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Ocho jóvenes reviven la tradición de danzar sobre zancos al bajar una cuesta

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Ocho jóvenes reviven la tradición de danzar sobre zancos al bajar una cuesta

Ocho jóvenes reviven la tradición de danzar sobre zancos al bajar una cuesta

Un año más, el pequeño pueblo riojano de Anguiano ha revivido hoy, el día en el que se festeja a María Magdalena, una tradición con mas de 400 años de historia, protagonizada por ocho jóvenes que, sobre unos zancos de madera de 45 centímetros, han danzado mientras bajaban una cuesta empedrada.

Esto ocho mozos, de entre 16 y 27 años, se han engalanado con el característico traje de danzador de Anguiano: una camisa blanca, un chaleco "arcoiris" y una falda amarilla.

Después, se han subido a unos zancos de madera de unos 45 centímetros de altura y, al son de la gaita y el tamboril y mientras han hecho tocar las castañuelas, se han tirado por una cuesta con un desnivel del 20 por ciento en algunos tramos.

La tradición consiste en una bajada vertiginosa sobre los zancos por "La cuesta de los danzadores", cuyo suelo es un mosaico de piedras irregulares.

Los danzadores, apoyados solo por su equilibrio, giran por inercia en un baile en el que la falda que llevan "vuela" y que son detenidos cuando los miles de personas que asisten a esta danza los recogen al final de la cuesta.

La alcaldesa de Anguiano, Gemma López, ha expresado a Efe su alegría por volver a revivir esta tradición y ha agradecido a los mozos su valor y respeto a la tradición para mantener esta Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Ha añadido que "nunca dejan de animarse chicos para convertirse en danzadores, quienes son sustituidos cuando se retiran o se lesionan", pero que espera que "alguna chica también lo haga pronto".

También ha estado presente otra de las figuras clave en este día, el "cachiberrio" Martín Quintanar, el jefe de los danzadores y un poeta que dedica rimas de alabanza a la Virgen de la Magdalena, patrona de Anguiano, municipio con medio millar de habitantes.

Quintanar, de 54 años, es de Anguiano pero reside en la ciudad estadounidense de Boston y cada año sustituye su bata blanca de dentista por el colorido traje de danzador y viaja a su pueblo natal para cumplir con su "deber", aunque él no se sube a los zancos.

Resulta curioso como Quintanar recita los versos con un deje americano, ya que el español no es su lengua materna al emigrar a Estados Unidos cuando era un niño.

Se cree que esta danza tiene su origen en los inicios del siglo XVII, pero los expertos que han estudiado está tradición todavía no se han puesto de acuerdo en si era un rito de entrada a la madurez para los jóvenes o una coreografía que buscaba la abundancia en la cosecha.

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