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Valle-Inclán es el gran escritor español del XX, según su biógrafo

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Valle-Inclán es el gran escritor español del XX, según su biógrafo

Valle-Inclán es el gran escritor español del XX, según su biógrafo

Ramón del Valle-Inclán "es el gran escritor del siglo XX español", según ha dicho a Efe su biógrafo, el profesor de la Universidad de Málaga Manuel Alberca, ganador del Premio Comillas con su biografía del creador del esperpento, titulada "La espada y la palabra" (Tusquets).

El estilo literario de Valle-Inclán "no es un mero adorno, sino un bisturí o una mirada crítica que abre y muestra la realidad hispana; una parte de su obra, la que describe la descomposición política y moral de la España decimonónica y de comienzos del XX, tiene vigencia; se parece desgraciadamente a la situación actual".

Alberca ha asegurado que su biografía "no está escrita para restar, sino para sumar" y que no pretende "quitarle atributos ni méritos a Valle-Inclán, si acaso aspira a desprenderle algunas adherencias ficticias; su genialidad para mentir o inventar fábulas autobiográficas quedan en mi relato como una expresión de su carácter, pero trato de contrastarlas con los hechos y los documentos; ambos son tozudos".

La leyenda ha pesado sobre el autor de "Luces de bohemia" al que, según Alberca, "algunos biógrafos convirtieron en un tarambana e hicieron de él un personaje cómico o de chiste" mientras que "en los años sesenta, bajo el franquismo, algunos prefirieron inventarse un escritor revolucionario, incluso comunista; ambas cosas no se compadecen con la realidad, y además son antagónicas".

El biógrafo ha explicado que esas circunstancias, en el caso de Valle-Inclán, "han confinado al hombre y su obra en un limbo de irrealidad", lo que también se ha debido a que "don Ramón era de carácter fantasioso; inventó y difundió sobre sí mismo y sobre otros cuentos sin cuenta; los periodistas le buscaban porque les daba mucho juego y titulares, opiniones rotundas y mentiras geniales".

"Estos mismos periodistas, y en general cualquier coetáneo, se encontraban legitimados para agrandar aun mucho más las fabulaciones sin preocuparse de la veracidad de los hechos", ha añadido.

Según el biógrafo, Valle-Inclán no buscó la notoriedad sino que ésta "le salía al encuentro; tenía una facilidad, digamos natural, para convertirse en el centro de cualquier reunión, de cualquier tertulia; se le llamó en alguna ocasión el 'emperador de las tertulias de Madrid'; además era muy sociable y tenía 'ángel'".

También se distinguió por "su individualismo oportunista y su desvergüenza para contradecirse", de modo que "su irreductible singularidad en todas las facetas de la vida pueden hacerlo el ser más atractivo o el más antipático".

Alberca lo califica de "genial sin duda; todo lo que hacía o tocaba le daba su impronta única, divina, con chispa", lo que no le impidió ser duelista: "Conviene recordar que el duelo era una práctica habitual en el fin de siglo en gremios como periodistas, militares y escritores".

Según Alberca, "cuando advino la Segunda República atravesaba una etapa complicada: divorcio, perdida de ingresos regulares, enfermedad, cuatro hijos pequeños que alimentar, una mujer enloquecida que le perseguía de manera inmisericorde; entonces intrigó y movió influencias en el entorno del nuevo poder republicano para que le diesen un cargo; se lo dieron; bueno, le dieron tres para que se callase".

Se trataba de que "cobrase y se quedase en su casa; en cambio nuestro hombre quiso hacer cosas, llenar de contenido el cargo, justificar el sueldo; sus jefes preferían verlo en su casa escribiendo; ahí surgió el conflicto".

Sobre la ubicación política de Valle-Inclán ha señalado que "el contexto del franquismo tuvo efectos perversos; todo en aquellos años tenía que ser comunista y revolucionario; era un espejismo propio de la época; por otra parte Valle-Inclán siempre sufrió esta incomprensión con respecto a su militancia política; fue un carlista singular".

"Sus correligionarios desconfiaban de él, lo veían demasiado 'raro', además fumaba kif y hachís, y los demás no querían creerse que este hombre tan revolucionario en literatura fuese tan facha en política", ha concluido.

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