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A vueltas con el modelo Calatrava

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El Palau de les Arts, de Santiago Calatrava. EFE

Hace algunas semanas en este mismo blog se publicaba un artículo de Ximo Solano, La gran Catarsi sobre el papel y la función de la obra de Calatrava en la conformación de las características de la ciudad de Valencia. Como el estilo elegido era básicamente literario resulta complicado deducir cuál es la tesis principal del autor, pero esto es lo que tiene el conocimiento artístico, que sugiere más que afirma y que permite al lector una interpretación libre y por tanto podría sustentar tanto la tesis de Calatrava es bueno, como la contraria. Desde este espacio de libertad que nos da el arte, por tanto, yo estimo, aunque sin completa seguridad, que Ximo Solano defiende, con argumentos irónicos, que ya está bien de auto flagelarnos sobre la catástrofe calatraviana para mirar hacia adelante.

Si tratamos de aproximarnos a la misma tesis desde la perspectiva del conocimiento analítico resulta necesario en primer lugar definir el concepto que queremos valorar. Obviamente creemos que resulta interesante analizar el efecto del “modelo Calatrava” sobre el devenir socioeconómico urbano de Valencia. Y definimos el “modelo Calatrava” como la síntesis de aquella acciones más o menos ocurrenciales y adaptativas basada en grandes eventos y equipamientos (entre ellos algunos de Calatrava) que conformaron la política sobre la ciudad de Valencia desde finales del siglo pasado. Es relativamente injusto que el nombre se asocie con el arquitecto, ya que se trataría del “modelo RitaCamps”, pero reconozco que desde el punto de vista del efecto comunicativo resulta mucho más impactante hablar de “modelo Calatrava”.

Si queremos evaluar los resultados de dicho modelo, necesitamos compararlos con algunos otros ejemplos de políticas urbanas basadas en estrategias alrededor de la cultura y el conocimiento. Y aquí la literatura científica nos identifica dos casos paradigmáticos como Bilbao (modelo Guggenheim) y Barcelona (modelo 22@) que muchas veces son calificados como exitosos. El primero responde a un modelo reactivo de regeneración urbana a partir de la crisis industrial y que se apoya en el gran elemento tractor del museo de Frank O Ghery, mientras que el segundo puede calificarse de proyectivo en el ámbito de la nueva sociedad del conocimiento para escalar posiciones en las jerarquías urbanas para alcanzar el atributo de la ciudad global y que desde el punto de vista arquitect-icónico también podría ser identificado con la torre Agbar de Jean Nouvel.

Desde esta perspectiva dejen que les muestre algunos datos sintéticos que aparecen en un artículo firmado junto a Rafael Boix y Raül Abeledo de muy próxima publicación en la revista European Planning Studies

Valencia

Barcelona

Bilbao

empleos en sectores con intensidad alta de conocimiento

Tasa de crecimiento (%) 1999-2007

40.3

25.5

25.0

Tasa de crecimiento (%) 2007-2015

-14.5

0.0

1.0

Empleos en arte, cultura, entretenimiento y deporte (a)

Tasa de crecimiento (%) 1999-2007

58.2

33.0

31.9

Tasa de crecimiento (%) 2007-2015

-11.7

-22.5

-33.0

Turistas (número de vistantes)

Tasa de crecimiento (%) 1999-2007

82

51

39

Tasa de crecimiento (%) 2007-2015

3

25

26

desempleo

Tasa de desempleo en 2007 (b)

5.9

4.8

5.8

tasa de desempleo en 2015 (b)

12.7

8.5

12.8

tasa de crecimiento del desempleo (%)

2007-2015

71.6

55.7

72.1

(a): Código 92 of CNAE Rev.1 and códigos del 90 al 93 de CNAE Rev.2.1.

(b): Desempleo definido como la proporción entre desempleados / población residente entre 16 y 64 años. (Fuente: SEPE)

Frente al discurso más extendido, si nos fijamos en algunos indicadores relevantes el “modelo Calatrava”, aunque mostrara graves deficiencias en su gobernanza, gana por goleada a ambos modelos calificados como exitosos durante el período previo a la crisis. Así es capaz de generar mayor crecimiento en empleos de los sectores culturales y en las actividades intensivas en conocimiento y además provocó un notable mayor crecimiento de los turistas.

La cuestión es que dicho modelo, a partir de sus enormes costes de oportunidad, la escasa apropiación por parte de los agentes económicos, sociales y culturales y su insostenibilidad financiera produjo una quiebra notable de la resiliencia de la ciudad para afrontar la crisis. Y así el golpe de la misma produjo un efecto diferencialmente devastador, especialmente en los ocupados en sectores intensivos en conocimiento y en el flujo de turistas, aunque manteniendo mejor el embate en el sector del arte la cultura, el entretenimiento y el deporte, que reduce la ocupación en un 11% mientras Barcelona lo hacía en un 22% y Bilbao en un 33%.

Lo cierto es que tras 8 años de crisis la situación no es, comparativamente hablando, tan catastrófica y el modelo por exceso de capacidades y proyectos fallidos está generando unos nuevos usos no previstos más innovadores y ocurrentes que en otras ciudades. Sí, ya sé, con unos costes de oportunidad astronómicos, pero la historia no tiene vuelta atrás. Desde los huertos urbanos de Benimaclet en los agujeros de PAIs inconclusos, la ocupación de los bajos de la CAC por parte de la escuela de Berklee, los nuevos usos de La Marina de Valencia, la frenética actividad de Las Naves, o los festivales urbanos pueden entenderse como respuestas de una sorprendente plasticidad urbana que con relativa rapidez recicla, con capital humano heredero del modelo Calatrava, subproductos de aquellos grandes errores.

A ver si fuéramos capaces de transformar los “elefantes blancos” en “elefantes de carga”.

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