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'Chupamandos' y el insulto fácil contra las jugadoras de videojuegos

Los estereotipos extremos sobre las chicas que juegan a videojuegos

Mónica Zas Marcos

“Buscamos chicas gamers de verdad. Nada de morder mandos”, escribían el martes en la web especializada en videojuegos Puregame. Todas las buenas intenciones para incluir a las mujeres en sus sesiones unboxing se esfumaron con esa última frase. Las redes no pasaron por alto el anuncio y la página rectificó añadiendo que han defendido “la igualdad desde el primer momento”. Esta expresión y su insulto derivado 'chupamandos' quizá resulte chocante para los foráneos, pero tiene mucho significado para las jugadoras de videojuegos.

“Es un concepto vejatorio basado en esas fotos de mujeres en poses sexies con mandos de consolas”, explican desde la página Todas Gamers a eldiario.es. Ellas fueron las primeras en alertar del patinazo de Puregame en su cuenta de Twitter, e insisten en que ocurre con una frecuencia cargante. Hace tiempo que los ataques y la discriminación no se confinan tras el anonimato, como hemos visto con el Gamergate y en las ligas internacionales de videojuegos. El problema es que este alarde público de sexismo consigue perpetuar los estereotipos femeninos y delimitar el espacio por géneros.

“Precisamente ese día (bendita casualidad), @MGNesp [una importante comunidad de jugadores] tuiteó la foto (ahora borrada) de una chica jugando a la consola en bragas y marcando culo”, recuerdan en Todas Gamers. La paradoja de esta sexualización, que después sirve como insulto, es que se trata de un cebo para los jugadores (hombres y heterosexuales) impulsado por las empresas. “Es raro que una gamer haga eso por voluntad propia. Suelen ser siempre imágenes promocionales o de los propios youtubers”, añaden.

El espectro para representar a las jugadoras en los medios y redes sociales carece de grises. “Los clichés van desde que eres una camionera lesbiana hasta que solo lo haces para llamar la atención de los jugadores y conseguir regalos”, dijo Marina Amores, periodista especializada, al presentar su documental de denuncia Mujeres+Videojuegos en una entrevista.

Esta obsesión por unificar a las mujeres bajo un mismo patrón no se corresponde con los números. Según las últimas estadísticas de la Asociación Española de Videojuegos, las jugadoras representan el 47% del sector en España y la mayoría afirma haber recibido al menos un comentario machista. “Porque parece que te metes donde no te llaman, por la incredulidad con la que te reciben algunos hombres o porque el sexo resulta un estorbo para defender tus méritos”, dicen las profesionales de la industria en el filme de Amores.

Las críticas más comunes golpean desde el escaparate de la red, pero también se repiten en el cara a cara. “Si haces cosplay, te votan en función de tu físico (aunque te hayas dejado la vida en prepararlo) y si llevas ropa de alguna saga de videojuegos, te harán un test completo para ver si solo eres una farsante”, cuentan en Todas Gamers sobre sus experiencias personales.

En medio de este entorno virulento sobresalen ciertas actitudes paternalistas y tratos de favor que irritan de igual forma a las jugadoras. “Ese mansplaining, el 'quita, que yo te explico', es también muy dañino”, dicen. Incluso advierten de que las iniciativas inclusivas de las páginas web con millones de seguidores a veces esconden otros propósitos. “Puregame llegó a reconocer en Twitter que lanzaron el anuncio porque les pidieron un perfil femenino solo para el vídeo”, resalta Marina Amores.

Las jugadoras blandengues

Las mujeres que se escondían detrás de un perfil neutro o un avatar masculino han empezado a manifestarse. Los porcentajes están de su parte y los reivindican para no ser tratadas como una minoría o un campo de investigación. Pero aún tienen muchos frentes abiertos.

En la escena del videojuego existen dos términos para dividir a sus integrantes: hardcore gamer y casual gamer. Los primeros pertenecen a la liga influyente por su destreza, la dificultad técnica y la temática de los juegos. Los otros serían jugadores casuales, que utilizan el móvil o la tablet durante menos tiempo y con aplicaciones gratuitas o de mero entretenimiento. Esta polarización, que debería aplicarse de forma homogénea, ha terminado convirtiéndose en otro baremo de género.

Por eso en algunas ligas de e-Sports se prohibía hasta hace poco la participación de mujeres. La Federación Internacional del deporte electrónico establecía unos juegos para cada sexo, como ocurre en el resto de disciplinas deportivas. Las jugadoras han necesitado años para organizarse en equipos femeninos, denunciar esta falta de presencia y conseguir algunos resultados.

Muerte al mito 'chica-gamer'

A diferencia de otros ámbitos como la música electrónica, la cruzada de las gamers es tan joven como el fenómeno cultural que protagonizan. Durante este tiempo han sido condenadas al ostracismo o mostradas como rara avis bajo titulares bochornosos. “¿Sinceramente? Deberían dejarnos hablar a nosotras de cómo es una chica gamer”, exigen en Todas Gamers, y afirman que esa fue la idea germen de su página web. En ella, más de una cuarentena de jugadoras reseñan los nuevos videojuegos, hablan de fenómenos culturales y, sobre todo, critican el machismo anquilosado dentro y fuera del monitor.

Poco a poco otras jugadoras fueron abriendo los ojos ante situaciones que el sector había normalizado. Paz Boris es periodista especializada en videojuegos y reconoce que el mismo concurso que lanzó su carrera tenía una premisa sexista. “Se llamaba Demuestra que eres una jugona. En su día no me di cuenta, pero juego a videojuegos igual que tengo otras aficiones que nadie me pide que demuestre”, dice convencida.

Boris y otras gamers españolas se inspiraron entonces en la crítica cultural Anita Sarkeesian para meter la cabeza en el debate con un mensaje satírico. Fundaron la revista digital True Gamer Girls en 2014, donde ellas mismas se reían de los estereotipos extremos de otras publicaciones pornográficas como Gamer Girls. “Si queremos que las cosas cambien, lo mejor es moverse en direcciones productivas y más sanas que el lanzamiento de mierda al ventilador de Internet”, escribe Eva Cid, colaboradora de Mondo Píxel, en el editorial del magazine.

Además de los documentales, Marina Amores también creó la plataforma de denuncia colaborativa A Fregar, un tumblr para dar visibilidad a esas reacciones tan repetidas en el sector online y que se pierden en la inmensidad de la red.

Su arrojo es cada vez más aplaudido en las redes y seguido por los medios de comunicación. Un paso imprescindible para poner sobre la palestra una campaña de odio que se reproduce tanto por insultos facilones como a través de amenazas de muerte. Sus protagonistas son muy conscientes de la tramoya que existe detrás de la pantalla de ordenador y los aires de modernidad. Ahora solo falta que el mundo también lo sea.

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