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Siete películas actuales para pasar una Semana Santa apócrifa

En estas fechas la programación televisiva se llena de reflexiones sobre la fe: aquí van unas cuantas películas para acercarse a ella de un modo distinto

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Las vacaciones de Jesús y Buda.jpg

'Las vacaciones de Jesús y Buda' de Noriko Takao.

Llegan los días en los que se conmemora la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Llegan también las procesiones, los penitentes y la programación televisiva más religiosa del año. Se suceden desde teleseries como Killing Jesus -rareza auspiciada por National Geographic-, a la reposición de alguna de las mejores comedias de la historia como La vida de Brian o la épica inmortal de Ben-Hur. El Mesías muere y resucita tantas veces como zapping hagamos, si queda alguien que atienda a la programación de nuestras televisiones y no opte por la libertad condicional del video on demand.

Ante tal panorama, podemos seguir el juego y descubrir, sin reticencia alguna, que la religión es uno de los temas clave del séptimo arte. No es ninguna osadía afirmar que en dicho subgénero encontramos verdaderas obras maestras, cuando no películas absolutamente fundacionales de lo que es el cine hoy. Hablamos de L a pasión de Juana de Arco u Ordet (La palabra) ambas de Dreyer, pero también de la Viridiana de Buñuel o el Anderi Rublev de Tarkovsky.

También podemos optar por ver la fe en amplio espectro y con la mirada más actual posible. Podemos ver la religión como conjunto de creencias varias acerca de una divinidad, que no necesariamente estén basadas en la Biblia. Y hacerlo con películas realmente actuales, que no llegan a cumplir ni una década. Largometrajes que nos muestran cómo vive el cine la creencia en un ser supremo.

Como cualquier selección esta también adolece de dejar fuera títulos importantes, como son las dramáticas Camino de la cruz de Dietrich Brüggemann, o La religiosa de Guillaume Nicloux, o chifladuras de nivel como Red State de Kevin Smith. Sea como fuere, aquí van siete títulos que se acercan a la fe de manera apócrifa.

Silencio (Martin Scorsese, 2016)

¿De dónde venimos? Después de deleitarse con un Nuevo Testamento del exceso y la locura financiera con  El lobo de Wall Street, Scorsese se retiró tres años. En realidad fue un retiro poco espiritual y mal disimulado, pues siguió trabajando sin cesar en proyectos como la fallida serie de HBO Vinyl. Sin embargo, la apariencia de quietud se reveló en profundidad con la llegada de Silencio una adaptación de una novela de Shūsaku Endō que narra las penurias de los jesuitas portugueses que intentaron difundir la palabra de Dios en el feroz Japón del siglo XVII.

¿A dónde vamos? La fe, que ya había estado ampliamente analizada en su filmografía -véase sin ir más lejos La última tentación de Cristo- llega a su madurez expresiva en Silencio. No por lo hondo de su reflexión, sino por lo sosegado de hacerla. Una mirada a los riesgos de que creer como fin en la vida, el peligro que asoma tras el fanatismo y la facilidad de la fe para ser usada como arma arrojadiza, y mortal, ante las creencias ajenas.

El club (Pablo Larraín, 2015)

¿De dónde venimos? Con este film alcanzó la presencia internacional que luego revalidaría con las excelentes Neruda y Jackie. Sin embargo, la posición de Pablo Larraín como realizador nunca ha llegado a ser del todo cómoda: gran parte de su carrera consiste en hurgar en la herida y molestar al que se ofenda fácilmente. Así, no es de extrañar que en determinado momento decidiese molestar a un estamento intocable: el statu quo católico de su país.

¿A dónde vamos? Si bien El club es una película incomodísima con varias capas de lectura sobre la corrupción moral o la idea de salvación inherente a la fe, subyace en ella un discurso más potente: la exculpación. O mejor dicho, la excusa del creyente como alguien capaz de subordinar toda lógica a un pensamiento que justifique sus actuaciones, por atroces que sean.

La bruja (Robert Eggers, 2015)

¿De dónde venimos? La opera prima de Robert Eggers se hizo con el merecido premio a mejor dirección en el festival de Sundance con una historia de terror que resultaba  un auténtico abracadabra para el cine de terror. En ella, una familia de colonos cristianos sobrevive como puede a las penalidades de una sequía en la Nueva Inglaterra del siglo XVII. Según sus creencias, Dios les está castigando y poniendo a prueba. Aunque puede que haya algo más detrás de sus desgracias.

¿A dónde vamos? La religión es aquí una prisión para su protagonista, de la misma manera que es una luz de esperanza para los que la rodean. El castigo, concepto que el espectador contemporáneo puede asumir íntimamente ligado a la herencia de la moral cristiana, emana de La Bruja como uno de los pilares de la fe. Aunque si bien, por irónico que resulte, la salida de esa prisión es otra fe, profana y dedicada a un culto mucho más sacrílego.

