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La magia de ser un "cosplayer"

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La magia de ser un "cosplayer"

La magia de ser un "cosplayer"

Un "cosplayer" homenajea a los héroes y villanos de sus videojuegos favoritos de una forma muy original, y es convirtiendo sus trajes y armaduras en magníficos diseños reales que, en el caso de la talentosa "cosplayer" Laura Sánchez, le están permitiendo trabajar como profesional para una empresa americana.

La distribuidora Electronica Arts la fichó para diseñar el traje que luce el personaje Morrigan en la tercera entrega de la saga Dragon Age, "Dragon Age Inquisition", con fines promocionales, aunque para ella solo es un hobby. "No lo entiendo como un trabajo", dice.

Más que afición, su deseo de reproducir fielmente los trajes, armaduras y vestidos de los héroes y heroínas de sus videojuegos preferidos es una pasión, con la que ha salvado hasta el obstáculo de no poseer una formación específica en diseño, patronaje o moda.

Solo con tutoriales en internet -la comunidad "cosplayer" es muy participativa- ha conseguido que los surrealistas atuendos de Tali (la alienígena de Mass Effect) o Morrigan hayan traspasado la pantalla hasta convertirse en espectaculares diseños artesanales.

Más de 250 horas le ha costado a Laura Sánchez convertir el sofisticado vestido de la bruja Morrigan, integrado por una falda armada de seda, brocado, "crepé" y satén, un corsé de polipiel con pasamanería y un collar dorado, en una (bella) realidad.

Y todo por amor al arte. "No me interesa ganar dinero con estas creaciones" -dice la "cosplayer"- "me han llegado a ofrecer mucho dinero por reproducir el traje de un personaje en concreto y lo he rechazado", explica en una entrevista con Efe.

Ha confeccionado ella sola casi 40 trajes de personajes de videojuegos y sagas cinematográficas, como Star Wars, y ahora su objetivo es recrear el atuendo de Lilu, un personaje femenino interpretado por Milla Jovovich en la película "El quinto elemento" (1997), que contó con el diseño de vestuario de Jean Paul Gaultier.

La cultura "cosplay" ha traspasado fronteras, y de sus cunas originarias, Japón y Estados Unidos, se ha expandido por todo el mundo. "En España, cada vez somos más, aunque no llegamos al nivel de Japón, donde los 'cosplayers' son casi una tribu urbana", dice Sánchez, quien recurre a internet para proveerse de telas y materiales que no se encuentran en tiendas físicas españolas.

Es consciente de que su hobby puede parecer un poco "friqui", pero su afición es compartida por miles de jóvenes que acuden a convenciones y eventos inspirados en esta temática y en los que dan rienda suelta a su imaginación, metiéndose en la piel de héroes y villanos a través de la ropa que visten en películas y videojuegos.

"Hay gente que homenajea a los personajes comportándose como ellos; en mi caso, mi forma de agradecerles todo lo que me han hecho vivir y sentir a través de la pantalla consiste en caracterizarme con sus trajes", explica Sánchez, quien documenta todo el proceso de elaboración de un diseño para compartirlo con otros "fans".

En España, el Salón Manga de Barcelona es un punto de encuentro importante para muchos "cosplayers", así como el Japan Weekend de Madrid, que premió a Sánchez en su última edición con un galardón por su fiel reproducción de la armadura de la comandante Shepard, otro personaje ficticio de la saga Mass Effect.

Ha vendido algunas partes de sus creaciones, pero de momento no está dispuesta a convertir su pasión en negocio. "¿Qué padre vendería a sus hijos?", reflexiona esta "cosplayer".

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