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El arte como fachada

José Juan Gimeno muestra en la 'Calle de los solsticios' de Imprevisual Galería su serie de ventanas como metáfora del límite entre lo privado y lo público

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La Calle de los Solsticios se puede contemplar en Imprevisual Galería

La Calle de los Solsticios se puede contemplar en Imprevisual Galería

El artista José Juan Gimeno toma las ventanas como motivo principal de sus exposiciones ofreciendo la visión más cotidiana de la ciudad. Imprevisual Galería acoge su último trabajo 'La calle de los solsticios', que se inaugura el viernes 18 de diciembre y se extiende hasta el 8 de febrero. En su ejercicio plástico presenta una mirada contemporánea e intemporal que transcurre entre lo público y lo privado.

Las ciudades sufren metamorfosis que conducen a un cambio de las funciones de la urbe. La obra del artista aborda e indaga en ese cambio holístico de la ciudad. La antropología urbana y las perspectivas del urbanismo son los elementos que le conducen a una interpretación plástica de la forma y los espacios de la metrópolis.

El trabajo de José Juan Gimeno es una práctica de observación que le permite configurar un discurso estético-antropológico sobre la vida social, hablando de los espacios privados y arquitectónicos. Con técnica mixta (acrílico, metacrilato, serigrafía, collage...) personifica fachadas y ventanas, exponiéndolas a una reflexión sobre su propia soledad y su convivencia con el tiempo. Esas fachadas miran directamente al espectador conduciéndolo hacia su propia introspección. La ciudad es el objetivo etnográfico: la pintura, su herramienta.

Como señala el comisario de la exposición, José Angel Caballero, "las horas de sol son la medida de nuestra perspectiva, construyen nuestro horizonte de lo posible. La sombra es, en consecuencia, una expresión melancólica por aquello que se nos escapa imaginar. Da cuenta la obra de José Juan Gimeno de esa tensión perceptiva: una metáfora de ventanas con claros y opacidades, de fachadas transitadas, habla de esa contienda cotidiana que aspira a la luz".

Así, continúa explicando el comisario, "el espectador se sumerge en un escenario delimitado por lo que alberga su mirada, por lo que intuye albergar. Con lo que la pintura se convierte en calle paseada, lugar de contemplación, de vivencia; en silencio, cuando la oscuridad comienza a romperse".

"Una obra cada vez más madura que no deja de conversar con el observador, de hacerse un hueco en su retina, de darle opciones a su búsqueda. Así sus cuadros se hacen lugar, espacio de llegada del paseante que anhela reconocerse en aquello que divisa", concluye García Caballero.

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