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El Copazo vuelve a la carga

Las vacaciones de Pascua de 2017 han venido acompañadas, junto a  las habituales declaraciones eufóricas de los responsables políticos autonómicos y locales sobre el atractivo turístico de la Comunitat Valenciana y el motor económico que ello supone, de datos interesantes. Se han publicado hace poco las tradicionales estadísticas sobre gasto por visitante y día en toda España, y los destinos valencianos siguen a la cola comparados con el resto de zonas turísticas.  Es más, mientras en regiones como Cataluña, Andalucía o Baleares el gasto diario se incrementa poco a poco, aumentando aún más el diferencial de que ya disfrutan respecto de Valencia, aquí sigue bajando. La consagración de nuestras localidades, costas e interior como destinos turísticos low-cost, a pesar del triunfalismo oficial, dista de ser una buena noticia. En cambio, sí sirve para ilustrarnos con nitidez sobre las características del modelo turístico que se ha ido consolidando por estos lares, con el total beneplácito y acuerdo de los poderes públicos y sin apenas voces críticas entre la población. Mientras  ciudades como Barcelona asisten ya a las primeras rebeliones cívicas contra la ocupación masiva de cada vez más espacios urbanos para beneficio exclusivo de los intereses de quienes hacen negocio con estas actividades a costa del bienestar de los demás y de las muchas molestias que generan, en Valencia  aún no hemos decidido cómo regular fenómenos como el alojamiento colaborativo ni se ha planteado con una mínima seriedad qué hacer frente a las ya muy evidentes  molestias derivadas de la “terracificación” masiva de las zonas peatonales de la ciudad (de nuevo, privatizando el espacio público para beneficio exclusivo de unos pocos).

Todo ello son elementos colaterales de un conflicto de intereses, el que opone a los pocos beneficiados por dedicar sin freno ni límites nuestra ciudad a que ellos extraigan beneficio con actividades de bajísimo valor añadido con el resto de ciudadanos, llamado a ser cada vez más grave y sobre el que urge una reflexión alejada de tópicos. Recordemos para ello, entre otras cosas, los numerosos estudios ( la Universitat de València tiene un equipo de profesores de gran prestigio en Europa, liderada por el prof. Pau Rausell, estudiando desde hace años estas cuestiones) que muestran de forma reiterada cómo el turismo no sólo no ayuda al desarrollo económico de calidad de las ciudades como Valencia sino que más bien lo dificulta, al ahuyentar otras actividades de mayor valor añadido. Y si el turismo es de tipo low-cost (forma educada de denominar al que de forma más sincera todos calificaríamos directamente de “basura”), estos perjuicios se multiplican, como ocurre en nuestra ciudad. El suicida empecinamiento en no ver esta realidad de nuestros responsables políticos, contra toda evidencia y a pesar de que la ciudadanía ya empieza a mostrar síntomas de descreímiento, ni siquiera parece flaquear tras dos décadas de apuesta más que fallida del modelo en toda la Comunitat Valenciana, con resultados desastrosos: cada vez somos más pobres en relación al resto de España y de la Unión Europea. No es para estar contentos.

