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Ryan Tedder instaura en Madrid su república "buena"

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Ryan Tedder instaura en Madrid su república "buena"

Ryan Tedder instaura en Madrid su república "buena"

Una fórmula blanca, florida y optimista, apta para todos los públicos, sin estridencias ni riesgos excesivos, a veces demagoga y obvia, pero de planteamiento tan certero que ha moldeado el pop masivo del siglo XXI salpicando a grandes como U2, así es la música de OneRepublic que hoy ha llegado a Madrid.

"La vida a veces apesta, pero la mayor parte del tiempo es buena", aseguraba Ryan Tedder, cantante y alquimista responsable del híbrido catártico de pop-rock, folk, música de baile y góspel que caracteriza a la banda y también a muchos grandes éxitos de su autoría, como "Halo", de Beyoncé; "Turning tables" de Adele, o "Bleeding love", de Leona Lewis... Por citar unos pocos.

Más de 5.000 personas de toda orden y condición han pisado el formato reducido de "The ring" del Palacio de los Deportes para disfrutar de canciones como "Apologize", que les hizo mundialmente conocidos en 2007, o la más reciente "Counting stars", gran momento de la noche, pero desaprovechado a mitad de concierto en lugar de como broche apoteósico.

Tedder no se ha guardado siempre para sí lo mejor de su producción, y eso se nota en un repertorio que, en hora y media larga de desarrollo, carece de pegada a ratos, a pesar de nutrirse de tres discos, sobre todo del último, "Native" (2013), del que suenan hasta nueve temas.

Eso explicaría la rara distribución de los "hits" más importantes, la incorporación de versiones ("Stay with me", de Sam Smith; "Budapest", de George Ezra, y "What a wonderful world", de Louis Armstrong), así como el uso de algunas triquiñuelas para remover al público.

Entre las más facilonas, pero siempre eficaces, los apretones de manos y las apelaciones directas a la ciudad, incluida la proyección de fondo de unas imágenes de Madrid que para sí quisiera el Ayuntamiento como instrumento de promoción.

"Os queremos, España, hemos tardado mucho en volver", decía Tedder al inicio del show, recordando aquella cita de 2008 en el Círculo de Bellas Artes de la capital, ante solo 300 personas.

Incluso ha habido tiempo para un receso instrumental de guitarra española, con bailaoras de flamenco, a cargo del otro miembro destacado de OneRepublic, el guitarrista Zach Filkins, que pasó parte de su infancia en Barcelona y habla un perfecto castellano.

La mente lógica y racional de productor de Tedder se extiende a otros detalles que ayudan a realzar el espectáculo, como la bonita escenografía y los complejos juegos de luces, o la grabación del coro infantil al inicio de la dieciochesca "All the right moves", con ese violín y ese cello que también son marca de la casa.

De lo mejor, la emotiva balada "Stop and stare" -que bien podría haber compuesto para sus idolotrados U2-, iniciada con Tedder solo a la guitarra, también la desnuda versión original de "Apologize" al piano (eso sí, sin la profundidad de la percusión y línea de bajo que le aportó Timbaland en su día) y, ya en los bises, el toque folkie festivo de "Love runs out".

Tedder, que es además de todo lo dicho un notable y generoso vocalista, deja al descubierto sus carencias al abordar después "What a wonderful world". Así pues, mejor centrarse en la despedida con la marchosa "If I lose myself" y una promesa traslada en español: "Buenas noches, Madrid, gracias por todo el cariño, la próxima vez volveremos más pronto".

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