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18 de julio de 1936: Ochenta años del día que "lo cambió todo"

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18 de julio de 1936: Ochenta años del día que "lo cambió todo"

18 de julio de 1936: Ochenta años del día que "lo cambió todo"

"Volved a Madrid que va a haber follón". Así advirtieron unos guardias al padre de Vicente Montejano el día antes del golpe de Estado que, hace hoy 80 años, dio comienzo a la Guerra Civil, una contienda que duraría hasta abril de 1939 y a la que seguirían casi cuatro décadas de franquismo.

Ese aviso hizo que Montejano abuelo y sus compañeros regresaran a casa desde el Alto del León, en la madrileña sierra de Guadarrama, aún sin saber cuánto iba a "cambiar todo", según relata Luis en nombre de su padre en una entrevista con Efe.

"Como no estaba en edad de ser movilizado directamente -tenía solo 17 años-, lo que recuerda mi padre son las noticias absolutamente contradictorias, la zozobra y la sensación de haber sido traicionados", cuenta.

Pero Montejano, asegura su hijo, no tomó conciencia de la magnitud de la guerra hasta noviembre de ese año, cuando se encontraba refugiado de los bombardeos en el dintel de un portal que cinco minutos después de que saliera de él fue destruido por una de las explosiones.

En 1937, con dieciocho años ya cumplidos, el madrileño se presentó voluntario para luchar en el ejército republicano, al que entró como escolta de un camión aljibe encargado de proveer agua a los combatientes.

Un año más tarde, Montejano accedió a un puesto de aviador que le llevaría a la Unión Soviética, país en el que permanecería hasta 1954 y donde, "al no querer alistarse en el Ejército Rojo lo trasladaron a un gulag y resultó mutilado en una mano", cuenta su hijo.

Su madre, Luisa Murciano (Madrid, 1927), le habla de "miedo, desabastecimiento y mucha hambre".

"En el edificio de mi madre no había sótano, así que se refugiaban de los bombardeos en el de al lado, al que bajaban cuando les indicaba una señora que vivía en el cuarto piso", relata Luis.

Sin embargo, un día aquella mujer de la última planta "ya no bajó avisando a los vecinos de que habían empezado los bombardeos porque uno la mató", explica Montejano Murciano, que asegura que el episodio hizo mella en la familia hasta el punto de conservar el "pánico a las bombas aun 50 años después".

Ángeles Flórez Peón "Maricuela", una de las pocas milicianas que aún viven, presidenta honorífica de las Juventudes Socialistas asturianas, recuerda "con tristeza" a sus 97 años en una conversación con Efe el día del que hoy se cumplen ocho décadas porque, dice, "no sirvió para absolutamente nada".

En su caso, el inicio de la Guerra Civil supuso que la joven que era Maricuela, y que había sido protagonista de la obra teatral "Arriba los pobres del mundo" (cuyo título es un fragmento de la letra de "La Internacional"), tuviera que alistarse en el frente y pasara cuatro años en prisión y 57 en el exilio en Francia.

"Era muy joven y viví la guerra con naturalidad, seguramente por ignorancia pero lo cierto es que no creíamos que nos fueran a matar. Sufrí mucho pero a la vez fui privilegiada", rememora Flórez, nacida en el concejo asturiano de San Martín del Rey Aurelio y residente en la actualidad en Gijón.

Y es que Maricuela, que como miliciana llevaba la comida a los combatientes, corrió mejor suerte que, por ejemplo, su compañera en el frente y amiga Angelita, que la había reemplazado ese día y fue alcanzada por una bomba que provocó su muerte dos días más tarde.

"Para llevar la comida a las trincheras teníamos que ir a rastras porque nos llegaban tiros no sé de dónde", recuerda la exmiliciana, que, tras el conflicto, en 1948, huyó a Francia cuando "se lo arreglaron" tras pasar "17 días escondida en una habitación en Barakaldo" con su hija de diez meses.

Ana Martínez Sanjurjo

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