Sin embargo, hay quien sí lo está. Y es que siempre llueve a gusto de alguien. El lobby del Copazo, que lleva campando a sus anchas por la ciudad desde hace al menos dos décadas, está encantado con esas calles peatonales invadidades por locales que ofrecen productos de ínfima calidad y atraen al tipo de turista que atraen. Disfruta para ello, además, de unas lamentables regulaciones en materia de control de la contaminación acústica, permisivas como en ningún otro país de Europa, que han convertido a la ciudad de Valencia en caso de estudio.  La impresentabilidad de nuestros controles ha hecho que las sentencias de tribunales españoles (tanto del Tribunal Supremo como del Tribunal Constitucional) y europeos (¡incluso del Tribunal Europeo de Derechos Humanos!) más representativas en materia de afección a derechos humanos derivadas de los ruidos excesivos consentidos a locales dedicados al ocio salvaje sean todas valencianas. No es éste, sin embargo, un asunto que parezca preocupar en exceso a la opinión publicada de la ciudad, pues se suele dar más bien escasa cuenta del fenómeno (los lobbies que saben hacer bien su trabajo son así de eficaces, una verdadera mafia de intereses entretejidos que siempre gana). Tampoco a nuestros responsables políticos. Responsables que, sin embargo, como hemos tenido ocasión de ver estos días, sí salen en tromba cuando, por ejemplo, se pretende normalizar la anómala tolerancia con el aparcamiento en los carriles-bus de la ciudad, práctica inédita en toda Europa y también autorizada a mayor gloria del Copazo... además de expresamente prohibida en toda España, y de forma taxativa, por la ley de tráfico y seguridad vial ( véase el clarisimo art. 40.2 de la ley al respecto). Una opinión pública como la valenciana, bien pacata a la hora de incumplir normas estatales, y con Administraciones también más prudentes que otra cosa al respecto, incluso si de lo que se trata es de desobedecer a Montoro con sus recotres, se tornan en verdaderas batasunas radikales dispuestas a ignorar cualquier ley a poco que los empresarios del sector del ocio lo pidan con un poquito de énfasis. Qué cosas, ¿eh?

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Kirkeby perdido en el río

El antiguo cauce del río Túria a su paso por Valencia

Al lado del Pont de les Arts, existe una escultura que todos habréis visto de reojo al pasear por el cauce del río, pero a la que apenas nadie ha prestado atención desde hace años. Se trata de una pieza firmada por Per Kirkeby, un artista de reconocido prestigio dentro de los circuitos legitimados (y legitimadores) del mundo de las artes plásticas. La obra es una construcción de ladrillo que, cuando se identifica como pieza artística, huele de lejos al tipo de esculturas que los primeros ayuntamientos progresistas sembraron profusamente por calles, plazas y jardines pasada la crisis con la que empezó nuestra democracia. Esas esculturas anunciaban que el progreso y la modernidad habían llegado por fin a España. Para que nos hagamos una mejor idea, no faltó un Kirkeby en la Expo '92.

Perdido en el paso del tiempo y sobre todo en el ritmo del parque en el que se ubicó, el Kirkeby nunca pudo imaginarse que quedaría manchado por la compañía de un transformador eléctrico, un bombo de basura, unas vallas, varios grafitis y un par de décadas de orines. Aunque eventualmente algún particular haya llamado la atención sobre la indecorosa situación de la pieza, parece que el momento de devolverle la honra se acerca, pues el IVAM ha anunciado que está interesado en rescatar la escultura del degradante trato que le da el Jardín del Turia para ponerla a cobijo en su futuro Pati Obert.

La entrada en juego del arte y la excelencia, la entrada en juego del museo, encienden un foco sobre la profanación del objeto y hacen que automáticamente se juzgue como un hecho indigno, sin circunloquios ni posibilidad de réplica. Esta vez sí, se alzan voces que celebran que al fin se enmienden años de ofensa y, muy metidas en el papel, aprovechan de paso para demandar una pedagogía que eleve la altura cultural y con ella el civismo de la gente.

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Agua de Valencia

El título del artículo no hace referencia al brebaje consumido por locales y (en mayor medida) por turistas en esta región. El artículo se refiere a la gestión del agua de la ciudad. El agua de lluvia, el agua en superficie, el agua de riego y del agua presente en el subsuelo.

Después del periodo de lluvias llega la amnesia. Olvidamos el agua. Las lluvias torrenciales nos sorprenden y nos llevamos las manos a la cabeza cuando los torrentes anegan calles y plazas urbanas de la ciudad. Una vez este periodo pasa, olvidamos sus consecuencias, y volvemos a la sequía, también, mental. Porque, ¿Estamos gestionando bien nuestras aguas de lluvia?

