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Mayorga neutraliza la desmemoria con las armas del teatro en "El cartógrafo"

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Mayorga neutraliza la desmemoria con las armas del teatro en "El cartógrafo"

Mayorga neutraliza la desmemoria con las armas del teatro en "El cartógrafo"

La historia, con frecuencia arma arrojadiza y elemento de reproche, muta en la dramaturgia de Juan Mayorga en manantial de enseñanza para prevenir contra desmanes venideros desde la experiencia del pasado, como sucede en "El cartógrafo", su última obra, que mañana estrena en Valladolid.

El gueto de Varsovia, instaurado durante el dominio nazi en la II Guerra Mundial, entre 1940 y 1943, es el punto de partida de esta reflexión que el poeta y dramaturgo Juan Mayorga (Madrid, 1965) ha puesto en manos de Blanca Portillo y José Luis García Pérez, único elenco de este alegato "contra la dictadura del olvido".

"Estamos rodeados de historias atroces, pero conviene recordar que el Holocausto fue el asesinato sistemático de seis millones de personas que fueron excluidas de la humanidad sólo por su origen, y conviene decir que en este exterminio Europa no defendió a sus judíos", ha reprochado Mayorga durante una rueda de prensa.

Esa "herida fundante", ha insistido, "nos atravesará siempre y conviene recordarla pero no como un duelo permanente, sino para mirar a un lugar que proyecta un foco hacia el presente: nos advierte ante formas nuevas y por venir de la eliminación del hombre por el hombre".

En esa lucha contra el olvido se inscribe "El cartógrafo", un proyecto de largo recorrido que concibió en 2008 durante una visita a la capital de Polonia, donde por azar tropezó con una exposición de fotografía sobre el gueto de Varsovia, ordenado por el general Hanks Frank, y que despertó en su ser una "honda sensación de ausencia y desaparición", al tiempo que un anhelo de continuar las vidas interrumpidas de los protagonistas de ese ominoso reducto.

Con las armas del teatro, "con medios pequeños pero poderosos", escribió una obra que conecta la Varsovia del pasado y del presente a través de los personajes, una niña de hoy que escucha la leyenda del cartógrafo del gueto, según las cual mientras todo sucumbía en el horror de la guerra, un anciano se empeñaba en levantar un mapa moral y geográfico para no romper del todo con el hilo de la vida.

Blanca Portillo, que encarna a la niña entre otros personajes, transita por el gueto, por "el camino de Mayorga", para unir presente y pasado "lejos de la fea costumbre que tenemos de que para avanzar y seguir hacia adelante hay que olvidar todo lo que nos ha hecho daño".

"La mayor fortaleza, la única forma de vencer es entrar en contacto con los que nos ha ocurrido, haya sido bueno, malo o doloroso porque siempre nos va a ayudar a avanzar", ha sostenido antes de poner el ejemplo de Varsovia, "reconstruida sobre los ecos del pasado".

Esta llamada también convoca a José Luis García Pérez, dueño de nueve personajes en este espectáculo escrito y dirigido por Juan Mayorga, producido por él mismo y los dos actores, y que después de Valladolid, en el Teatro Calderón como piedra de toque, se desplazará a finales de enero a Madrid (Naves del Matadero) antes de iniciar una gira a partir de la primavera.

En sintonía con todos ellos, García Pérez se rebela contra la "dictadura del presente" consciente del efecto nocivo que supone "dejar pasar las cosas para no tener que reconocerse en ellas".

"Olvidar es retroceder y volverse más primitivo de alguna manera", ha resumido este actor acerca de un proyecto escénico donde convergen dos premios nacionales de teatro, Mayorga y Portillo, y en el que la escenografía y la iluminación llevan respectivamente la firma de Alejandro Andújar y Juan Gómez Conejo.

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