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Google Allo 'se pasa de listo' con la privacidad

El cifrado extremo a extremo es incompatible con la inteligencia artificial que ofrece respuestas automáticas y aprende de los chats del usuario

La nueva aplicación de mensajería instantánea de Google guarda los mensajes por defecto a no ser que se use el modo incógnito

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Google Allo

Google Allo

Allo, la apuesta de Google en mensajería instantánea, ha aterrizado rodeada de polémica por la privacidad de sus conversaciones. Aunque incluye una modalidad que permite chats cifrados de extremo a extremo cuando se activa el modo incógnito, el resto estarán por defecto sin codificar de este modo y se almacenarán hasta que el usuario decida borrarlos.

Según recuerda The Verge, cuando Google anunció en la conferencia de desarrolladores de mayo el producto, se esperaba un paso más en la privacidad de las aplicaciones de mensajería al incluir no solo el cifrado en modo incógnito, sino también el almacenamiento temporal de las conversaciones. Pero sus promesas han chocado con la estrella de la aplicación: las respuestas inteligentes.

El asistente de Google lee tus mensajes para proporcionarte la información que le pidas en el contexto de tu conversación. De la misma manera, el algoritmo diseñado por la compañía para responder como tú responderías necesita esos chats. Si aprende de cómo conversas es evidente que tiene que contar con un almacén de datos sobre lo que escribes: los mensajes efímeros son incompatibles con un 'chat inteligente'.

La versión de Google Allo disponible desde hoy en iOS y Android guarda por defecto todos los mensajes que no se intercambien en modo incógnito hasta que el usuario decida eliminarlos. En el modo incógnito el usuario puede configurar un plazo de caducidad para los chats de forma que se borran del móvil del usuario y del receptor tras el periodo que se establezca. Para el resto de conversaciones hay que ir borrando a mano.

Mensajes sin cifrar, mensajes menos seguros

Según explica The Verge, al igual que ocurre con las conversaciones en los Hangouts de Google, los mensajes se cifran en el dispositivo y en los servidores de Google. Pero este cifrado todavía es legible para los algoritmos del buscador.

El cifrado extremo a extremo, que implementó WhatsApp hace unos meses, emplea un sofisticado protocolo de seguridad que hace que solo el emisor y el receptor de los mensajes puedan leerlos. Nadie más. Tampoco la aplicación. El mensaje se cifra en el dispositivo de salida y se descifra en el de entrada, viajando encriptado todo el tiempo.

Pero ni siquiera este sistema es totalmente opaco. Aunque WhatsApp asegura no tener acceso a estos mensajes, un exempleado de la compañía contó a este diario recientemente que  "como mínimo, saben desde que IPs estás conectándote, por lo que saben tu localización, saben los tiempos y horas a las que te conectas, la cantidad de datos que consumes, las otras identidades con las que te comunicas".

La polémica en torno a la privacidad de Google Allo ha sido avivada por el ex analista de la NSA Edward Snowden, que en su cuenta de Twitter ha bautizado a la nueva app como 'Google Surveillance' (Google vigilancia): "No uses Allo", escribe tajante.

"Guardamos el historial hasta que el usuario decida"

Google ha asegurado en una comunicación oficial remitida a eldiario.es que su objetivo es "dar transparencia y control a los usuarios sobre sus datos en Google Allo". 

"Nuestro enfoque es simple: guardamos el historial hasta que el usuario decida borrarlos", añaden. Restan así importancia a la polémica y resaltan que es el usuario quien puede borrar los mensajes individuales o las conversaciones enteras cuando desee.

La compañía destaca la opción de chatear en modo incógnito "donde puedes establecer un temporizador para borrar automáticamente los mensajes en tu dispositivo así como también en el dispositivo de la persona con la que estás chateando". 

Otra cara peliaguda del tema es que no solo será Google quien pueda leer tus mensajes. Al no viajar cifrados de extremo a extremo  y almacenarse por defecto, será más fácil que cualquiera con una orden judicial (o sin ella) pueda leerlos. Un quebradero de cabeza menos para el FBI.

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