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Las heridas de Pearl Harbor, a punto de cerrarse 75 años después

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Las heridas de Pearl Harbor, a punto de cerrarse 75 años después

Las heridas de Pearl Harbor, a punto de cerrarse 75 años después

EEUU conmemoró hoy el ataque japonés sobre Pearl Harbor que hace 75 años traumatizó a un país que se creía lejos de la II Guerra Mundial y que hoy, tras décadas de amistad con Japón, ve aquella tragedia como una herida casi cerrada.

Ya sólo quedan cinco supervivientes del ataque al acorazado USS Arizona, cuyo pecio es hoy monumento nacional, y que hace 75 años se convirtió en una ratonera donde fallecieron cerca de mil marinos, la mayor tumba de aquel día, que acabó con la vida de más de 2.400 soldados.

Cuatro de los supervivientes del USS Arizona asistieron hoy a una ceremonia de recuerdo en la isla de Oahu (Hawai), mientras que otros ancianos testigos de ese día de 1941 acudieron a una ceremonia en el Monumento de la II Guerra Mundial en el corazón de Washington.

Entre los que viajaron a Hawai se encontraba Ray Chávez, marino del USS Condor y que con sus 104 años es el superviviente más longevo de una jornada en la que una nube de 300 aviones militares japoneses sorprendió a la flota estadounidense desplegada en ese enclave del Pacífico.

"Nunca lo olvidaré. Muchas vidas inocentes se perdieron aquel día", dijo Chávez en una entrevista emitida hoy por el canal NBC.

El ataque del 7 de diciembre de 1941 arrastró a Estados Unidos a la II Guerra Mundial y llevó al Gobierno de Franklin Delano Roosevelt a ordenar el internamiento de más de 100.000 estadounidenses de ascendencia japonesa en la costa oeste, uno de los períodos más oscuros de la historia de la democracia de EEUU.

La implicación de Estados Unidos en la II Guerra Mundial llevó a los estadounidenses a entrar victoriosos en la Italia fascista, liberar París, tomar control de parte de un Berlín dividido y ocupar un Tokio en ruinas, rendido tras el lanzamiento de las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki, una masacre que acabó en 1945 con más de 200.000 vidas.

"Desde los muelles de Pearl Harbor hasta las playas de Normandía y en los confines del mundo, valientes patriotas sirvieron a su país y defendieron los valores que sostienen nuestra nación desde su nacimiento", señaló hoy el presidente de EEUU, Barack Obama, en una declaración para conmemorar la tragedia.

Obama también habló hoy del "poder de la reconciliación", escenificado por él en su histórica visita a Hiroshima este año, la primera de un mandatario estadounidense, y que se completará a finales de este mes cuando el primer ministro nipón, Shinzo Abe, pondrá el pie en Pearl Harbor para rendir honores a los muertos de un pasado que parece ya cicatrizado.

El mandatario estadounidense dijo que la visita de Abe, en la que él también participará, es un "testamento de que hasta los más amargos enemigos pueden convertirse cercanos aliados" y supone un "tributo al poder de la reconciliación" de una alianza que hace 75 era "impensable".

El presidente electo, Donald Trump, emitió un comunicado hoy en el que recuerda que "aunque los enemigos de EEUU hayan cambiado en los últimos 75 años, los hechos se mantienen. Como dijo el presidente (Ronald) Reagan al establecer este día como el de recuerdo de Pearl Harbor: no hay sustituto para la victoria en la búsqueda de la paz".

"El día de la infamia", como se conoce en Estados Unidos al ataque de Pearl Harbor, es un recuerdo de otra época que contrasta con un Japón próspero, pero aún sujeto a una Constitución pacifista impuesta por Washington tras el fin de la contienda.

Estados Unidos mantiene más de 47.000 soldados en Japón, más de la mitad de ellos en la isla meridional de Okinawa, donde las tensiones por la presencia militar no han menguado con planes para reducir el impacto de las bases.

Pese a ello, Japón tiene en Estados Unidos uno de sus principales socios comerciales, diplomáticos y militares, con el mantenimiento de la protección del "paraguas nuclear", una disuasión especialmente importante ante una China emergente o un Corea del Norte imprevisible.

Abe fue el primer mandatario extranjero en visitar a Trump en Nueva York tras su victoria electoral, para asegurarse de que las vitales relaciones de seguridad y comerciales entre ambos países siguen siendo intocables.

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