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El model de banca que volem: banca especulativa contra banca social

L'antiga seu de Bancaixa a la ciutat de València

La crisi financera iniciada l’estiu del 2007 ha provocat nombrosos canvis en l’estructura del sistema bancari europeu, condicionats sobretot per les mesures que des de les diferents institucions públiques s’han pres arran de la caiguda de nombroses entitats financeres. Ha transcorregut ja quasi una dècada des que es va produir la caiguda de Lehman Brothers el setembre del 2008, per la qual cosa pot ser un bon moment per a fer balanç sobre el que s’ha fet i també sobre el que no s’ha fet, especialment en uns moments d’alta incertesa política a Espanya a causa de la celebració d’unes segones eleccions generals i si serà possible que alguns dels quatre partits polítics amb més pes en el Parlament formen govern. No s’ha dit res en el debat econòmic de les eleccions del 26J sobre el model de banca que necessitem. S’ha parlat del rescat bancari, de la caiguda de les caixes d’estalvis arran de l’esclat de la bambolla immobiliària, de la gestió privada d’un banc nacionalitzat com Bankia, però cap partit polític ha explicat quin és el model de sistema bancari que propugna.

Tanmateix, això és clau per al futur de l’economia. El sistema bancari exerceix una funció cabdal en el desenvolupament econòmic i social d’un estat, pel fet que aporta una matèria primera bàsica per a escometre les inversions que es necessiten perquè es produïsca activitat econòmica i es genere ocupació: el finançament. Un finançament que ha minvat àmpliament després de l’esclat de la crisi, per les restriccions creditícies a què s’han abocat les entitats bancàries. A pesar de les mesures preses pel Banc Central Europeu BCE (baixada dels tipus d’interés, injeccions de capital, capitalització), els bancs han deixat de prestar diners a l’economia real, llastant la capacitat d’emprenedoria i, per tant, de crear llocs de treball nous. No es pot eixir de la crisi sense un sistema bancari bolcat a finançar els que produeixen i generen ocupació: els emprenedors, autònoms, microempreses i pimes.

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El modelo de banca que queremos: banca especulativa versus banca social

La antigua sede de Bancaja en la ciudad de Valencia

La crisis financiera iniciada en el verano de 2007 ha provocado numerosos cambios en la estructura del sistema bancario europeo, condicionados sobre todo por las medidas que desde las diferentes instituciones públicas se han venido tomando a raiz de la caida de numerosas entidades financieras. Ha trascurrido ya casi una década desde que se produjera la caida de Lehman Brothers en septiembre de 2008, por lo que puede ser un buen momento para hacer balance sobre lo hecho y también sobre lo no hecho, especialmente en unos momentos de alta incertidumbre política en España debido a la celebración de unas segundas elecciones generales y a si será posible que algunos de los cuatro partidos políticos con mayor peso en el parlamento formen gobierno. Nada se ha dicho en el debate económico de las elecciones del 26J sobre el modelo de banca que necesitamos. Se ha hablado del rescate bancario, de la caída de las cajas de ahorros tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, de la gestión privada de un banco nacionalizado como Bankia, pero ningún partido político ha explicado cuál es el modelo de sistema bancario que propugna.

Sin embargo, esto es clave para el futuro de la economía. El sistema bancario desempeña una función capital en el desarrollo económico y social de un Estado, por cuanto aporta una materia prima básica para acometer las inversiones que se necesitan para que se produzca actividad económica y se genere empleo: la financiación. Una financiación que se ha visto ampliamente mermada tras el estallido de la crisis, por las restricciones crediticias a las que se han abocado las entidades bancarias. A pesar de las medidas tomadas por el Banco Central Europeo BCE (bajada de los tipos de interés, inyecciones de capital, capitalización), los bancos han dejado de prestar dinero a la economía real, lastrando la capacidad de emprendimiento y, por ende, de crear nuevos puestos de trabajo. No se puede salir de la crisis sin un sistema bancario volcado en financiar a quienes producen y generan empleo: los emprendedores, autónomos, microempresas y PYMES.

