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Los tesoros del Thyssen desembarcan en el Caixaforum de Barcelona

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Los tesoros del Thyssen desembarcan en el Caixaforum de Barcelona

Los tesoros del Thyssen desembarcan en el Caixaforum de Barcelona

Obras maestras de la historia de la pintura, de artistas que van de Angelico, el Greco, Rubens o Rembrandt a Cézanne, Picasso y Hopper, pueden verse en la exposición "Un Thyssen nunca visto", con la que CaixaForum Barcelona conmemora los 25 años de la apertura del Museo Thyssen-Bornemisza en Madrid.

Hasta el 5 de febrero de 2017, esta muestra única e irrepetible podrá visitarse en la falda de Montjuïc, en un proyecto comisariado por Guillermo Solana, que incluye 63 piezas, 42 de las cuales nunca antes habían viajado hasta la capital catalana, exhibidas más allá de la estructura cronológica habitual en las salas madrileñas.

En rueda de prensa, Solana, que ha realizado parte de su discurso en un más que fluido catalán, ha sostenido que se trata de una iniciativa excepcional -hasta la fecha el patronato del Museo Thyssen no había autorizado un préstamo tan grande de obras-, en la que se establecen nuevas lecturas y analogías entre artistas de diferentes siglos y geografías.

"Nunca antes -ha remarcado- se habían visto estas obras maestras tal como las proponemos ahora, con una distribución por géneros pictóricos, transversal en lo referente a la división de países y también de épocas".

Este hecho provoca que en una misma sala dialoguen "La virgen de la aldea", de Marc Chagall, realizada por el artista durante los años del holocausto judío, con la religiosa y colorista "La Anunciación", del Greco, y la más contenida "La Anunciación", de Il Veronese.

Solana, que no se ha olvidado de agradecer al Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) el haber cedido ocho obras, entre ellas "La virgen de la Humildad", de Fra Angelico, ha estructurado el recorrido a partir de cinco grandes ámbitos: "pintura religiosa", "retrato", "naturaleza muerta", "paisaje" y "paisaje urbano".

A su juicio, el resultado final es una exposición "con un ritmo muy binario", que permite mostrar las "afinidades" y las "contraposiciones" entre artistas y obras, en una suerte de "juego de diferencias", sin olvidarse de una "concepción didáctica".

La primera parte, muy nutrida por las obras en depósito que tiene el MNAC del Museo Thyssen, se centra en la pintura religiosa y permite contraponer, por ejemplo, una crucifixión de Uccello con una de Gerard David y otra de Juan de Flandes.

Especialmente agradecido para el espectador es el ámbito destinado a los retratos, que incluye desde "Retrato de una joven dama con rosario", de Rubens, al "Autorrerato con gorra y dos cadenas", de Rembrandt, "una joya absoluta de la colección", en palabras de Solana, que ve cómo el holandés construye su imagen "como si fuera un personaje antiguo".

Sin olvidar "Retrato de Antonio Anselmi", de Tiziano; "El retrato de un hombre robusto", de Robert Campin, o el "Retrato de un hombre joven rezando", de Memling.

También deslumbra en esta sala el "Arlequín con espejo", una de las cumbres del período neoclásico de Picasso, "aunque cuanto más se mira, menos neoclásico se ve este autorretrato camuflado del propio pintor, con un arlequín que al principio tenía su rostro".

Muy cerca, otra obra maestra de la historia de la pintura, "Habitación de hotel", de Edward Hopper, una metáfora de la soledad, uno de los temas predilectos del norteamericano, encarnada por una figura femenina, medio desnuda en una modesta habitación de hotel, leyendo, al parecer, el horario de unos trenes.

No desentonan en otra de las paredes dos retratos inacabados, uno de Giacometti, y otro de Lucian Freud, en el que queda patente "su peculiar relación con la carne humana".

En el apartado de naturalezas muertas, hay contraposiciones entre obras de autores como Heda, William M. Harnett, Paul Cézanne o Picasso, en las que se aprecia cómo un objeto cotidiano, desde un jarrón a una pipa de fumar, puede convertirse en signo del paso del tiempo o de la nada.

Las pinturas que se incluyen de Gustave Courbet, Patinir, Jan Brueghel, Koninck, Corot, Nolde, Max Ernst o Georgia O'Keefe hacen referencia al paisaje, unos lienzos en los que se funden "el mundo exterior y el interior".

La muestra acaba con varios paisajes urbanos, desde Canaletto o Marieschi, con Venecia omnipresente, el impresionista Pissarro, el ruso Kandinsky o el norteamericano Richard Estes, uno de los protagonistas principales del fotorrealismo.

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