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El flamante premio Cervantes, Eduardo Mendoza, ilumina a sus lectores

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El flamante premio Cervantes, Eduardo Mendoza, ilumina a sus lectores

El flamante premio Cervantes, Eduardo Mendoza, ilumina a sus lectores

La escena va repitiéndose desde que el flamante premio Cervantes, Eduardo Mendoza, se ha sentado a las 18.00 horas de hoy en una caseta de paseo de Gràcia de Barcelona para firmar ejemplares y contactar con los lectores. Cada vez que uno de ellos se planta ante él, consigue que se les iluminen las caras.

Las colas son kilométricas, con personas que llevan hasta cinco o seis ejemplares de títulos nuevos de Mendoza como "Las barbas del profeta", pero también de otros que ya amarillean de "El laberinto de las aceitunas" o de "Sin noticias de Gurb".

Conxita, una elegante señora que lo ha felicitado efusivamente por su última distinción, le ha dicho que estaba "muy guapo" en el acto de Alcalá de Henares, mientras un joven le pedía que le firmara con su pluma una dedicatoria a Anna.

En declaraciones a los periodistas, en apenas un suspiro para no ralentizar más la cola, ha dicho sentirse "muy bien" en su primer Sant Jordi como premio Cervantes y ha dejado claro que estas ganas de los lectores por contactar con él son incluso "mejores que la distinción".

A su juicio, es la demostración de que "tengo el reconocimiento de todo el mundo, del lector y también del que no lee" y ha bromeado con que aunque había mucha gente que le pedía una firma, "algunos llevan sus libros de casa". "Así no haremos caja", ha apostillado sonriendo.

Además, ha considerado que lo que tiene de bueno esta jornada es que "el lector pasa por delante de todo el mundo" y, entonces, ha vuelto a la tarea de dedicar novelas y más novelas.

En esta ocasión, ha señalado, "y por privilegios de la edad", sólo firmará durante dos horas.

A su lado, se encontraba un exhausto Jaume Cabré, con colas igualmente masivas, con lectores, también con varios libros en la mano, para pedirle una dedicatoria, aunque, principalmente, iban con el último, los cuentos de "Quan arriba la penombra".

Igual que Mendoza, ha mantenido sólo un par de horas de contacto con los lectores, muchos de ellos, pidiéndole también una fotografía, y dándole la mano en señal de agradecimiento por sus novelas.

Al acabar, ha dicho estar "cansado, pero contento por el contacto mantenido con los lectores, aunque en un día como hoy, con estas colas, es minimalista, y se basa en conocer el nombre de la persona a quien se dedica el libro y poco más".

Ha reconocido que agradece mucho el interés que muestran todos los que han hablado hoy con él y la sonrisa con que se le han acercado. "Lo quieras o no, son vitaminas", ha apuntado.

Eduardo Mendoza y Jaume Cabré también han coincidido en la misma caseta con David Trueba, con muchísimos seguidores con un libro en la mano y con ganas de decirle que se lo pasan muy bien con sus historias.

Una de estas lectoras, después de que Trueba le haya firmado en un ejemplar de "Tierra de Campos" y le haya dicho gracias, ha respondido, emocionada, "no, gracias a ti, por todo".

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