La gran banca ha estado utilizando el dinero del BCE para comprar deuda de los Estados, dedicándose a la especulación a través de la realización de transacciones financieras internacionales y la participación en los paraísos fiscales, facilitando el fraude fiscal y el blanqueo de dinero. Los famosos papeles de Panamá han revelado que importantes bancos europeos, entre ellos algunos españoles de mayor dimensión, participan en la creación de sociedades offshore. También se han dedicado a manipular los índices de referencia de los tipos de interés de mercado, a imponer condiciones lesivas para los consumidores bancarios como las comisiones abusivas y las clausulas suelo de las hipotecas y a colocar títulos engañosos entre la población más vulnerable como las participaciones preferentes y las subordinadas. Estos son ejemplos claros que demuestran de la existencia de una banca que da la espalda a los ciudadanos y que ni la Unión Europea y sus instituciones ni sus Estados miembros, han tomado las medidas oportunas para regenerar el sistema bancario. Con razón, los bancos españoles son los que peor imagen tienen en toda Europa, tras los bancos irlandeses.

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Lucha social contra las reformas laborales que impone el mercado

Protesta de estudiantes y trabajadores contra la reforma laboral en Francia.

Las reformas laborales realizadas en España (2012)  e Italia (2014) como la que se quiere efectuar en Francia con el proyecto de Ley que se presentará  a la Asamblea Nacional,  el  próximo día  24,  tenemos que mencionar que no son tales, porque una reforma, por definición,  implica progresar y, sin embargo,  son  una regresión donde se eliminan  derechos de las personas trabajadoras. En concreto, son una estrategia económica marcada por la agenda neoliberal: mayor flexibilidad, reducción salarial, facilita los despidos económicos y  deslegitimación hacia los sindicatos dando prioridad a  los convenios de empresa frente a los de sector  y  regresión de los derechos de los trabajadores.

Lo que por desgracia parece bastante global es que las similitudes aumentan en la desigualdad entre unos que siempre ganan, y cada vez más, y los que al final de una manera u otra,  siguen luchando para no perder más. Una fractura cada vez más importante entre las “elites” y la sociedad lo que genera un deterioro  de la cohesión social.

La campaña orquestada por la patronal francesa,  a través de los medios de comunicación afines,  ha encontrado culpables: los excesivos salarios de los asalariados (en concreto los asalariados con bajos salarios) y el Derecho Laboral. Así, tratan de imponer al Estado sus propios postulados que consisten en que la única competitividad válida es la competitividad-precios y que la única manera de conseguir dicho objetivo es vía flexibilidad salarial y ocupacional.

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Sobre la función social de la vivienda. Retos de la nueva ley valenciana en el contexto europeo

¿Qué hacemos con las viviendas vacías? ¿Esta es la cuestión más urgente que trata de responder el anteproyecto de ley para la función social de la vivienda de la Comunidad Valenciana presentado por el Consell. Pero esta pregunta pertinente y urgente no nos debe ocultar otra pregunta importantr: ¿Cuál debe ser el alcance de las políticas públicas de vivienda?

Es bien conocido que el modelo residencial mediterráneo se ha basado en la propiedad –un 84% de la población– frente a un modelo con más peso del alquiler en el norte de Europa, donde la población alquilada puede superar el 50% en el caso de Alemania y los Países Bajos. Lógicamente distintos puntos de partida han generado debates diferentes en cada país europeo; mientras en los países donde hay más alquiler el debate se centra en las ayudas, en España se debate la necesidad de conservar, cuando menos, el usufructo temporal de la vivienda.

