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DISCOS DE LA SEMANA

Camila Cabello, ¿asalto latino o la marca blanca de la industria de USA?

Además del debut superventas de Camila Cabello, comentamos otras novedades como los discos de Glen Hansard, Jaye Bartell, o Xylouris White 

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Camila Cabello

Camila
Epic / Sony
POP
7/10

Que Camila Cabello nace como un producto es algo que ya sabíamos desde los no demasiado lejanos tiempos de Fifth Harmony. Esta all-girl-band se creó casi como experimento de laboratorio por el concurso de talentos de turno (en este caso The X Factor) y publicó un par de discos antes de que Cabello, cuota latina del entonces quinteto, abandonara para hacer carrera en solitario.

La jugada tenía toda la lógica del mundo: con lo latino arrasando en las listas de ventas, esta cantante cubano-estadounidense venía a ser la respuesta de la industria norteamericana a la dictadura del Despacito. Y, a la vez, en opción ganadora para esa cuota de mercado hispano cada vez más importante en EE.UU., una suerte de alternativa a las campeonas de la población afroamericana (Beyoncé) y los WASP (Taylor Swift).

Además, Cabello no ha perdido el tiempo y ha cultivado en forma de colaboración amistades tan relevantes como las de Major Lazer, Travis Scott, Cashmere Cat, Bruno Mars, Pitbull o J. Balvin. Un verdadero quién es quién del pop superventas del momento. Una semana después del lanzamiento de su debut ya puede decirse que la jugada ha salido redonda. Cabello es número 1 al mismo tiempo en 92 países y a estas alturas alguien está contando los billetes en las oficinas de Epic.

Aunque si algo llama la atención a la hora de enfrentarse estas diez canciones es precisamente que Camila está lejos, al menos por el momento, de convertirse en la nueva Gloria Estefan que traiga de vuelta al Imperio la tradición musical caribeña. El suyo es un disco netamente anglosajón en las formas y el fondo, y los guiños a las raíces de Camila se resuelven con esporádicas excursiones por los tópicos de lo latino.

El caso más llamativo es el de su primer gran éxito, ese Havana en el que colabora Young Thug y cuyos aires cubanos se limitan apenas a un afortunado solo de trompeta y algunas líneas escritas con la visión idílica del turista guiri.¿Problemas con eso? No demasiado, la verdad. El disco de Camila tiene aciertos evidentes. El primero de ellos es algo tan sencillo y a la vez difícil de encontrar a día de hoy como la concisión: son apenas treinta minutos repartidos en diez canciones y otra toma editada de Never Be the Same, en los que apenas da tiempo a encontrarle el truco.

Otro motivo para defender el primer paso de esta jovenzuela sobradamente preparada (va camino de los 21 años) es su acierto a la hora de enfocar la producción del disco. A pesar de la interminable lista de productores asociados estas canciones, del ganador del Grammy Frank Dukes a Skrillex, domina una línea muy limpia. Se desnudan los pianos, guitarras, y bajos para desarrollar hooks y líneas melódicas tan juguetonas como las de All These Years o Inside Out (en la que se atreve con el castellano).

Entre reflexiones sobre la búsqueda del amor verdadero y la soledad de la superestrella hay también, por supuesto, espacio para el relleno y las inevitables baladas de turno. Y aunque obviamente el futuro de la música contemporánea dista mucho de pasar por esta colección de canciones, estamos ante un producto fast food por momentos modélico que, más allá de su condición de superventas, puede llegar a disfrutarse si se dejan los prejuicios a un lado.

 

Étant Donnés & Michael Gira

Offenbarung und untergang
Munster Records
INDUSTRIAL
7/10

No es la primera vez que Etant Donnes aparecen por esta sección. El sello madrileño Munster Records lleva un tiempo recuperando el legado discográfico de los hermanos Eric y Marc Hurtado, tanto en trabajos por separado como en conjunto bajo el nombre de Étant Donnés. Este lanzamiento en concreto lo componen seis piezas construidas a partir del poema Offenbarung und untergang, escrito en 1914 por uno de los referentes del expresionismo en el campo lírico, el austriaco Georg Trakl.

Michael Gira (líder de los impactantes Swans) recita en alemán el texto de Trakl con su voz profunda, vocalización marcada y entonación prácticamente nula. Nos sitúa en un territorio de sombras que inmediatamente vinculamos con las obsesiones expresionistas: la supresión de la consciencia, el traumatizado hombre zombi de entreguerras representado en el cine por el Cesare de El Gabinete del Doctor Caligari o la mujer robot de Metropolis.

Los Hurtado, ayudados aquí por la espectral trompeta del americano-barcelonés Mark Cunningham (Mars, Raeo, Bel Canto Orchestra,…), reinterpretan este universo en clave industrial, con loops tensos y amenazantes y percusión minimalista. Obviamente no es un producto para todos los públicos, pero los tenaces tendrán su premio.

 

Glen Hansard

Between Two Shores
Anti / [PIAS]
POP-SOUL
6/10

Atrás queda el "efecto Once", aquella película que sacó a Hansard de las calles para convertirles a él y a su novia de la época (Marketa Irglova) en estrellas globales. Eso ocurrió hace ya algo más de una década, y desde entonces Hansard se ha consolidado como artista de notable éxito, un estatus ganado a pulso en una gira eterna por escenarios de todo el mundo. Dicho éxito, ahora le permite grabar un disco como Between Two Shores, con el que su autor lleva soñando desde que era un chaval.

