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El "experimento" revolucionario de Cuba, visto a través del visor en Venecia

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El "experimento" revolucionario de Cuba, visto a través del visor en Venecia

El "experimento" revolucionario de Cuba, visto a través del visor en Venecia

Con su pesada cámara de vídeo, el estadounidense Jon Alpert filmó durante décadas las luces y sombras de la Revolución cubana, un "experimento social que enfureció e inspiró" y que ha plasmado en un documental mostrado hoy en Venecia.

Producida por Netflix y proyectada fuera de concurso en la Mostra, "Cuba and the Cameraman" ha sido creado a partir de las más de mil horas de grabación tomadas por Alpert en sus múltiples viajes a la isla desde el ascenso de Fidel Castro, en 1959.

Supone un viaje en el tiempo pero, sobre todo, una revisión de los éxitos y fracasos de la historia de la Revolución, desde el vibrante inicio del Castrismo hasta la actualidad, pasando por la voraz crisis desatada tras la caída de la Unión Soviética.

Alpert, ganador de varios Emmy y nominado al Óscar por sus documentales, llegó por primera vez a Cuba en 1972, con 20 años, a bordo de un velero, junto a su mujer, en el que fue arrestado.

"Me dijeron: '¿qué haces?'; y yo respondí:'quiero ver Cuba'. Ellos me explicaron que no podía. Les llamé locos: 'Tenéis un país precioso, ¿por qué lo escondéis?", rememoró en rueda de prensa.

Era la primera vez que salía de los confines de Estados Unidos y emprendió el viaje porque Cuba representaba un "territorio" prohibido y porque quería saber cómo trataban temas como la sanidad o la educación, "servicios muy codiciados" en Nueva York.

Tras recorrer la isla, el veterano reportero quedó fascinado por su realidad y, señaló a Efe, comprendió "la importancia de ser capaz de ver las revoluciones de cada época", por lo que decidió regresar en los años posteriores.

El documentalista pone ante la cámara los casos de tres familias para explicar el país: Caridad, una joven que se casó con 14 años y que acabaría emigrando; los hermanos Borrego, 3 labriegos víctimas del desabastecimiento, y el desempleado Luis Amores.

Pero también muestra a Fidel Castro desde un punto de vista muy cercano, con quien conversó en varias ocasiones, siguiéndole incluso en el recordado viaje que el comandante realizó a Nueva York en 1979 para pronunciar un discurso ante Naciones Unidas.

Le muestra fumando sin cesar puros, entra en su estancia durante el viaje, grabándole tumbado en la cama, e incluso le hace demostrar que no llevaba chaleco antibalas: "mi chaleco es moral, muy fuerte y me ha protegido siempre", señalaba Castro con el pecho descubierto.

Y Alpert retrata a las familias y al líder durante el paso del tiempo, buscándoles y grabándoles cuando regresaba a la isla con el objetivo de mostrar la situación de la Revolución desde el punto de vista de sus ciudadanos pero también de su líder supremo.

A través del testimonio de sus "amigos", el reportero recorre los altibajos que sufrió el país, en los éxitos de sus servicios públicos pero también en momentos críticos como el éxodo migratorio del Mariel en 1980 o la escasez que azotó la isla por el bloqueo.

Alpert lamentó que "realmente no había nada que pudiera hacer para ayudar a la gente que se había convertido en amiga" y que sufría hambre e incertidumbre, "la parte más difícil y emotiva de la grabación".

En su opinión, los cubanos tienen "un país único y maravilloso a pesar de su extraordinaria diversidad y retos", además de "un espíritu verdaderamente feliz" que contrasta con la perspectiva de Europa, con una sociedad que afronta las crisis de peor modo.

Preguntado por el balance que hace de la Revolución cubana, dijo que "estableció unos cambios sociales realmente emocionantes".

"¿Quién no quiere escuelas buenas y gratuitas? ¿O una buena sanidad pública sin coste? ¿O un precioso sitio en el que vivir? Llevaron a cabo tremendos avances", opinó.

Sin embargo, no todo son celebraciones: Alpert apunta que los cubanos sufrieron por décadas un precario suministro de servicios básicos: "Tenían buenas escuelas pero luego su ducha no funcionaba".

En cualquier caso, Fidel Castro y el resto de los padres de la Revolución "ganaron" y por ello, dijo Alpert, crearon "un sistema social único y un experimento que enfureció e inspiró a multitud de personas en todo el mundo".

"¿Podrían haberlo hecho mejor? Por supuesto. Todo se puede hacer mejor", apunta el cineasta, para después sospechar que el proyecto socialista, como todo, "no durará para siempre".

En su opinión, Fidel Castro será recordado "como alguien que intentó hacer algo extraordinario".

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