Noé (Darren Aronofsky, 2014)

¿De dónde venimos? Darren Aronofsky venía de acariciar la -supuesta- gloria que otorgan los Oscar con Cisne negro después de un año para recordar. Además, la religión no le era ajena en absoluto pues casi desde que empezase en el cine, había manejado nociones sobre ella en Pi, fe en el caos y en La fuente de la vida. De pronto, estrenaba un blockbuster basado en la vida del último de los patriarcas antediluvianos.

¿A dónde vamos? Noé es posiblemente uno de los blockbusters más caros y extremadamente raros que ha dado el cine reciente. Su altísimo presupuesto iba acompañado de una historia inaccesible y de un curioso concepto de fe: el de la lectura interesada. Una rareza que entretiene de manera intermitente y que da buena cuenta de lo que es interpretar un texto sagrado al pie de la letra, o por el contrario inferir de él lo que se desee.

Calvary (John Michael McDonagh, 2014)

¿De dónde venimos? John Michael McDonagh, hermano mayor del más afamado Martin McDonagh, pertrechó en 2014 un sentido homenaje a los hombres de fe con Calvary. Una contestación reflexiva y dramática al relativo éxito que tuvo su anterior film: la comedia negra El irlandés. Ambas películas inteligentes, aunque solo una realmente excelente.

¿A dónde vamos? Calvary sigue los pasos del Padre James -brillante Brendan Gleeson- un hombre dedicado al credo que un buen día recibe una amenaza de muerte de un feligrés anónimo. Lejos de denunciarle o intentar evitar que alguien le asesine, decide averiguar el porqué. La fe es aquí la búsqueda de razones ulteriores, superiores, que expliquen aquello que no podemos entender. Remediar, eso ya es otro tema.

The Fake (Yeon Sang-ho, 2013)

¿De dónde venimos? Yeon Sang-ho dirigió esta película de animación surcoreana después del buen recibimiento de un drama de brocha gorda sobre el acoso escolar llamado The King of Pigs. Esta vez, no reducía los trazos de la narración, brusca y tremendamente obvia, pero sí optaba por caminos menos fáciles. Gracias a su reputación como director de ambas, saltó a la acción real con la entretenidísima Train to Busan

¿A dónde vamos? En esta historia de malas decisiones y venganzas, en un ambiente muy del estilo de True Detective aunque anterior, un hombre llega predicando la salvación de unas almas que buscan desesperadas luz en su vida. La religión, para Yeon Sang-ho, es a la vez el consuelo necesario y el camino que hay que cuidarse de caminar. Creer es jugar con el doble filo de una navaja que igual pela una manzana que corta un cuello.

Las vacaciones de Jesús y Buda (Noriko Takao, 2013)

¿De dónde venimos? La mangaka Hikaru Nakamura se hizo popular a principios de los dos mil gracias a un manga que contaba la historia de un Jesús contemporáneo que decidía irse a vivir con su amigo Buda a un piso del Japón de hoy. Repitió la jugada Noriko Takao, una realizadora que tras debutar con la adaptación al cine de un manga que había vendido más de 10 millones de copias en su país, se embarcó el el mundo de las series anime. Ahí sigue, parece ser.

¿A dónde vamos? Estamos ante una comedia afable que apuesta por mostrar la fe como hecho sanador y recurso valiente hacia el autodescubrimiento. Gracias a su destreza narrativa y su delicadeza en la puesta en escena, su mensaje se sujeta con fuerza a los andamios de una estructura férrea. Un respiro agradable ante tanto mensaje grave sobre la creencia y su reverso tenebroso.

Bola extra: El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012)

¿De dónde venimos? El actor, guionista y director sevillano Alfonso Sánchez seguramente sea una de las últimas incorporaciones al improbable olimpo de realizadores españoles que se han reído -en el buen sentido- de las tradiciones 'muy españolas y mucho españolas'. No en vano, El mundo es nuestro, sátira sobre la Semana Santa y antídoto eficaz del prejuicio, es una de las comedias más absurdamente divertidas que ha dado el cine patrio estos años.

¿A dónde vamos? El Cabesa y el Culebra, son dos amigos de barrio poco avispados que un buen día, en plena Semana Santa sevillana, deciden atracar un banco. La cosa no resultará tan sencilla como se esperaban y las procesiones, los politiqueos y el fervor se mezclarán sin remedio en una sátira fácil pero inteligente de la crisis. La fe, aquí, es equivalente a tradición pues en la tierra de sus dos protagonistas hay dramas mayores que salir encapuchado y hacer de costalero.

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