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“No quiero que se me encasille como cantante político, romántico, violento, ni friki"

El músico asturiano Pablo Und Destruktion publica hoy su tercer álbum, Vigorexia emocional, el primero que ve la luz con Marxophone (la discográfica de Nacho Vegas o León Benavente)

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Pablo Und Destruktion no es un romántico ni todo lo contrario

Pablo Und Destruktion no es un romántico ni todo lo contrario

Pablo Und Destruktion ya lleva el suficiente tiempo en esto como conocer la tierra que pisa. “El primer disco era el friki, el segundo el político y ahora todo el mundo insistirá en la idea de que éste es mi disco romántico” dice con una media sonrisa a propósito del hábito de quienes escribimos sobre música de reducir a clichés y esquemas básicos el resultado muchas vivencias y meses (a veces años) de trabajo. Defiende que Vigorexia emocional es mucho más que un disco de ruptura, y se nota que el año que ha transcurrido desde la publicación de Sangrín ( y la entrevista que publicamos en aquel momento) ha sido muy intenso tanto en lo profesional como en lo personal. Incluso diría que el Pablo Und Destruktion que presenta la candidatura para jugar en ligas mayores con su disco más ambicioso hasta la fecha se preocupa algo más a la hora de elegir las palabras y hasta -en algunos momentos de la conversación- esconderse detrás de ellas.

En una entrevista reciente explicabas Durante el año pasado tuve un montón de conflictos personales muy serios. Errores garrafales” . ¿Es ese el punto de partida de Vigorexia emocional? Un álbum que en apariencia relata el nacimiento y final de una relación sentimental…

Mi situación personal influyó, claro, aunque en realidad no pienso en términos de errores. Conociendo y analizando el amor, puedes extrapolar lo aprendido a otras facetas de la vida, en realidad es capaz de impregnarlo todo.

Tanto a nivel sonoro como por los vaivenes emocionales que transmiten las canciones calificaría este disco de ciclotímico…

Siempre he tratado de hacer discos ciclotímicos porque quiero ser sincero. El tema central del disco es el amor sublime, pero es evidente que cambia el acercamiento si el relato se construye desde un bus pestilente que va camino de Colonia, desde una cama delante de un puerto en el que mueren jubilados o desde un bar vacío, con unas compañías, con otras. Aprovecho esas situaciones para tratar asuntos relacionados con este amor sublime, como son la lealtad, la ira, la consternación, la euforia. Es imposible no ser ciclotímico si uno pretende acercarse realmente al amor, que es entropía.

Me interesa mucho también un comentario que hiciste recientemente y que tiene bastante que ver con cierto cambio en el punto de vista de tu anterior disco a este. Decías… “Se está utilizando la politización de la gente para alienarla”.

La política va mucho más allá de los partidos, mercaderes o medios de comunicación, la política impregna todas nuestras relaciones sociales cotidianas y las articula con el poder que ejercemos unos a otros. Conocer ese poder y ser capaz de ejercerlo y recibirlo equilibradamente es muy importante y la lucha y la ética son imprescindibles para ello.

Mi cerebro tiene unas fronteras y una guardia armada. No quiero que el poder me intoxique diariamente con lo que considera que es “Sistema” y “Antisistema”, es mucho más complicado que todo eso y lleva años explicarlo y comprenderlo, yo estoy en ello. No necesito que me hablen como a un niño o a un tarado y me tranquilicen diciendo quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Ni casta, ni terroristas, ni banqueros, ni presidentes en chándal. No quiero tranquilidad, ni subvenciones, ni propinas, quiero vivir con dignidad y a eso se aprende con la experiencia y ejerciendo en tu entorno tus ideales políticos, que en mi caso son libertad y solidaridad. En la carne, en la sangre, en las flores y en la gasolina hay más verdad y poder que en cualquier campaña electoral, el problema es que esa verdad no tranquiliza y a veces buscamos paz y estabilidad en promesas vacías y mentiras con las que, casualmente, nos bombardean a diario.

Uno de los elementos musicales que más me llaman la atención en el disco es la incorporación de la gaita en Califato, porque a pesar de resultar plenamente reconocible creo que aporta una nueva dimensión al instrumento, mucho más radical de a lo que estamos acostumbrados por su uso en el folk.

Siempre intento poner un pie en el folklore asturiano y sacarlo de contexto. Me parece que la gaita es un instrumento perturbador y por eso comprendo la asociación que hubo entre el satanismo y la tímbrica de la gaita. Quise usarlo en Califato por las connotaciones guerreras y oscuras de la canción. Quería representar el miedo al futuro, personal y colectivo. La gaita tiene algo animal, está hecha con estómagos, literalmente, es una piel que se hincha y vomita un sonido estridente, es un instrumento mágico.

Siempre has sido muy vehemente en tu discurso a favor de la música popular, señalando (al igual que lo ha hecho la corriente que señala que hay una Cultura de la Transición que desconecta a la Cultura de la conflictividad social) que en un momento dado en el pop que se practica en España se le da la espalda a sus propias raíces. ¿Puedes darme una definición de lo que es para ti “lo popular” en el contexto de la música pop-rock?

Ahora es casi imposible definir “cultura popular” porque la han destrozado por la mediatización y por el mercado. La música popular es pura, habla sin filtro de los pesares y de alegrías que conlleva cualquier vida y no atiende a egos, community managers ni academias, es la radiografía del alma humana, que creo que nos es común a todos y que por eso la música popular nos une. Siempre me fascinó el hecho de que músicas populares africanas, europeas, asiáticas o americanas tuvieran una esencia común, un parecido que creo que expresa la condición humana inalterable.

Puedo escuchar a Joaquín Díaz cantando romanceros sefardíes, a Nick Cave, a The Clash, a Public Enemy, a Ali Farka Touré y en todos veo pureza, sinceridad y trascendencia humana. Eso no me pasa con las montañas de música basura que son tan evidentes que no voy a entrar a valorar. Como en cualquier conflicto del espíritu, creo que es recomendable conocerse a uno mismo para poder llegar a comprender al conjunto. Por eso reivindico la tradición local de vecinos nuestros, contemporáneos y de otras épocas, que han alcanzado la pureza y lo que para mí es arte mayor.

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