El debate sobre la vivienda en Europa siempre ha estado vinculado con las políticas sociales. La organización Semester Alliance  alertaba ya en 2014 que la crisis estaba afectando a la exclusión residencial con datos preocupantes: 25,7 millones de personas en la UE tenían graves carencias habitacionales y los gastos para vivienda de las personas en riesgo de pobreza representaban hace 2 años el 41% de sus ingresos, frente al 37% de 2005. Países como Suecia o los Países Bajos, que ya tienen un parque importante de vivienda en alquiler social, se debaten sobre la capacidad financiera de las cooperativas y las instituciones locales para abordar nuevos proyectos, y sobre sí hay que regular o no los precios del alquiler, en todo o en parte, de las viviendas.

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Sobre la funció social de l’habitatge. Reptes de la nova llei valenciana en el context europeu

Què fem amb els habitatges buits? Aquesta és la qüestió més urgent que tracta de respondre l’avantprojecte de llei per la funció social de l’habitatge de la Comunitat Valenciana presentat pel Consell. Però aquesta pregunta pertinent i urgent no ens ha d’ocultar una altra pregunta important: Quin ha de ser l’abast de les polítiques públiques d’habitatge?

És ben conegut que el model residencial mediterrani s’ha basat en la propietat –un 84% de la població– enfront d’un model amb més pes del lloguer al nord d’Europa, on la població llogada pot superar el 50% en el cas d’Alemanya i els Països Baixos. Lògicament distints punts de partida han generat debats diferents en cada país europeu; mentre als països on hi ha més lloguer el debat se centra en les ajudes, a Espanya es debat la necessitat de conservar, si més no, l’usdefruit temporal de l’habitatge.

El debat sobre l’habitatge a Europa sempre ha estat vinculat amb les polítiques socials. L’organització Semester Alliance  alertava ja el 2014 que la crisi estava afectant l’exclusió residencial amb dades preocupants: 25,7 milions de persones a la UE tenien greus carències habitacionals i les despeses per a habitatge de les persones en risc de pobresa representaven fa 2 anys el 41% dels seus ingressos, davant el 37% del 2005. Països com Suècia o els Països Baixos, que ja tenen un parc important d’habitatge en lloguer social, es debaten sobre la capacitat financera de les cooperatives i les institucions locals per a encetar nous projectes, i sobre si cal regular o no els preus del lloguer, en tot o en part, dels habitatges.

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Què cal fer amb el nostre teixit industrial?

Sempre que es vol explicar l’economia valenciana s’acostuma a plantejar el mateix dubte, “com és possible que indústries tan menudes hagen sobreviscut i, sobretot, hagen arribat tan lluny i a tants llocs?”. La veritat és que la resposta no està prou clara. Hi ha anàlisis reiteratives que adverteixen de la falta de productivitat, en general, de l’economia valenciana; de la incoherència d’uns gestors que només saben treballar i treballar, i poca cosa més; d’unes empreses que, més que empreses, en són parts o seccions d’altres; d’unitats productives que, per la dimensió que tenen, se les qualificaria d’incapaces i ineficients, empreses amb consells de direcció que, moltes vegades, són les reunions familiars dels caps de setmana. És a dir, l’economia valenciana se sustenta en un cúmul d’elements que van en contra d’allò que podria ser l’ortodòxia organitzativa empresarial i industrial. I el que és més curiós és que funciona. Una altra cosa ben diferent és si se’n pot, o no, millorar el funcionament (?), però és cert que això ha anat funcionant.

