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La obrera de la fotografía Kati Horna

El Centre del Carme acoge la exposición 'Kati Horna. Guerra y Revolución (1936-1939)' con fotografías de quien documentó la retaguardia bélica

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Imagen 'Colectividad de arroz en Silla' de Kati Horna

Imagen 'Colectividad de arroz en Silla' de Kati Horna

El Centre del Carme acoge la exposición 'La mirada de Kati Horna. Guerra y Revolución (1936-1939)', comisariada por José María Oterino. Horna es sin duda una de las creadoras más inusuales y auténticas del siglo XX, “una obrera de la fotografía” como se definía ella misma. Feminista, solidaria y libertaria, la artista nacida en Budapest en 1912 y participante de las vanguardias de entreguerras, fue llamada a documentar y dar testimonio del trabajo transformador que estaban llevando adelante la CNT y la clase trabajadora durante la Guerra Civil.

La secretaria general del sindicato CGT-PV, Emilia Moreno, señaló que “a diferencia de otros fotógrafos, Kati Horna transmitió el trasfondo de las retaguardias” y  explicó que “en el momento actual es importante destacar uno de los bloques de la exposición que habla sobre los refugiados que fueron acogidos por hombres y mujeres de ciudades como Valencia en un ejemplo de generosidad”. "Si queremos cambiar el mundo y desarrollar el pensamiento crítico, esta exposición es una buena herramienta para llevarlo a cabo”, concluyó.

Oterino destacó por su parte “los fotomontajes que entroncan con el pasado de Kati Horna influenciada por el surrealismo, que recuperaría también en la última etapa de su vida. Estos fotomontajes permiten mostrar lo que la realidad no enseña”.

La Guerra Civil española fue la primera guerra profusamente registrada en los principales medios de comunicación de la época. La cobertura de esta guerra no tenía precedentes. La aparición de cámaras más rápidas, la Leica, pero también el deseo de un compromiso antifascista por parte de numerosos reporteros, hizo que periodistas y fotógrafos de todo el mundo vinieran a contar esta guerra. Brigadistas, intelectuales, artistas, escritores, poetas, fotógrafos. Y también mujeres. Pioneras como Gerda Taro, Tina Modotti y Kati Horna acudieron a la llamada antifascista.

Horna estuvo siempre en la retaguardia, no llegó a pisar el frente. Retrató con su Rolleiflex maravillosas imágenes de lo cotidiano, siempre con una mirada tierna hacia los niños, las mujeres y las víctimas de los bombardeos. Al contrario de los fotógrafos de la época (Capa, Centelles, Taro, Cartier-Bresson…) no le interesaba publicar en los grandes medios internacionales, sino poner su cámara al servicio de la CNT-FAI y del anarquismo.

Muchas de sus imágenes fueron publicadas en revistas como Libre studio, Tierra y libertad, Mujeres libres y Umbral. Parte de esa producción de Kati Horna, que sólo consiguió salvar 279 negativos al salir de España en 1939, ha sido reeditada ahora por el sindicato CGT. Según Oterino, “Kati Horna sólo concedió una entrevista en toda su vida, de manera que lo que sabemos de ella es casi leyenda. Se habla de una lata de hojalata en la que salvó los negativos”.

Tal y como explica la fotógrafa Eva Máñez, en uno de los textos de la exposición, “sus fotografías son muy diferentes a las de sus compañeros. No le interesa la muerte ni la crueldad, que nunca se muestran abiertamente, sino la dignidad de la población que resistía la guerra. Frente al espectáculo de los cuerpos desmembrados, la sangre y el campo de batalla, Horna plantea un espacio de reflexión sobre la guerra y sus consecuencias sobre los civiles”.

Pacifista y anarquista, su fotografía representa la memoria de lo cotidiano. De 1937 a 1939, esta “obrera de la fotografía”, amiga de Robert Capa y otros fotógrafos reconocidos, viajó por las provincias controladas por la República tomando imágenes de las gentes, los mercados, las calles, los escaparates de las tiendas, el desabastecimiento, las cartillas de racionamiento, los bombardeos sobre la población civil, los refugios antiaéreos, las iglesias transformadas en hospitales y almacenes, la acogida a los refugiados, etc.

En esa cotidianidad, explica Eva Máñez que está “siempre la presencia de las mujeres: las madres combativas, las milicianas, las niñas y las ancianas. El universo femenino exhaustivamente retratado, que a través de sus imágenes da un aliento de humanidad a tanta barbarie”.

En este sentido el director del Consoci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont, recordó “la importancia de hacer una relectura de género de nuestra historia construida sólo desde el punto de vista masculino. Para ello estamos trabajando en una convocatoria pública que dé vida a proyectos de investigación en torno a esa otra mirada, tan necesaria para comprender nuestra realidad”.

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