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Cómo preparar un camino escolar paso a paso

Desde el curso 2014-2015, formo parte del equipo coordinador del proyecto de caminos escolares  Pas a Pas del Ayuntamiento de Xàbia. El pasado 6 de marzo, la Conselleria de Vivienda, Obras Públicas y Vertebración del Territorio lo hizo ganador de la “I Edición de los Premios Vivienda, Movilidad y Urbanismo con Perspectiva de Género” de la Generalitat Valenciana, dentro de la categoría de ciudades de más de 20.000 habitantes. El reconocimiento nos sirve de excusa para compartir una serie de ideas que han ido dando forma al proyecto a lo largo de los últimos tres años. Creemos que pueden ser útiles para los municipios que, de forma cada vez más habitual, se plantean poner en marcha una iniciativa de caminos escolares.

En primer y más importante lugar, contrariamente a lo que suele pensarse, el objetivo principal de un proyecto de caminos escolares no es la seguridad sino la autonomía. Que niños y niñas puedan disfrutar de la ciudad por sí mismos. En las primeras fases de Pas a Pas, vimos que las propuestas para mejorar el espacio público se centraban en la protección frente al coche (instalación de badenes, bolardos, vallas frente a las puertas de los colegios, señalización vertical...). En aquel momento decidimos dejar de usar la expresión “rutas seguras” y el proyecto dio con un punto de inflexión fundamental. Al hablar de “rutas infantiles seguras”, de algún modo legitimábamos que el resto de la ciudad pudiese permitirse no ser segura para los más pequeños. Trazando itinerarios adecuados para ellos, les asignábamos un espacio específico y, por extensión, la ciudad más allá de esa línea les pertenecía un poco menos. Ésa era la trampa de la seguridad.

En relación directa con lo anterior, los caminos escolares no deben ser simples proyectos de movilidad casa-colegio, sino espacios de reflexión sobre el papel de la infancia en nuestras ciudades. En alguna ocasión hemos discutido de si eliminar el “caminos escolares” de la descripción de Pas a Pas. Si no lo hemos hecho ha sido porque la etiqueta ayuda a presentar el proyecto y porque la alusión a los colegios que incluye nos parece valiosa. Los colegios son las principales referencias de los niños en la ciudad y su principal espacio de socialización. Además de eso, los colegios tienen un potencial enorme desde el punto de vista de la política urbana y la participación. Otra cosa que intentamos hacer desde Pas a Pas es volverlos más permeables y activos de cara a lo que ocurre a su alrededor. Alrededor de los colegios se organiza una valiosa comunidad de actores: madres y padres, las AMPA, el profesorado, la policía local, el comercio cercano... Fomentar su implicación y la acción conjunta es otra tarea que los proyectos de caminos escolares deberían asumir.

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Ciutat i xarxes (i II)

Però passem a parlar d’un tercer nivell de xarxes de ciutats, a l’autonòmic (és a dir, de País). Quin paper haurien de jugar les nostres ciutats?. Deixaré de banda el 80% dels nostres 542 municipis que tenen menys de 20.000 habitants (el 71% amb menys de 5.000), incapaços en termes financers i recursos humans de fer front a les seues obligacions (i així ens ha lluït la cosa en el desenvolupament urbanístic). Ens n’hem de fixar en el 12% restant: els 50 entre 20 i 50 mil habitants i, especialment, en les 15 ciutats de més de 50 mil sobre les quals pivota l’estructuració del País. Si, perquè ni Castelló, ni València ni Alacant, miren més enllà del seu propi melic, i des de fa més de 30 anys que ningú dóna resposta als necessaris canvis en l’estructura administrativa i territorial valenciana.

La història ens ha portat a ser un poble insolidari i individualista. No és el moment de raonar-ho, però sense dubte, alguna cosa hi té a veure allò del sentiment de poble incomplet que deia Joan Fuster. Aquest individualisme insolidari també es manifesta als municipis. Raó té Josep V. Boira quan diu que avui és més difícil explicar el beneficis de la comarcalització que no abans. Pel camí de l’ajornament de les solucions anem perdent moltes oportunitats.