Per això passa que els resultats que haja pogut obtenir l’economia valenciana se sustenten en elements que, malgrat que són heterodoxos, també són perfectament raonables i comprensibles. Aquests elements tenen poc a veure amb els esquemes interpretatius clàssics que expliquen la dinàmica econòmica sobre la base de la inversió, del canvi tècnic, del coneixement científic orientat a la producció i de la gran factoria que fa disminuir els costos en la mesura que fa augmentar la producció –perquè en aquest supòsit l’empresa treballa sobre el principi de costos decreixents per l’escala –dimensió– a què arriba–; amb aquest supòsit, com més gran és i més produeix, més baix serà el cost del producte final. Per a l’economia valenciana, però, els canvis i les innovacions contínues tenen un altre protagonista molt diferent, la pime; una pime que troba estalvis i beneficis no dins de les parets en què treballa, sinó a l’exterior, en les relacions externes que l’empresari pot establir; una organització que funciona per la creació de pimes especialitzades i separades, que són fases d’una mateixa cadena de producció, i que posteriorment integrarà totes aquestes fases –totes aquestes petites empreses– fins a oferir el producte final; un món productiu que canvia de producte amb la mateixa celeritat que el mercat ho exigeix; i concep una organització que es flexibilitza i s’adapta a les condicions que suggereix la demanda.

Aquest concepte de pime especialitzada es va anar formant sobre la base d’activitats tradicionals (tèxtils, calçats, joguets, ceràmiques, estores, torrons, mobles, etc.), amb l’esforç de molt de treball, de molts immigrants que hi van arribar de tants llocs de fora de la Comunitat i acumulant experiències any rere any. D’aquesta manera, cal afirmar que, si per a entendre el creixement en la indústria clàssica de molts llocs són essencials el capital financer i la gran planta, en el cas valencià, és el treball i la petita dimensió de les plantes els elements que n’expliquen la fortalesa amb més precisió. Aquests elements són fonamentals: pimes i treball, perquè aquests, i no uns altres, són els punts sobre els quals cal pensar, no tant en què som, sinó concebre quin futur ens espera. I quin pot ser aquest futur?

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¿Qué hacer con nuestro tejido industrial?

Dos operarios colocan las baterías de la furgoneta eléctrica

Siempre que se pretende explicar la economía valenciana suele plantearse la misma duda, “¿cómo es posible que industrias tan pequeñas hayan sobrevivido y sobre todo hayan llegado tan lejos y a tantos sitios?”. La verdad es que la respuesta no está suficientemente clara. Son reiterativos los análisis que advierten de la falta de productividad en general de la economía valenciana, de la incoherencia de unos gestores que poco saben hacer más que trabajar y trabajar, de unas empresas que más que empresas son partes o secciones de otras, de unidades productivas que por su dimensión se les calificaría como de incapaces e ineficientes, empresas cuyos consejos de dirección gran parte de las veces son las reuniones familiares de los fines de semana. Esto es, la economía valenciana se sustenta en un cúmulo de elementos que van en contra de lo que podría ser la ortodoxia organizativa empresarial e industrial. Y lo curioso es que funciona. Otra cosa bien distinta es si pudiera o no mejorar su funcionamiento (¿?), pero lo cierto es que ello ha ido funcionando.

De esta forma ocurre que los resultados que haya podido tener la economía valenciana se sustentan en elementos que a pesar de su heterodoxia son perfectamente razonables y comprensibles. Estos elementos tienen poco que ver con los esquemas interpretativos clásicos que explican la dinámica económica sobre la base de la inversión, del cambio técnico, del conocimiento científico orientado a la producción y de la gran factoría que disminuye los costes en la medida que aumenta la producción −porque en este supuesto la empresa trabaja sobre el principio de costes decrecientes por la escala −dimensión− que alcanza−; bajo este supuesto, cuanto mayor se es y más se produce, menor va a ser el coste del producto final que se haga. Sin embargo, para la economía valenciana, los cambios y las innovaciones continuas tienen otro protagonista muy distinto como es la pyme; una pyme que encuentra ahorros y beneficios no en el interior de las paredes en que trabaja, sino en el exterior, en las relaciones externas que el empresario puede tener; una organización que funciona por la creación de pymes especializadas y separadas, que son fases de una misma cadena de producción, y que posteriormente integrará todas estas fases −todas esas pequeñas empresas− hasta ofrecer el producto final; un mundo productivo que cambia de producto con la celeridad que el mercado lo exige; y concibe una organización que se flexibiliza y se adapta a las condiciones que la demanda sugiere.

