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“Naranjeando gratis total”: una historia de la ruina del campo en Castellón

Tomi Ramírez y Héctor Bonet posan en un huerto de naranjos en Burriana (Castellón) .

Belén Toledo

Castellón —

El cartel está corriendo desde hace unos días por las redes sociales. Una familia de Burriana invita a todo aquel que quiera acompañarlos a recoger las mandarinas de su finca. La razón es que no encuentran comprador. Los precios son tan bajos este año que ni siquiera es rentable recoger la fruta del árbol. “Preferimos no venderla por un precio ridículo, o por nada, y regalarlas”, explican Tomi Ramírez y Héctor Bonet, precursores de la iniciativa. Añaden que es una manera de evitar que la mandarina se quede en el árbol y pueda perjudicar la cosecha siguiente.

“¿Naranjeamos? I jornada de naranjeo” es el lema del anuncio que circula por la red de mensajería instantánea más usada, y que cita a los interesados para este domingo. Se explica que quien acuda a la convocatoria se quedará la fruta “totalmente gratis” porque “antes de malvender la naranja o dejar que se pudra en el árbol te invitamos a que nos acompañes en esta jornada”. Esta convocatoria, “reivindicativa y un poco lúdica”, según explica Tomi, es una de las desesperadas llamadas de atención que surgen de la agricultura castellonense.

La historia de este matrimonio se repite una y otra vez en la citricultura de la provincia. El padre de Héctor murió hace pocos meses y él, que trabaja en un sector ajeno a la agricultura, decidió seguir con el cultivo por razones sentimentales. Pero las pérdidas continuas le están llevando a plantearse el abandono.

El sindicato agrario Unió de Llauradors explica que quienes mantienen en funcionamiento los cultivos de cítricos son, en su mayoría, agricultores jubilados. Las fincas suelen ser pequeñas, de una media de 0,5 hectáreas. Cuando ellos mueren, sus herederos se encuentran con un terreno que a duras penas cubre sus propios costes de producción. “Mantener el campo nos cuesta 2.000 euros al año. Normalmente tenemos 1.500 euros de ingresos. Este año es todavía peor: la fruta se queda en el árbol y los ingresos son cero”, explica Héctor.

“El año que va mal, le va mal a mucha gente”

El problema de la falta de rentabilidad es general en la citricultura castellonense y se arrastra desde hace lustros. Esta campaña está siendo especialmente desastrosa: la clemenules, la variedad de mandarinas más cultivada en la provincia, se vendió entre octubre y diciembre a precios un 35% inferiores a los del año anterior, según la Unió. En diciembre, el precio rondó los 10 céntimos el kilo. Este precio está muy por debajo de los costes de producción, que según un estudio del Ministerio de Agricultura fechado en 2013, es de 18 céntimos para el agricultor, sin contar con la mano de obra de los recolectores.

La razón de estos bajos precios está en las lluvias de diciembre, que han provocado un exceso de humedad que ha malogrado un gran porcentaje de la fruta. Francisco Rodríguez Mulero, secretario autonómico de Agricultura, añade además otros factores: nerviosismo excesivo del agricultor por una falta de demanda de los almacenes que le ha hecho vender más barato, poco tamaño de la fruta y una campaña incierta en cuanto a precios.

Rodríguez Mulero reconoce que en el caso de la clemenules, la campaña ha sido “mala” y que esto ha tenido un gran impacto social en la provincia: “Hay que tener en cuenta que hay mucha clemenules, así que el año que va mal, le va mal a mucha gente”.

Naranjas sudafricanas fuera de temporada

Pero los citricultores señalan, además, a las naranjas sudafricanas. Tradicionalmente, la fecha tope para su importación ha sido el 15 de octubre. Pero en 2016 la Unión Europea amplió el plazo hasta el 31 de noviembre. “Se supone que con ese calendario no van a competir con las nuestras, pero se guardan en almacenes y se venden durante muchas semanas más”, explica Héctor, que cree que esa sobreabundancia provoca que los intermediarios tengan una posición de fuerza respecto a los productores.

Por su parte, la Unió afirma que todavía en enero, hay grandes superficies en España que ofrecen naranjas sudafricanas a precios de saldo. Citan al supermercado DIA, que el pasado martes todavía vendía lotes de naranja sudafricana a 50 céntimos el kilo.

Carles Peris, responsable de citricultura del sindicato, critica que “El Corte Inglés de Castellón vendía a finales de noviembre, en plena cosecha de Castellón, naranjas sudafricanas. Esto es legal, pero no es ético”.

La sangría del abandono de tierras

La consecuencia de este panorama es que el número de tierras que se abandona es cada vez mayor. Entre 2004 y 2014, según datos de AVA ASAJA, el cítrico fue el cultivo que más superficie perdió, con 24.552 hectáreas (-13,72%). Peris destaca que las consecuencias no solo las sufrirán los agricultores: “No es solo la rentabilidad de la fruta, son más cosas. Es el medio ambiente, es la fijación de la población rural, es el mantenimiento del paisaje de cara al turismo”.

Critica que las administraciones no ponen en marcha soluciones efectivas, como ayudar a que los jóvenes se incorporen como profesionales a la agricultura, o vigilar que no haya abusos de los intermediarios a los productores. “Parece que quieren dejar morir el modelo tradicional de pequeños agricultores para que al final manejen el mercado entre cuatro grandes operadores”, critica.

Héctor y Tomi tienen la misma protesta. En el cartel que han hecho rodar por redes sociales, lo explican con un lamento: “El campo valenciano está condenado a desaparecer”.

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