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ENTREVISTA | Pedro Casablanc

"Hay que tener cuidado con los teatros públicos que son más afines al poder"

Entrevistamos al actor por el estreno de su nueva obra Yo, Feuerbach en el Teatro Abadía de Madrid, que aborda el temor al paso del tiempo de los intérpretes 

Casablanc habla de sus papeles más comprometidos y de la importancia de no dejar que las tramas políticas caduquen para representarlas en la ficción

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Pedro Casablanc en entrevista con eldiario.es

Pedro Casablanc en entrevista con eldiario.es Alejandro Navarro

Si la presencia de un actor se midiese con el título de una película, Pedro Casablanc sería el hombre de las mil caras. Le disfrutamos con la cinta homónima de Alberto Rodríguez en las salas; la apuesta de éxito de Antena3, Mar de plástico, liderando la parrilla; y su obra  Yo, Feuerbach a punto de debutar en el Teatro Abadía de Madrid.

La función se basa en un texto de Tankred Dorst que mete el dedo en el conflicto generacional que a veces invade la escena interpretativa. En el ocaso de las grandes glorias del pasado al sentir la amenaza de las nuevas promesas y del arte mediático. Pero Casablanc está en las antípodas de su álter ego teatral. Tiene en sus manos el poder de elegir el guión que más le agrade sin reparar en contenidos espinosos ni correcciones políticas. 

En plena vorágine por los ordenadores de Bárcenas, recordamos con el actor su papel como extesorero del PP en B: la película y la importancia de abordar las tramas actuales desde la cultura. También del castigo institucional al teatro y de la carencia de apoyo ciudadano. Y, para terminar, una llamada a los ojeadores: ¿quién no querría ver a Pedro Casablanc en la piel de Mariano Rajoy?

Yo, Feuerbach se centra en la decadencia del actor veterano, pero fuera del escenario su imagen es radicalmente opuesta, ¿qué le atrajo del personaje?

Soy un privilegiado porque hago lo que he soñado desde siempre. En ese sentido, la vida me ha sonreído. Interpreto el ocaso de un hombre que ha sido afortunado, con una gran carrera y reconocido como un actor culto y de prestigio. Pero hay momentos en la vida donde todo eso queda al margen de la sociedad en pos de la imagen, de lo mediático y del amiguismo.

¿Vivimos un momento de servilismo cultural?

Sí, y ha ocurrido de pronto. Se ha generado una cultura mucho más inmediata y una necesidad de rendimiento económico que cada vez es más capitalista y se olvida la poesía y el arte.

Esto afecta a la realidad diaria de muchos actores. Es lo que Feuerbach representa, sobre todo cuando lleva mucho tiempo sin ejercer su vocación y no puede trabajar. Ha entrado en un bache laboral grave -como muchos de la profesión- que le mina a nivel emocional, pero sobre todo a nivel psicológico.

Varios países se han levantado ante la discriminación de los actores veteranos, ¿también es un problema principal en España?

Es verdad que se crean muchos personajes para gente joven, sobre todo en televisión y en cine, donde prefieren que la taquilla sea rentable antes que crear un verdadero mensaje artístico. Pero también hay muchos actores mayores que no están acostumbrados a la rapidez de estos medios. Conozco a varias personas que no se han adaptado y han preferido incluso no trabajar.

El ritmo es brutal, hay que estudiar muchísimo. Ellos están desentrenados (hablo de gente bastante mayor que yo) y se ven un poco marginados. Porque la forma de hacer tradicional era más concienzuda, más lenta.

Pedro Casablanc durante la entrevista con eldiario.es

Pedro Casablanc durante la entrevista con eldiario.es Alejandro Navarro

¿Y en su caso?

Hay un abismo que nos acecha a todos en esta vida y que amenaza con que todo esto se acabe. El temor a que las productoras no te necesiten, o que los directores dejen de soñar contigo para un espectáculo y prefieran a gente más joven. O al contrario. Que los proyectos que te ofrezcan ya no encajen dentro de tu espectro. 

Pero no le faltan proyectos. ¿Qué importancia tiene encontrar el equilibrio entre las obras más humildes y las grandes proyecciones?