Este concepto de pyme especializada se fue conformando sobre la base de actividades tradicionales (textiles, calzados, juguetes, cerámicas, alfombras, turrones, muebles, etc.), con el esfuerzo de mucho trabajo, de muchos inmigrantes llegados de tantos lugares de fuera de la comunidad, y acumulando experiencias año tras año. De esta forma cabe afirmar que si para entender el crecimiento en la industria clásica de muchos lugares son esenciales el capital financiero y la gran planta, en el caso valenciano, es el trabajo y la pequeña dimensión de sus plantas los elementos que con mayor precisión explican su fortaleza. Estos elementos vienen a ser fundamentales: pymes y trabajo, porque son éstos, y no otros, sobre los que hay que pensar no tanto en lo que somos, sino concebir qué futuro nos aguarda. ¿Y cuál puede ser ese futuro?

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La UE, la cooperació reguladora i el TTIP: “ho anomenen democràcia i no ho és”

El 15 de maig de 2011 els carrers de nombroses ciutats espanyoles van començar a omplir-se de manifestants congregats sota el lema “Ho anomenen democràcia i no ho és”, un crit que es convertiria en màxima del moviment 15M i que qüestionava el funcionament democràtic de les institucions espanyoles, però que no va arribar a plantejar, en aquell moment, una crítica directa al funcionament de la Unió Europea.

Aconseguir elevar el retret a aquest segon nivell no era, ni és, gens fàcil. En l’imaginari d’una bona part de les majories socials d’aquest país, i a pesar de tot allò que ha esdevingut en els últims anys, la Unió Europea continua sent un club a què s’ha de pertànyer. Els anys de creació del mite de l’Europa de la pau, del progrés, la democràcia i de la modernitat han fet com a fruit la construcció i el calat d’un relat comú difícil de moure. A més, la narrativa de la UE com a espai de democràcia en confrontació amb la dictadura anterior ha estat alimentada per les institucions espanyoles i europees. Fins i tot hui, la propaganda institucional, de dubtós rigor històric (i estètic), llançada per a commemorar els 30 anys de pertinença de l’Estat espanyol a la UE, assenyala el següent “Darrere de la decisió d’Espanya de signar el Tractat d’Adhesió a les, llavors, Comunitats Europees s’endevinaven les ànsies d’un país per superar un passat autoritari”. Fins i tot és possible trobar entre les webs oficials dirigides a encoratjar l’europeisme entre la població espanyola, afirmacions com aquesta “Europa es reconstrueix i a Espanya la dictadura s’obri a un nou govern que decideix posar un peu a Europa. El 1962 Fernando María Castiella, ministre d’Afers Exteriors, envia una carta al president del Consell de la CEE en què sol·licita l’associació d’Espanya”, amb una interpretació ben curiosa de la nostra història.

A colp de propaganda i de fons estructural s’ha aconseguit que, encara a pesar de la Troica i de les seues polítiques d’austeritat, un 75% dels espanyols (onze punts més que entre el conjunt dels europeus) diu que se sent ciutadà de la UE, encara que no se sàpia de ciència certa què implica aquesta ciutadania. De fet, el 51% de les persones enquestades afirmen que no coneixen els drets derivats de la nostra pertinença en la UE i, com ja s’ha assenyalat en entrades anteriors d’aquest blog, el 73% afirmen que tenen un escàs o nul nivell d’informació sobre els afers europeus. Tal vegada per això, quan s’aprofundeix amb preguntes concretes, la majoria de les persones afirmen que no estan satisfetes del funcionament democràtic, ni a Espanya (el 60%) ni a la UE (el 52%).

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¿Es el nuestro un país para viejos?