El tono sepia de la portada no engaña. Por ahí se asoman sus héroes de siempre, Dylan y, por supuesto, su compatriota "el león de Belfast", Van Morrison. El tono confesional de anteriores entregas da paso a una colección de canciones lujosamente arregladas, en las que el folk rock deja paso a un soul de guante blanco. Blanco por su ADN netamente irlandés, por supuesto, pero también por anteponer la sensibilidad al tono lúdico, arrebatado y (en ocasiones) combativo del género. Tan correcto que resulta complicado sacarle pegas. Tan correcto que, personalmente, me resulta imposible emocionarme con sus canciones.

 

Jaye Bartell

In a Time of Trouble a Wild Exultation
Sinderlyn / Popstock!
POP
8/10

Estoy seguro de que, desgraciadamente, los músicos sin suerte son mayoría en el mundo del pop. Si de servidor dependiera, a Jaye Barten, nacido en Massachusetts pero instalado en Brooklyn desde algunos años, nunca le faltaría un plato de lentejas y un escenario en el que salir a cantar sus canciones. Sin embargo, a este tipo enjuto y de mirada ladina, suerte de primo anglo de nuestro Rafael Berrio, no es que precisamente haya despertado excesivo entusiasmo entre la crítica y, sobre todo, entre el público. 

Su música, un pop infraproducido que se arrastra más que se eleva, guiña el ojo a los maestros Barrett y Richman y reivindica la deliciosa austeridad de Beat Happening. Además, consciente o inconscientemente, se funde en un abrazo con otros maravillosos cabezotas del pop de nuestro tiempo como el australiano Ned Collette.

En In a Time of Trouble a Wild Exultation, Angel Olsen aparece al rescate para interpretar dos temas junto a Bartell. Dudo que sea suficiente para sacarle de ese maldito estatus del que ahora mismo disfruta, pero la cosa al menos da para que firmen a dúo dos preciosos ejercicios de lo-fi pop. No son las únicas joyas (¿no es Ferry Boat una de las canciones más bonitas de los últimos meses?) de un disco vitalista, que encuentra luz en la tragicomedia del día a día.

 

 VV.AA.

Paul Major: Feel The Music, Vol. 1
Kemado / Popstock!
PSICODELIA
8/10

Desde hace tiempo, en el mundo del pop y el rock se critica de forma recurrente la anglofilia generalizada que demostramos tanto quienes nos dedicamos a escribir sobre música como los diferentes agentes de la industria: festivales, promotores, sellos… Más allá de que el argumento tiene indudablemente parte de razón, también es cierto que el tratamiento que los países anglosajones le han dado a la música popular -la propia y la ajena- en los últimos cincuenta años no tiene parangón en otras partes del mundo.

En un país desarrollado como España, por ejemplo, resulta impensable imaginar que un tipo como Paul Major, que ha dedicado su vida a la caza y captura de incunables en las cubetas de las tiendas de discos, goce del prestigio social y el reconocimiento que sí tiene en Estados Unidos. No es casual que la recuperación de nuestro propio patrimonio pop lo estén llevando a cabo sellos desde fuera de nuestras fronteras.

Reflexiones al margen, el caso es que la gente del sello Kemado ha tenido a bien encargarle a Major una serie de recopilatorios que, en esencia, vienen a ser una selección de favoritos de su propia colección personal. Este es el primer volumen, y sirve para sorprenderse una vez más de esa fuente inagotable de canciones que dio el garage norteamericano de los tardíos sesenta: singles perdidos, músicos que grabaron un largo antes de desaparecer para siempre, extrañas grabaciones de inspiración psicodélica, aspirantes a clásicos que nunca llegaron a serlo…

Nombres como los de Justyn Rees, Sebastian, Bob Edmund, Darius y así hasta doce, que cuentan ahora con una segunda oportunidad antes de volver a caer en el olvido, esta vez de forma tal vez definitiva. Dársela es casi obligación moral.

 

Xylouris White

Mother
Bella Union / [PIAS]
FOLK
7/10

Desde hace cuatro años, al inabarcable currículo del australiano Jim White (componente de The Dirty Three, Crime & The City Solution y mil grupos más, músico a sueldo para Nick Cave, PJ Harvey, Bill Callahan, Will Oldham, Cat Power, y un largo etcétera) hay que sumarle este proyecto con Giorgos Xyluris.

El griego Xyluris es uno de los más destacados intérpretes de laud en la principal "potencia mundial" en lo que a ese ancestral instrumento se refiere. Instalado en Australia desde hace unos años, ha expandido hasta allí su peculiar reinterpretación de la música tradicional cretense. Y no es de extrañar que, una vez instalado en Melbourne, rápidamente Xyluris se pusiera en contacto con un apasionado de las músicas del mundo como es Jim White.

El resultado de esa feliz colisión de culturas musicales, sencillamente bautizada con el apellido de cada uno, va ya por su tercer largo. Cada uno ha sido un paso adelante en la búsqueda de nuevos caminos expresivos que sitúan a medio camino del folkore y el rock experimental.

Xylouris explica que "uno de los temas sobre los que gira el disco es el significado de la simplicidad, una aproximación infantil". Es una forma de, según el músico, conectar con "esa madre" que da título al disco y tocar " los instrumentos como si de juguetes se tratara". 

Con esta descripción cualquiera imaginaría una suerte de versión cretense de la música de Pascal Comelade. Pero más allá del juego deconstructivo de ambos músicos, la ejecución musical de Xyluris White roza el virtuosismo y la interpretación vocal igualmente nos sitúa en algún lugar del Peloponeso.

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