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El arte sustituye a la publicidad comercial, religiosa y política en Teherán

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El arte sustituye a la publicidad comercial, religiosa y política en Teherán

El arte sustituye a la publicidad comercial, religiosa y política en Teherán

Una inusual muestra de arte universal ha conseguido estos días sustituir completamente los omnipresentes reclamos comerciales, políticos y religiosos que dominan la cartelería pública de la capital de la República Islámica de Irán por cuadros de Picasso, miniaturas persas y grabados japoneses.

Todos los espacios publicitarios callejeros de Teherán han retirado sus carteles para participar en el proyecto "Una galería tan grande como una ciudad", desarrollado por su ayuntamiento y que ha sido muy celebrado por su belleza y por haber eliminado por un momento los cansinos anuncios comerciales o las severas o muy pías recomendaciones que realizan por este medio los poderes públicos.

De un rincón a otro de la enorme ciudad, sus habitantes podrán disfrutar, al menos durante diez días, de estas reproducciones de piezas inmortales del arte universal, algunas de ellas de movimientos como el pop-art, el modernismo o el surrealismo, poco del gusto de las altas jerarquías religiosas que dominan el país pero que han encantado a sus habitantes.

"El objetivo es combatir el analfabetismo visual y también elevar la calidad del paisaje urbano. La propuesta fue del artista Said Shahlapur, que pidió suprimir por diez días toda promoción y reemplazarla por una obra de arte", explicó a Efe Hamed Rezaí, responsable de comunicación de la Organización de Embellecimiento de Teherán, entidad encargada del proyecto.

Así, un consejo de especialistas formado por artistas locales eligió las más de 700 obras de arte, 500 iraníes y 200 extranjeras, que fueron reproducidas y diseminadas por la ciudad.

Los criterios aplicados fueron simplemente "que fueran obras variadas", de "diferentes países" y cuyos autores, particularmente los iraníes, estuvieran preferiblemente fallecidos "para que no se quejaran de no haber sido elegidos".

"Nosotros nunca hemos tenido limitaciones para exhibir el arte extranjero. En este proyecto, independientemente de ser extranjero o iraní el creador de la obra, lo más importante fue el principio técnico, elegir obras importantes y de calidad", añadió Rezaí.

La muestra parece haber dado en el punto sensible de los iraníes, en general un pueblo muy curioso y muy interesados por el arte, y que lo han hecho saber en redes sociales, comentarios en los periódicos y en el boca a boca, donde se ha transmitido la grata sorpresa que generó esta iniciativa.

No en vano, uno de sus principales lugares de esparcimiento público en la ciudad son sus innumerables galerías de arte, a las que cada fin de semana acuden miles de personas simplemente para pasear y observar lo que se vende.

"La exhibición es un muy buen trabajo, es lo mínimo para poder familiarizarnos con la cultura y el arte de fuera de Irán y conocerlo mejor. Y además ayuda a la belleza de la ciudad, puesto que son piezas muy bonitas", apuntó a Efe Negar, una teheraní de unos 35 años.

Otra ciudadana, Maryam Karamí, apuntó que la gran recepción que tuvo la muestra se debe a que sencillamente "a que los iraníes quieren a los artistas y a sus trabajos, ya sean de Irán o de otros países".

Ali Moqadam, un taxista, también se mostró entusiasmado por este proyecto y por la imagen que da de su país, como un lugar en el que se cultiva el arte y la cultura.

"A nosotros nos gusta ver esto y que se vea que hacemos estas cosas. Nos gusta hacer entender al mundo que este país es un país de clase mundial, que tiene 2.500 años de historia (...) Hay propaganda de otros países que impiden que la gente vea como es Irán, de lo contrario, seguro muchos vendrían como turistas", reflexionó.

El Museo de Arte Contemporáneo de Teherán posee la mayor colección de arte contemporáneo occidental fuera de EE.UU y Europa, con piezas originales de artistas como Jackson Pollock, Francis Bacon, Andy Warhol, Mark Rothko o Eduard Munch, entre otros.

Sin embargo, muchas de estas piezas no se exhiben desde la Revolución Islámica en 1979, por el supuesto carácter "inmoral" y "decadente" de algunas de ellas.

Estas piezas se han exhibido ocasionalmente y por períodos de tiempo muy limitados en la última década, la última de ellas en 2012, entre críticas de sectores conservadores y la alegría de intelectuales, artistas y aficionados al arte iraníes.

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