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Raúl Cimas dice que "el orgullo es una forma de fliparse"

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Raúl Cimas dice que "el orgullo es una forma de fliparse"

Raúl Cimas dice que "el orgullo es una forma de fliparse"

Una vez que supo lo que era "parir" un cómic, gracias la publicación el año pasado de su primera obra dedicada a los "flipados" que genera la pasión, el humorista Raúl Cimas le tomó gusto a esto de traer tebeos al mundo y, en tan sólo un año, vuelve a aparecer con "Orgullo Brutal".

Con la convicción de que "el orgullo es una forma de fliparse", el humorista manchego (Albacete, 1976) ha optado en esta segunda obra por hablarnos de esa otra clase de "personajillos" que, una vez que das con ellos, "te los encuentras sin parar", cuenta a Efe en una entrevista.

Y es que él tiene cierta ventaja para toparse con ellos tan sólo poniendo "la lupa en conversaciones con amigos". "Me gusta mucho salir con los amigos a tomarme unas cervezas, como a todo el mundo, y una vez que se acaba de hablar de fútbol y de política al final llegas a las chorradas, y de ahí es de donde pesco".

Con esta técnica de "observador", aunque más bien habría que hablar de cazador, ha conseguido dibujar y guionizar 160 "idioteces" en este libro editado por Blackie Books que lo llevará durante estos días a firmar ejemplares a la Feria del Libro de Madrid.

En "Orgullo Brutal", Cimas, con su particular estilo que parece mamar del cómic underground, relata la vida de personas que llevan al límite su orgullo hasta al punto de sacar una carcajada con su actitud porque, como afirma, "el orgullo es uno de los mecanismos que activa la flipadura".

Así consigue sacar "la parte divertida de las cosas tristes" a personas con perfiles que van desde el famoso de la televisión pasado de todo y de todos, el ultra del fútbol obcecado; o uno muy común cuando el calor aprieta y las cervezas se toman en la calle, el "experto en terracitas".

Y se ríe de ellos, y nos hace reír con todos ellos porque el humor tiene esa especie de licencia para decir lo que sea, y cuando sea: "Es un derecho que viene desde hace mucho, mucho tiempo, es una tradición. ¿No decían eso de que el bufón podía reirse del rey? Pues por ahí va".

Pero, como matiza, la profesión de cómico también "arriesga mucho" ya que su gremio es consciente de que siempre habrá alguien a quien le caiga mal la broma. Incluso, como se atreve a afirmar, la gente "odia con visceralidad" a los humoristas cuando éstos no dicen lo que el se espera.

"No sé si será cosa de este país, pero cuando no te entra alguien bien le coges asco", puntualiza soltando una carcajada cómplice.

Asumiendo este riesgo, el también protagonista de programas como "Hora chanante" ya tiene su próximo tebeo "en mente", aunque ahora en lo que piensa es en tomarse unas vacaciones para descansar de la grabación del que será el próximo programa del "clan de Albacete" (formado por sus inseparables Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla o Julián López): "Retorno a Lilifor".

"Mi objetivo de momento es sacar un cómic al año, y por ahora lo he cumplido. Y por eso estoy tan orgulloso, porque el resto de cosas a las que me dedico son muy bonitas, me lo paso muy bien, me han dado muchas cosas, pero es verdad que llegué un poco por caprichos del destino", asevera este manchego que soñaba de niño convertirse en un autor de viñetas.

Y si hay que destacar un personaje de sus dos obras publicadas, ése es "yogur de piña", una especie de "pepito grillo" que, como adelanta, "nunca" desaparecerá de sus tebeos. "!Antes desaparezco yo¡", exclama.

"Se está haciendo el gran protagonista del tebeo", reconoce. Y concluye: "creo que es la parte más bonita, y mira que tiene mala leche. Yo soy un poco así, me ataco con fiereza cuando estoy solo, me doy mucha caña, y dibujando, sobre todo yogur de piña, se me quita. Es como verse en un espejo".

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