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Ciutat i xarxes (I)

Al territori, les ciutats, segons la seua grandària i la seua importància, juguen diferents lligues. És indubtable que Barcelona, Londres, París Frankfurt o Milà, per posar alguns exemples, juguen una lliga, si més no europea, que reclama una major col·laboració, competitiva és clar. És evident que mesures en matèries de seguretat, nivell dels impostos i taxes o d’implantació de restriccions al turisme, posem per cas, d’una d’aquestes ciutats, repercuteix directament en les altres. Hi ha veus, com la de Richard Sennet que reclama la constitució d’una xarxa europea de ciutats al marge dels estats, atès que aquests, després d’haver abandonat el món rural, han abandonat també les ciutats.

No soc dels que creuen en l’Europa de les ciutats, sinó en l’Europa dels territoris que són vertebrats per les ciutats, però això no lleva cap argument a la necessària cooperació entre les ciutats ni a la justa reclamació d’una major grau d’autonomia política i financera. Per cert, hauria de jugar València en aquests lliga europea?: indiscutiblement. Però hi juga?: en absolut.

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Parcs infantils dissenyats per catàleg

Encara que generalment els parem poca atenció i ens pot sorprendre saber-ho, els parcs infantils han sigut tradicionalment un vibrant camp de treball i estudi. Artistes, arquitectes, sociòlegs, educadors, urbanistes, activistes i una infinitat de perfils més, s'han dedicat fascinats al disseny d'espais de joc, conscients que es tracta d'una tasca ben seriosa. En enfrontar-la han reflexionat sobre el paper que assignem a la infància en la nostra societat. Aquest exercici no és gens senzill ni admet respostes úniques. Per això, la dels parcs infantils ha sigut una història oberta a diferents plantejaments, construïda per multitud d'experiències fins i tot divergents.

L'evolució dels espais de joc ha acostumat a moure's pendularment en la tensió de dos pols contraris: l'alliberament absolut que adquiria la infància en aqueix espai que li era entregat i la contenció de la seua activitat que imposava al mateix temps aqueix recinte màgic. En l'actualitat, la balança s'inclina per complet del costat del control i ho fa en nom de la seguretat. És així des dels anys vuitanta, moment en què la reflexió al voltant de les àrees de joc pareixia que s'estancava.

Ara bé, el que ha passat realment és que a la falta d'alternatives s'hi ha afegit un problema més preocupant, que és el blindatge aparentment irrompible de què s'ha envoltat el model actual. Aqueix blindatge apareix en el canvi de segle, amb l'arribada de les normatives de seguretat per a parcs infantils.

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Parques infantiles diseñados por catálogo

Un parque infantil en el antiguo cauce del Túria, en Valencia

Aunque generalmente les prestemos poca atención y nos pueda sorprender saberlo, los parques infantiles han sido tradicionalmente un vibrante campo de trabajo y estudio. Artistas, arquitectos, sociólogos, educadores, urbanistas, activistas y un sinfín de perfiles más, se entregaron fascinados al diseño de espacios de juego, conscientes de que se trataba de una tarea bien seria. Al enfrentarla reflexionaban sobre el papel que asignamos a la infancia en nuestra sociedad. Este ejercicio no es nada sencillo ni admite respuestas únicas. Por eso, la de los parques infantiles ha sido una historia abierta a diferentes planteamientos, construida por multitud de experiencias incluso divergentes.

La evolución de los espacios de juego ha acostumbrado a moverse pendularmente en la tensión de dos polos contrarios: la liberación absoluta que adquiría la infancia en ese espacio que le era entregado y la contención de su actividad que imponía al mismo tiempo ese recinto mágico. En la actualidad, la balanza se inclina por completo del lado del control y lo hace en nombre de la seguridad. Ocurre así desde los años ochenta, momento en que la reflexión alrededor de las áreas de juego pareció estancarse.

