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ENTREVISTA | Lynne Ramsay

"Las mujeres podemos rodar una película violenta igual o mejor que un tío"

La directora presenta en San Sebastián You were never really here, una película de acción sofocante y de bajo presupuesto con la que hace maravillas

"Joaquin Phoenix no tiene nada que ver con esta imagen de actor temible que no se deja dirigir. Es muy maleable. Es un tipo vegano muy simpático"

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Lynne Ramsay, directora de 'You were never really there', y Joaquin Phoenix

Lynne Ramsay, directora de 'You were never really there', y Joaquin Phoenix EFE

Dice Joaquin Phoenix que contactó con la directora Lynne Ramsay tras escuchar que era una de las cineastas vivas más brillantes del momento. Vio Tenemos que hablar de Kevin y fue el acicate necesario para levantar el teléfono y pedirle un papel en su próximo proyecto. El actor también se ríe de su marcado acento escocés, por el que estuvo cinco minutos asintiendo sin entender ni una palabra de lo que decía.

Ramsay habla a una velocidad inversamente proporcional al ritmo de sus películas. La directora de Glasgow se regodea en las imágenes incómodas sin resultar excesiva y se atreve con temáticas profundas alternando como pocos el histrionismo con la sensibilidad. Ahora presenta en San Sebastián You were never really here, donde Phoenix se pone a sus órdenes para interpretar a un exsoldado reconvertido en sicario bonachón que salva a niñas de la trata de blancas.

Entre pitillos y un café solo, la cineasta nos abre las puertas del rodaje con uno de los actores más deseados y polémicos del planeta, de sus excentricidades y de la forma en la que ha conseguido apropiarse de la acción firmando y filmando en femenino. 

Es una película con muchas capas distintas, como la explotación sexual, la pederastia o la violencia doméstica. ¿Cómo consigue que el público asimile el mensaje y no se quede en la violencia superficial?

Es una pregunta difícil. Empecé a trabajar desde el punto de vista del personaje. De todos modos, no creo que la película muestre esa agresividad de forma demasiado evidente. Creo que asistimos más a las consecuencias de la violencia que a la violencia en sí misma. 

Vivimos en un mundo muy explícito, pero en ocasiones lo que imaginamos es más aterrador que lo que vemos. Hoy en día consumimos casi una "violencia de dibujos animados". En You were never really there he querido mostrar un terror plausible, porque es lo que provocan todas esas capas que mencionas.

No quiero que la violencia en el cine sea enajenada, prefiero darle humanidad y Joaquín consigue transmitir esos matices a la perfección.

El guion aborda la trata de blancas desde una perspectiva política que nunca habíamos visto. ¿Necesitamos hablar de ello como algo más serio que una ficción de gangsters?

Sí. Durante la película vemos a través de los ojos del personaje principal, que no tiene ni idea de qué demonios está pasando. No creo que esta sea una película con intenciones muy políticas, pero creo que se adapta a estos tiempos tan oscuros que estamos viviendo en materia política. Así que, en un sentido metafórico, sí que creo que invita a rascar la superficie de este mundo tan violento.

En cuanto a lo visual, Joaquin Phoenix acapara la pantalla en la totalidad del filme, pero muy pocas veces al completo. Suele aparecer por partes como la cara, las cicatrices o el torso desperfecto. ¿Qué quería transmitir con esta disección anatómica?

Quería alejarme del prototipo de estas películas. El tío con el cuerpo escultural, la tableta de chocolate y que nunca comete un error, siempre dispara a matar. Joe es lo contrario, representa la impotencia de la masculinidad. Físicamente es el jorobado de NotreDame o la Bestia, no James Bond.

Me obsesioné con las cicatrices porque, esas marcas del cuerpo, se convierten en el reflejo de un hombre que ha colapsado por toda la violencia que le rodea. Gracias a ellas establecemos un puente a su psicología, hacia esos flashbacks del pasado que nunca llegamos a conocer del todo.

La película tiene un gran trabajo en la sala de montaje, pero el grueso de las tomas se rodaron en muy poco tiempo. ¿Cómo fue trabajar casi sin ensayos con Phoenix?

Es cierto. Con Joaquin no ensayábamos, en absoluto. Pero hablamos durante días y coincidimos en que debíamos romper los clichés, también en la relación con la madre para no caer en una adaptación de Psicosis. Incluso en la representación del trastorno obsesivo compulsivo, donde pasamos de las típicas cursilerías que se ven en pantalla. 

Pero Joaquin es un tío de una sola toma. Está por encima de los ensayos. Quizá no le ocurra siempre, pero en esta, en cuanto pilló el personaje, tuvimos la película. Ni siquiera yo sabía qué era lo siguiente que podía esperar de él en cada día de rodaje. De hecho, hubo momentos en los que ocurrieron cosas disparatadas.