Tengo la suerte de poder estar a la vez sobre el escenario, en cine y en televisión. Pero nunca dejo el teatro porque siempre será mi casa. Jamás lo abandonaría para dedicarme solo a trabajos mediáticos.

Ya ha pasado un año desde el estreno de B (Bárcenas), ¿cómo se ve con el tiempo toda esa presión que vivieron? 

El miedo que teníamos con esa película es que no se distribuyera y que no tuviese acogida entre el público. Ya sabíamos que a los de arriba no les iba a gustar.

Es una cinta muy pequeña, realizada con pocos medios, donde no se pudo invertir ni un euro en publicidad. Y debemos tener en cuenta que gran parte del presupuesto de una película se destina a eso. Aún así hemos conseguido que se siga viendo.

Gran parte de esa acogida pública tuvo lugar en las redes gracias al hashtag #QuieroVerB, ¿necesita el teatro más de este apoyo ciudadano?

Faltan muchos medios en el teatro, muchísimos más que en el cine. En las redes sociales, por ejemplo, no tienen apenas cabida. Es un recurso muy interesante porque es personal, es la opinión de cada espectador que va a ver la obra. Cuantas más personas tuiteen su sensación al salir del teatro, o lo anuncien en Facebook, pues mucho mejor. Pero no deja de ser una promoción voluntaria. 

Yo creo que las instituciones y los teatros deberían centrarse más en la promoción. Hay que lanzar un mensaje efectivo a los particulares para llenar las salas. Es tremendo que gran parte del público admita que no ha ido en su vida al teatro. Y el empuje que puede darte una red social no es tan grande como el que necesitamos.  

EDICIÓN DE VÍDEO: Alejandro Navarro Bustamante

Hay una gran cantidad de obras políticas en teatro que no suscitan ni la mitad de polémica, ¿es más fácil presentar estos guiones que en el cine?

Depende del teatro. La función de Ruz-Bárcenas se hizo en un teatro muy pequeño sin ningún tipo de apoyo oficial. Hicimos lo que queríamos y como lo queríamos. Estuvimos dos años representando esa función con la sala llena porque era un empeño valiente por parte de una empresa absolutamente independiente, sin ningún tipo de presión por las subvenciones.

Hay que tener cuidado con los teatros públicos porque, igual que en el cine, los hay muy afines al poder. Quizá no puedas hacer una obra política que esté denunciando la corrupción dentro del partido del Gobierno o del 'no Gobierno' que tenemos ahora. Las grandes cadenas y productoras de cine a veces también ponen difícil hacer una proyecto que deje al descubierto la putrefacción interna.

El hombre de las mil caras también trata de corruptelas del pasado, por eso ha podido desfilar por San Sebastián y gozar de una gran campaña promoción.

Porque el paso del tiempo lo cura todo. En esta película se trata de un caso gordísimo de corrupción en el PSOE: el caso Roldán. Ahora, con una distancia de veinte años, se ve como agua pasada. La historia siempre es más accesible a las productoras y a los cauces de distribución. Aun así es una propuesta muy valiente y, pese a ser una producción de gran presupuesto, no maquilla parte de la trama.

Su serie Mar de plástico tampoco maquilla un problema muy actual: el trato esclavista a los inmigrantes en los invernaderos de Almería.

Es cierto. También es muy valiente porque habla de una situación que no se suele abordar en este tipo de ficciones. El trato que se les da a los subsaharianos en este negocio raya la esclavitud, y la serie lo está contando tal cual ocurre.

¿Que pasa? Pues "aparentemente" su principal trama es un  thriller y es una serie "aparentemente" policíaca. Pero al introducirla dentro de este paisaje, se presta a hablar de "otras cosas".

Entonces, ¿el truco está en esconder la política bajo los excesos de la ficción?

Probablemente. Es una manera de pasarlo por los filtros y de que el público lo asimile.

Hablando de tramas actuales. Si le pasasen la transcripción de todas las negociaciones para formar Gobierno, ¿a qué líder le gustaría interpretar?

(Ríe). El que mejor me saldría sería Mariano Rajoy. Es un personaje muy curioso, prácticamente de comedia. Siempre está un poco perdido mientras intenta esconder sus carencias: no presentándose a los debates, trabándose al hablar... Pero sí que hay una gran trama ahí para hacer una serie de televisión.

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