La cuatro veces oscarizada película de los hermanos Coen No es país para viejos (2007), road movie ambientada en los años 80, no es exactamente una película sobre el envejecimiento aunque sí nos muestra a un lacónico sheriff a punto de jubilarse. No obstante, la película da juego para empezar esta reflexión. El título del film fue tomado por los Coen del primer verso de un poema de W.B. Yeats, Sailing to Byzantium. La composición es un lamento poético por la manera en que los jóvenes ignoran la sabiduría del pasado y la de los viejos. El titulo No country for old men, fue traducido en América Latina por Sin lugar para los débiles, quizás porque se consideró que igual daba decir “viejo”, que “débil” o “persona mayor”. Pero no es lo mismo; las palabras que se utilizan modifican las ideas que tenemos de las cosas y los estereotipos asociados a la vejez son, en su mayoría, negativos. Falta todavía trabajar mucho para reducir la imagen estereotipada de las personas mayores y visibilizar más su contribución social pasada y presente.

Cada vez va a ser mayor el grupo de personas mayores de 65 años. Conforme vayan llegando a la edad actual de jubilación las personas que nacieron durante el llamado baby boom español, va a ser indiscutible la necesidad de nuevos y diferentes recursos que permitan a las personas envejecer participando de la vida social y comunitaria como cualquier otro grupo de edad. Ni deben ni pueden ser marginadas ni invisibles. Todavía hay mucho por hacer para desterrar el edadismo -entendido como la actitud discriminatoria relacionada con la elevada edad- y la infantilización con la que muchas personas mayores son tratadas. Falta también implementar más modelos de cuidados centrados en el buen trato, el respeto y la dignidad de las personas mayores. Centrados en la Persona, así con mayúscula.

¿Es España un país para viejos? ¿Es Valencia una ciudad preparada para las necesidades de las personas en proceso de envejecimiento que cuente con ellos y fomente su participación como ciudadanos activos? La respuesta es que, a mi entender, es necesario definir mejor, conocer mejor las políticas de envejecimiento activo para mejorar ese proceso.

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És el nostre país un país per als vells?

La pel·lícula guardonada amb quatre Oscar dels germans Coen No Country for Old Men (2007), road movie ambientada en els anys 80, no és exactament una pel·lícula sobre l’envelliment, tot i que sí que ens mostra un xèrif lacònic a punt de jubilar-se. La pel·lícula, però, dóna joc per a començar aquesta reflexió. El títol del film el van prendre els Coen del primer vers d’un poema de W. B. Yeats, Sailing to Byzantium. La composició és un lament poètic per la manera com els joves ignoren la saviesa del passat i la dels vells. El títol No Country for Old Men va ser traduït a l’Amèrica Llatina per Sin lugar para los débiles, potser perquè es va considerar que tant era dir “vell” que “dèbil” o “persona gran”. Però no és el mateix, les paraules que s’utilitzen modifiquen les idees que tenim de les coses i els estereotips associats a la vellesa són, majoritàriament, negatius. Encara cal treballar molt per a reduir la imatge estereotipada de les persones grans i fer més visible la seua contribució social passada i present.

Com més va més gran serà el grup de persones de més de 65 anys. A mesura que vagen arribant a l’edat actual de jubilació les persones que van nàixer durant l’anomenat baby boom espanyol, serà indiscutible la necessitat de disposar de recursos nous i diferents que permeten a les persones envellir participant en la vida social i comunitària com qualsevol altre grup d’edat. Ni han de ser, ni poden ser, marginades ni invisibles. Encara queda molt per fer per a desterrar l’edatisme –entés com l’actitud discriminatòria relacionada amb l’edat avançada– i la infantilització amb què es tracta moltes persones grans. Cal també implementar més models de cures centrades en el bon tracte, el respecte i la dignitat de les persones grans. Centrades en la Persona; així, amb majúscula.

Espanya és un país per a vells? València és una ciutat preparada per a les necessitats de les persones en procés d’envelliment que els tinga en compte i fomente la seua participació com a ciutadans actius? La resposta és que, a parer meu, cal definir-ho millor, conéixer millor les polítiques d’envelliment actiu per a millorar aquest procés.

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