¿Se puede contar alguna?

Por ejemplo, hay una escena en la que él le pega un puñetazo a un camello y lo hizo fuera de guion y sin avisar al otro actor. Al tío no le importó, pero yo le dije: ¿podrías por favor avisarme la próxima vez? No quiero que nos demanden (ríe).

Hay otra en la que se arranca él mismo una muela con unos alicates, y no estaba en los primeros guiones. Fue un giro ideado en nuestras charlas. En el libro, el protagonista recibe un disparo en la pierna, pero no queríamos caer en el cliché del tipo que se arrastra con un reguero de sangre. Queríamos algo cruel y que enfocase a su cara en todo momento, y así surgió lo del diente. Pero tranquilos, esta vez sí que era un diente de mentira.

Esa relación atípica entre madre e hijo de la que habla es bastante recurrente en su cine, como en Tenemos que hablar de Kevin. ¿Cómo consigue encajar esos momentos dulces y casi cómicos en una película tan distinta a la anterior?

Para mí, una de las cosas más interesantes del personaje de Joe es esa dualidad. Al principio pensamos que es un psicópata, no sabemos qué podemos esperar de él, y luego resulta que tiene esa relación dulce y graciosa con su madre, aderezada con una pizca de locura. Le da al personaje mucha humanidad. Esto aparecía en el libro, pero yo me enamoré de la conexión que nació entre Joaquin y Judith Roberts, y la hice mucho más grande. 

Tenemos un montón de material precioso que daría para una película aparte, para un spin off de Joe y su madre (ríe). Y luego está Judith, a quien conocimos en Erasehead, que es una actriz brillante y una mujer asombrosa. Cuanto más aparezca en pantalla, mejor.

Joaquin Phoenix en 'You were never really here'

Joaquin Phoenix en 'You were never really here'

El productor de Irrational Man dijo de usted que era una de las cineastas vivas más brillantes. ¿Piensa que está cambiando la falsa percepción social de que las mujeres no saben rodar acción y violencia?

Cualquier mujer debería tener permitido hacer la película que ella quiera hacer. Podemos hacer una película de acción o violencia igual o mejor que un tío. Ni siquiera pienso en mí misma en esos términos, solo como cineasta. Me apasionaba este personaje, tenía muy claro que era la cinta que quería rodar y abrí mi propio camino. Todos los tipos de cine y los argumentos son libres, o deberían serlo. 

Es cierto que este género suele estar relacionado con la identidad masculina. La mía es una película corta y barata, así que pensé con mucho cuidado en las secuencias de acción para que no quedase marginada. Y, al mismo tiempo, para que fuese distinta de lo que ya hemos visto. Porque, en el cine, la violencia también puede y debe ser poética. Ahí tenemos a Old Boy o la filmografía de Tarantino. 

Me encantan esas películas que son difíciles de ver, pero You were never really here puede causar más sensación porque deja muchas cosas a la imaginación. No ves lo que pasa, sino las secuelas. Pasé mucho tiempo diseñándolo para que cada uno tenga la libertad de amoldarse a su propio visionado.

Joaquin Phoenix siempre cuenta que fue él quien pidió trabajar con usted. ¿Cómo fue el momento de recibir la llamada de uno de los actores más deseados del planeta? 

La verdad es que, cuando escribía el guion, pensé en él por muchos motivos. Esto suena oportuno, pero de verdad fue así, aunque pensaba que nunca accedería. Él tiene un instinto fantástico para detectar las sandeces. Todo lo que hace es gracioso, sensible o tormentoso. Me llamó, hablamos cinco minutos y nos hicimos colegas muy rápido. Ahora tenemos casi una relación de hermanos. 

Al principio estaba muy nerviosa porque, al tener poco presupuesto, tuvimos que recortar en localizaciones y en páginas de guion. Pero él fue muy comprensivo y se sentó conmigo para sacar el mayor provecho de lo que teníamos. Algunas de las mejores ideas (como la del diente) salieron así. 

¿Y qué hay de esa fama de actor del método problemático?

¡Qué va! Es un tipo vegano muy simpático (ríe). Nada que ver con esta imagen de hombre temible que arrastra, o de actor irascible que no se deja dirigir. Es muy maleable. Consigue darle a los personajes una fuerza que no vemos en otros actores. No es el chico guapo, no está en forma en esta película, y por eso le da un toque auténtico.

Su manera de llevar el personaje consiguió elevar la película mucho más que los diálogos o el guion original. Trabajaría de nuevo con él sin dudarlo. Esta vez haríamos una comedia (ríe).

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