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El centralismo de Madrid y la falta de infraestructuras básicas agravan la crisis de Valencia

Un trabajo de la Universidad de Valencia urge a activar políticas a nivel metropolitano y megaregional para adaptar el territorio a la economía postcrisis

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Mapa del corredor mediterráneo.

El diseño centralista de España –casi todo se piensa, ejecuta y paga desde Madrid- y la falta de infraestructuras básicas  como el corredor mediterráneo o un AVE hasta Barcelona han agravado la crisis de Valencia, que necesita repensar su gestión territorial para competir en la economía global del siglo XXI. Esa es una de las tesis de un trabajo de Josep Vicent Boira, y Ramon Marrades, de la Universidad de Valencia, que apuestan por un nuevo modelo de gobierno territorial para sacar a la ciudad –y su área de influencia- del marasmo.

En su estudio ( Urban re-scaling: a post-crisis scenario for a Spanish city. Valencia and its megaregion) recuerdan que la crisis ha forzado una reorientación de la estructura productiva. Agotado el modelo especulativo asociado a la burbuja inmobiliaria y la apuesta por los grandes eventos o edificios (La Ciudad de las artes y las ciencias), muchas urbes apuestan por promover las actividades relacionadas con tecnología, el turismo y la innovación, por mencionar algunas.

Valencia debería ir en esa línea, pero teniendo en cuentas los cambios brutales que se han producido en el mundo: el mercado global parece irreversible, así como los cambios en el modelo productivo (el fin de muchos empleos por la irrupción de nuevas tecnologías). Por ello, Valencia necesita repensar su mapa territorial para que el área metropolitana sea un verdadero centro productivo.

Posición estratégica en un mundo sin fronteras

“No se trata tanto de crear nuevas estructuras burocráticas como de que las actuales fronteras administrativas se adapten a la economía, y no al revés”, dice Marrades. En esa línea, otra recomendación, ésta de carácter más global: Aprovechar la posición estratégica de Valencia en el Mediterráneo (puerto de gran actividad, conexión rápida con capitales como Madrid y Barcelona) para integrarla en el corazón de una megarregión mediterránea.

Ese doble objetivo no se conseguiría, según el trabajo, sin superar varias inercias: la rigidez administrativa del estado –“apenas hay colaboración entre comunidades autónomas o ayuntamientos”, según Marrades- y el papel de Madrid en España: “El refuerzo de la centralidad de Madrid provoca falta de inversión  y de herramientas de gobierno en los corredores económicos  y las megaregiones”.

Según Boira, doctor en geografía, y Marrades, economista urbano, Valencia está en un momento crucial. Ayudada por su originalidad (historia, territorio, identidad) podría navegar con éxito, con las medidas adecuadas, la ola de la globalización. La inacción, por el contrario, tendría su coste.

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