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Paz Vega se lanzaría "con los ojos cerrados" a trabajar de nuevo con Médem

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Paz Vega se lanzaría "con los ojos cerrados" a trabajar de nuevo con Médem

Paz Vega se lanzaría "con los ojos cerrados" a trabajar de nuevo con Médem

Paz Vega está radiante. Acaba de volver a España con un papel dramático, la protagonista de "La ignorancia de la sangre" de Manuel Gómez Pereira y, a día de hoy, sin arrepentirse de nada de lo hecho en el pasado, confiesa en una entrevista con Efe que "se lanzaría con ojos cerrados" a otro trabajo con Julio Médem.

Porque Paz Vega ha sido Carmen, la de Merimée, con Vicente Aranda; y María Callas, en "Grace de Mónaco", y mañana se estrena en las salas españolas con dos papales: como esa Consuelo desgarrada a la que han secuestrado un hijo en Sevilla, y también en la carne de Coral Baca, en la película estadounidense "Matar al mensajero".

Pero ella siempre será Lucía, la protagonista de "Lucía y el sexo" (2001), que Julio Médem modeló a su antojo y que ella no olvidará nunca.

"Yo me lanzaría con los ojos cerrados a cualquier proyecto con él; primero, porque siempre le agradeceré que me regalase ese personaje tan bonito al que debo mucho, y por otro, por todo lo que aprendí en un momento de mi vida en que era una esponja", declara Vega.

Y recuerda que, cuando hizo la película, "actuaba por impulsos y ni siquiera era consciente de lo que estaba haciendo. Pero es muy sabio y supo guiarme por terrenos en los que yo estaba totalmente en desequilibrio. En aquel momento, no lo entendía, no le entendía a él, lo que me decía, casi nada, pero yo me dejaba hacer".

"Ahora, si yo cogiera un personaje de Médem -suspira la actriz- sería diferente, tendría otros ángulos y otras vivencias".

Reconoce que, cuando le llamó Manuel Gómez Pereira para ofrecerle "La ignorancia de la sangre", mientras ella estaba rodando en Río de Janeiro "Nao Pare na Pista: A Melhor Historia de Paulo Coelho", nunca pensó que sería "un dramón".

Y lo dice desde el vértigo de haber interpretado a una mujer desesperada, capaz de cualquier cosa por recuperar a su hijo secuestrado. "A mí me encanta hacer comedia, pero creo que soy carne de drama. Disfruto mucho con estos papeles tan desgarrados, tan lorquianos", afirma.

Vega habla de la "nueva ola de público que ha decidido ir a ver cine español". "Creo que hay que arriesgar y darle lo que pide, y la verdad es que hacen falta producciones valientes, como esta -con Gerardo Herrero y Antonio Pérez, en la producción-, para que el público "no se aburra", porque "hay un poco de todo: historia de amor, acción, mafia rusa y hasta la belleza de Marruecos".

De momento, afirma estar contenta con lo hecho, aunque reconoce que "hay un vacío de trabajos españoles" que le hubiera gustado hacer, "pero no tenía ni el tiempo ni la posibilidad", ya que primero fueron sus embarazos y luego el traslado de residencia a EE.UU.

Aún así, la sevillana dice que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho: "De todo he aprendido. Creo que en la vida también las cosas malas van formando tu camino".

Hoy por hoy, lee guiones y "se adapta", pero no acepta cualquier papel. "Me han ofrecido cosas, pero ninguna me ha parecido oportuna; por eso, cuando me llegó este proyecto, con muchos alicientes para decir que sí, pues me lancé".

Elegantemente vestida, como es habitual en ella, con un diseño del sevillano Antonio García y subida en unos Louboutin de vértigo, la actriz asegura que es "mucho más tímida de lo que la gente se puede imaginar" y confiesa que "hacer promoción", por ejemplo, le produce "mucho nerviosismo".

También advierte que debe su aspecto impecable a su maquilladora Beatriz Matallana: "Nada que ver a cuando me levanté", bromea.

Aunque su truco más destacable para mantenerse en forma, aparte de sus clases de pilates, es ocuparse de sus tres hijos de 4, 5 y 7 años. "Me quitan mucha energía, pero también me la dan", concluye con un guiño.

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