada por el artista la primera de sus grandes obras, tiene también un título que el escultor dice con humor que es autobiográfico.

Son las dos únicas obras, junto con la "Composición constructivista II" anteriores a la espiral, elemento clave en su pensamiento y su vida creadora, y surgieron a raíz de su descubrimiento en París en los años cincuenta del "dibujar en el aire" con el hierro forjado del escultor Julio González.

Muy cerca, la espiral "El viento", un hierro forjado de 1968, nos adentra ya en el viaje iniciático del escultor. La espiral de los primeros pobladores canarios que de niño el artista descubrió en los remolinos de arena que formaba el viento en la Playa de las Canteras y después grabada en la roca basáltica por los primitivos pobladores de la isla, los guanches.

La espiral, elemento clave en su obra y su vida, se desarrollará después. La espiral cerrada del viento canario, se estirará y se convertirá en "Aeróvoro", inspirado en la línea del horizonte que de niño Chirino, que vivía muy cerca del Castillo en el barrio de la Isleta, quería mover.

Y también en la serie "Atlántica", 1987/1988, a la entrada del Castillo. O el "Homenaje Serie Marinetti (XVII)", de 2014, una de las esculturas preferidas del director de la Fundación. "Me conmueve ver como en ellos dibuja el espacio con una línea de hierro pesado al que convierte en ingrávido".

Vuela el hierro en "El viento solano V", de 2008, o en "Gigantes que no molinos... homenaje a El Quijote", de 2005. Y fluye como el agua en "Alfaguara (10) Serie Canarias 2000. El sueño", también de 2015.

Y el hierro retorcido se hace grito en las dos esculturas "Reflexión sobre el Guernica", de 2008, la gran boca abierta del caballo, metáfora del dolor al que el artista no pudo sustraerse.

Se convierte en roca sólida en las dos piezas de la serie "Mi patria es una roca", la patria de la que habla Nicolás Estebánez, "no la patria identidad o algo añadido a mi propio ser", dirá el artista, sino que "yo soy el viento, aquella arena, las espirales que dibujaron nuestros antepasados".

El "Paisaje 32", de 2010, el "Afrocan", un bronce dorado de 2012, son otros referentes de obra recorrida por una fuerte identidad. Y las cabezas de la serie "Crónica del siglo XX", un bronce dorado de 2012 y la de "Santa Teresa II", un bronce patinado en negro, de 2007.

Es la cabeza de Santa Teresa la obra que el escultor ha donado a la ciudad para constituir la Fundación.

"Cuando hablo de la cabeza de Santa Teresa es Bernini. Tiene una manera especial de interpretar esta imagen. Es una escultura que si bien mira hacia el cielo, vuelve la cabeza hacia la tierra y tiene algo evocador, algo extraño donde te das cuenta de todo el drama humano contenido en ese gesto".

Collages, grabados y técnicas mixtas acompañan a las quince esculturas, obras todas que el artista fue reservando durante años, apartando, guardando, para su colección personal y quizás su sueño de esta Fundación.

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