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"A mi stradivarius le gusta que lo toque amasando" el sonido", dice Pablo Ferrández

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"A mi stradivarius le gusta que lo toque amasando" el sonido", dice Pablo Ferrández

"A mi stradivarius le gusta que lo toque amasando" el sonido", dice Pablo Ferrández

El joven violoncelista Pablo Ferrández lleva casi un año tocando uno de los instrumentos del célebre luthier Antonio Stradivari, al que se ha tenido que acostumbrar durante meses por su "gran personalidad" y en el que hay que "amasar" el sonido para "sacarle de dentro todo lo que tiene".

El violonchelo "Lord Aylesford", de 1696, considerado como uno de los stradivarius más antiguos de los apenas cuarenta que se conservan en el mundo, se caracteriza por tener "mucha profundidad en el sonido" y además "le gusta que lo toquen de una manera específica", asegura Ferrández en una entrevista con Efe con motivo de su primer concierto en tierras gallegas.

A diferencia de los violonchelos de quince años después, en la época dorada, que "se tocan más suave para que salga el sonido", el instrumento que maneja ahora gracias a la Nippon Music Foundation "hay como que amasarlo, sacarle de dentro todo lo que tiene".

Tras descubrir sus posibilidades de sonido, "infinitas", este madrileño de 23 años se siente "cada vez más feliz" por considerar "increíble, un sueño" tocar este stradivarius, que custodiará durante algunos años, "porque para cualquier instrumentista de cuerda no hay nada mejor".

"Si tú lo puedes hacer, el chelo lo tiene, si algo no sale, no es por el instrumento, que tiene todas las posibilidades", indica sobre el suyo, de sonido potente y graves gigantescos que "no es nada fácil de tocar".

Para Ferrández "es como una pareja, depende de quién lo toque el instrumento también cambia, ni yo tengo que estar sumiso al instrumento ni el instrumento a mí", pues "cada persona le saca un sonido distinto".

Este nuevo talento del violonchelo interpretará mañana en el Palacio de la Ópera de A Coruña "Don Quijote" de Richard Strauss con la Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Dennis Russel Davies, y con Francisco Regozo como viola también solista.

Formado en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid y en la Kronberg Academie en Fráncfort, ha ganado prestigiosos premios como el exclusivo Festival Il Paulo de Finlandia o el Edmond de Rothschild; además, ha grabado su primer disco con la Filarmónica de Stuttgard y está a punto de publicar un segundo disco junto a la Kremerata Baltica, bajo la batuta de Heinrich Schiff.

"Empecé a tocar muy pequeñito, con tres años, porque mi padre es violoncelista en la Orquesta Nacional y mi madre es profesora de música para niños, y desde siempre hubo música en mi casa", recuerda Pablo, que estudió la ESO y el bachillerato musical a distancia para centrarse en la práctica del instrumento.

Sin embargo, confiesa no sentir que está renunciando a nada por el tiempo que invierte con su stradivarius, casi todo, porque para él "lo más importante es el chelo y la música".

Como músico cree que hace falta tener una técnica muy buena para tocar un instrumento, pero "para decir algo cuando tocas hace falta mucho talento, entender lo que haces y saber lo que quieres decir, tener las cosas claras e ideas que no adoptes de otras personas".

Por eso busca hacer sentir al público todo lo que se le pasa por la cabeza en el transcurso de sus conciertos y evitar "lo mismo de siempre, que para eso ya hay mucho".

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