Ahora bien, lo que recientemente ha ocurrido es que a la falta de alternativas se ha unido un problema más preocupante, que es el blindaje aparentemente irrompible del que se ha rodeado el modelo actual. Ese blindaje aparece en el cambio de siglo, con la llegada de las normativas de seguridad para parques infantiles.

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La ciutat que menja

'De l'horta a la plaça', a la plaça de l'Ajuntament de València

Hi ha quelcom que no solem tenir present però que és definitori en la formació, l’evolució i el funcionament actual de les ciutats: el menjar. Així comença Hungry City¸ on Carolyn Steel analitza com el menjar dóna forma a les nostres ciutats –també ho fa en aquest recomanable TED–. De fet, tal com explica, el naixement de les mateixes ve de la mà del naixement de l’agricultura, la qual proporciona els recursos que permeten crear els primers assentaments estables.

Al seu llibre, l’autoanomenada food urbanist, analitza múltiples qüestions com l’evolució de l’origen dels productes i els quilòmetres que recorren per arribar a la taula; les condicions de treball dels qui els han produït i les condicions de vida dels mateixos animals; els litres d’aigua i petroli que han costat produir-los i transportar-los fins a la nostra ciutat; les diferències entre els aliments cuinats i processats, i els que es fan en les nostres cuines; entre comprar al supermercat i les grans superfícies, o al mercat i les botigues del barri; entre menjar tot sol o acompanyat; en deu minuts o en una hora i mitja; en un espai obert o tancat; en una terrassa privada o una plaça pública... És a dir, tot allò relacionat amb les polítiques urbanes alimentàries.

Doncs bé, la ciutat de València s’acaba d’estrenar com a Capital Mundial de l’Alimentació per a l’any 2017. I hauríem d’estar d’enhorabona. Durant dotze mesos tenim l’oportunitat de fer un sacseig a la relació que té València amb el menjar –en el seu sentit més ample–. Tenim l’oportunitat de parlar, no només de la nostra ciutat i el que l’envolta, o de la nostra cuina i els deliciosos plats que preparen els nostres millors cuiners, sinó d’ampliar el focus a tots els processos que sorgeixen quan posem ciutat i alimentació en relació.

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La Marina de València... i els poblats marítims

Los tinglados del puerto de Valencia con la fachada marítima detrás

Bo, ja tenim una idea prou precisa del que podem esperar de la Marina. El Dijous de la setmana passada es presentà a FITUR i el divendres a l’equip de govern de la ciutat la proposta estratègica 2017-2022. Un document senzill, seriós i il·lusionant que diu coses tan esperançadores com: “La Marina de València s’obri; cap a dins cap a la ciutat; i cap a for a cap a la Mediterrània i el món. La Marina de València és el punt de connexió entre la innovació i la història... La Marina de València és la palanca de transformació econòmica del cap-i-casal i la seua àrea metropolitana… haurà de redissenyar-se per ser accessible i connectar-se a la ciutat (que estarà de cara al mar) tot i reforçant els Poblats Marítims com a la nova centralitat de la ciutat…”.

Les dificultats de tota mena que s’albiren per a que el projecte arribe a bon port són certament esfereïdores. Caldrà maldar de valent per tal que aquesta nova visió s’instal·le en les ments i en les voluntats. Sort, molta sort. La relació de les coses a fer en el “recinte” de la Marina estan formulades blanc sobre negre en el document de referència. La qualitat i competència de l’equip gestor estan assegurades. Però, com diu el document, la nova centralitat a bastir demana una nova estratègia de regeneració del Poblats Marítims, des de l’Ermita de Vera fins a Pinedo i des de la Serradora fins a la mar. I aquí l’Ajuntament ha de jugar un paper d’avantguarda, sempre, és clar, amb la col·laboració d’altres institucions.

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