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Otro llenazo de Vetusta Morla en Madrid: aún serán indies, alternativos ya no

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Otro llenazo de Vetusta Morla en Madrid: aún serán indies, alternativos ya no

Otro llenazo de Vetusta Morla en Madrid: aún serán indies, alternativos ya no

No se puede objetar nada a que Vetusta Morla, los "Juan Palomo" de la industria española, son una banda independiente, pero tras llenar de nuevo en menos de medio año el antiguo Palacio de Deportes de Madrid, no cabe hablar ya de música alternativa, porque ahora la segunda opción son los demás.

Parte del secreto radica en concitar al amplio segmento comprendido entre los pijos modernos y los modernos que se dejan de pijadas, hasta completar un aforo multitudinario como el de esta noche, 9.000 personas, que se suman a las 15.000 de mayo y a las 15.000 que les verán mañana en la gran despedida, es decir, casi 40.000 almas solo en Madrid.

Pero los madrileños no tienen únicamente el fervor de sus paisanos. En 2014 ofrecieron más de sesenta conciertos por toda España y en otoño continuaron por América y Europa.

La meta de su gira de 2015 era llenar grandes escenarios, como tantas veces habían hecho en festivales como los últimos FIB (junto a Blur y Florence + The Machine) o el Sonorama, pero esta vez a solas, refutando la sospecha de que a menudo eran ellos la excusa real que arrastraba al público.

Por si no fuera suficiente, un jurado profesional y 21.000 votos populares les otorgaron la inusitada cifra de siete Premios de la Música Independiente (MIN) a "La deriva", su más reciente álbum de estudio, disco de oro -el único que se coló en 2014 entre los 20 más vendidos en España sin una gran multinacional- y la excusa que les puso en carretera hasta esta semana.

"No hemos vivido año mejor, probablemente ha sido el más glorioso, en el que hemos dado el salto cuantitativo más espectacular", reconoció a Efe Juanma Latorre, guitarrista y teclista de este grupo de Tres Cantos (Madrid) que completan Guillermo Galván; David García, el Indio; Álvaro B. Baglietto, Jorge González y el imprescindible vocalista Pucho.

Era él quien saludaba al inicio: "Hoy no voy a hacer recuentos ni numerologías, estamos saturados; solo queremos daros las gracias por estos dos años de gira y por la valentía de venir a celebrar la música esta noche", dijo, en lo que parecía una alusión directa a los atentados de París, el más cruento acaecido precisamente durante un concierto.

Transcurrida solo una semana del 13N, en la práctica la incertidumbre del terror se tradujo en controles más exhaustivos en los accesos, con una larguísima cola y un retraso de 20 minutos en el inicio del show. Eso sí, una vez en marcha, los inconvenientes pronto quedaron en el olvido.

Quien haya disfrutado de "15151", el álbum en vivo que grabaron en su primera incursión en este recinto, habrá vivido algo muy similar a lo acontecido hoy en cuanto a repertorio (con algún pequeño cambio en orden y composición), duración y arreglos, pero no la magia, no esa vibración energizante que recorre el aire, fruto de una especie de hipercomunión colectiva.

Esa electricidad que está presente en los grandes eventos internacionales estaba también hoy presente en el palacio, desde el mismo arranque con "La deriva", un poco después con el trallazo que "Golpe maestro" o, ya en el tramo final, con "Saharabbey Road" o "Valiente".

Los vetustos son generosos en entrega y medios, con dos horas de espectáculo mimado e hilado hasta el detalle, en perfecta connivencia de música y escenografía (fina, nunca excesiva) para conformar el que probablemente es a día de hoy el directo más completo y sólido del panorama nacional.

Al listado de canciones incorporan las dos más recientes, "Profetas de la mañana" y, justo antes de los bises, "Puntos suspensivos". También suman a su directo un trío de metales que engrandece piezas como "Fiesta mayor", con nueve músicos en total sobre las tablas.

Entre tramos álgidos, otros bucólicos, felices o combativos, es difícil destacar un solo momento: "El hombre del saco", "Mapas", "La cuadratura del círculo", con ese final literalmente apoteósico, y en el remate, "Los días raros", haciendo más apropiado que nunca a su actual medida ese verso suyo que dice: "No hay colisión, ni ley ni gravedad, que te pueda hacer caer... aunque tiren a dar".

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